La nostalgia por Bochini

Crónica de la Peste

Por Cirilo de Pinto 
Lunes 27 de julio. Me levanto, prendo la computadora para ver las noticias con el primer mate de la mañana, ese que se saborea como ningún otro y en soledad. La única efeméride que se destaca es el cumpleaños del arquero (hoy librepensador) paraguayo José Luis Félix Chilavert.
¿Quién quiere a ´Chila´ en Argentina más allá de los hinchas de Vélez? Abundan los títulos por el coronavirus. No sé porque se destaca una nota que habla de los casos en la ciudad bonaerense de Zárate. Dice que pasaron los 350 enfermos.
Con la frescura de la mañana, siempre que hayas dormido bien, en otro rincón de la pantalla de mi notebook aparece la imagen inolvidable de Ricardo Enrique Bochini. Sí, ´el Bocha´. Curioso: en tres títulos apareció el fútbol, cuando esa efeméride nombraba a Chilavert. Después Zárate, justo la ciudad donde nació Bochini. Y por último el 27 de julio. Claro. Fue en esa fecha, pero de 1984, cuando Independiente ganó la séptima (y por ahora última) Copa Libertadores de América en Avellaneda, frente al Gremio de Porto Alegre. ¡Guau! Ya pasaron 36 años.
Esa noche estuve en el viejo estadio de la Doble Visera, y vi ese aburrido 0 a 0, que le alcanzó al Rojo para ser campeón. Claro. Porque en el partido de ida jugado en Porto Alegre, que no se televisó para el país, tuvimos que conformarnos con escucharlo por radio. Ganó Independiente 1 a 0. Los testigos aseguran que fue uno de las mejores demostraciones de fútbol que hizo ´el Bocha´ en su historia.
A esta altura, agradezco a la vida tener un amigo hincha de Independiente. Gracias a eso, y por acompañarlo tantas veces a la cancha, tuve la fortuna de presenciar al más grande jugador que en una después de Diego Maradona. Sí, qué grande que fuiste, sos y serás, querido ´Bocha´.
Bochini era de esos futbolistas que no solo querían y admiraban los simpatizantes de Independiente. Muchos, como yo, que queríamos a otras camisetas, íbamos a disfrutar de su fútbol de avanzada. Un 10 que iba siempre para adelante y que asistía a los centrodelanteros como pocos. En aquellos tiempos, que lo contratara Independiente era lo mejor que le podía pasar a un centrofoward. Uy, qué antiguo que estuve. Jóvenes, les explico. Centrofoward quiere decir centrodelantero o esos corpulentos y forzudos o escurridizos y habilidosos jugadores que solían lucir en su espalda el número 9.
´El Bocha´ era el rey de los pases, de las asistencias milimétricas. Su pie derecho era un taco de billar. No tenía pinta de crack. No lucía un físico atlético. Por el contrario, lo que más llamaba la atención a simple vista era su calvicie prematura, que fue avanzando al mismo tiempo que su trayectoria seguía sumando copas y campeonatos. En el campo de juego, cuando entraba en carrera siempre se le caía un largo mechón de pelo en su rostro. No era melena, dije un mechón largo de pelo que intentaba disimular el cuero cabelludo desnudo que se exponía al sol. No eran precisamente tiempos de implantes capilares. De haber existido las empresas que hacen esos tratamientos se hubiesen peleado para hacérselo gratis.
Me tocó ver la parte final de su carrera, pero no por eso, una etapa menos exitosa. Al contrario. Recuerdo los dos campeonatos nacionales que les ganó a Talleres (el de 1977, con un gol suyo definitivo en la Boutique) y a River Plate (el de 1978, con los dos tantos a Ubaldo Matildo Fillol).
No hay un emblema mayor de Independiente que Bochini. Sin embargo, de niño era hincha de San Lorenzo de Almagro. Por ello, cuentan, Bochini de jovencito fue a probar suerte al ´Ciclón´. Viajó desde Zárate un día de semana, y cuando llegó al Viejo Gasometro de avenida La Plata, alguien que lo atendió en la puerta de ingreso le dijo que no había pruebas ni entrenamiento ese día. Entonces Bochini no quiso desperdiciar el viaje y su impulso de jugar en un equipo, y probó fortuna en Avellaneda. Lo demás es historia conocida.
Independiente fue muy grande y ya era el ´Rey de Copas´ cuando la Selección Argentina no nos representaba, no ganaba grandes títulos y no contaba con el interés general que logró a partir de la dirección técnica de César Luis Menotti. Por eso todos ante de 1978, los futboleros estaban obligados a seguir las actuaciones del Rojo por América o Europa como si se tratara de un embajador que nos representaba en el exterior. Como bien suele cantar todavía su hinchada: “Será siempre Independiente, el orgullo nacional”.
Eran otros tiempos del fútbol. Cuando un jugador nacía y terminaba su carrera en un equipo. Desarrollaba toda su vida profesional en una institución, a la que sentía como un simpatizante más. O a lo sumo utilizaba un par de camisetas.
Hoy los futbolistas, si son buenos, juegan seis meses en primera y se van a Europa, sino no son tan buenos a México, Estados Unidos, Chile, Emiratos Árabes o un país futbolísticamente B de Europa. Y si sos menos buenos, terminan siendo trotamundos que juega en países de Asia, Centroamérica o algún otro punto de Latinoamérica. Hoy se van todos y quedan solo los de técnica discreta, los que no tienen representantes que les consiga una transferencia por algunos dólares, los que no quieren dejar el país, lo que regresan de sus mejores momentos en grandes ligas y pretenden terminar jugando con la camiseta de sus amores. Ojo. Hay otros que se van sin iquiera debutar, como Lio Messi.
Bochini fue una muestra de otro momento del fútbol. Hoy cualquier delantero rústico mete cinco goles en primera, le editan un buen video, lo suben a YouTube y lo cotizan en cientos de miles de dólares. ¿Se imaginan cuánto valdría el pase de Bochini en estos tiempos?
´El Bocha´ tenía el arco de enfrente en sus ojos, su carrera era directa hacia el área rival, detectaba inmediatamente a sus socios futbolísticos para asistirlos, y no perdía de vista al 9 de turno a quien buscaba para que convirtiera. Con él fueron goleadores tantos… Brailovsky, Morete, Outes…
Por Bochini, su fútbol y sus conquistas, Independiente era, junto a Boca y River, uno de los tres equipos más grandes, el resto estaba detrás, más allá de la historia y la popularidad de otras instituciones grandes.
Pero al Rojo ya no le queda Bochini, tampoco cuenta con dirigentes en serio, y termina siendo un club que en vez de transitar por un gran presente, es preferible recordarlo por sus momentos de grandeza en alguna vieja cinta.
La mala dirigencia en el fútbol también es una peste, como la pandemia que nos invade. La diferencia no mata gente, solo se encarga de corroer instituciones y terminar con viejas ilusiones y pasiones que dejan de sentirse.
Se te extraña ´Bocha´. No importa que yo no sea hincha de Independiente. El fútbol no es solo una cuestión de camisetas, cuando hablamos de la grandeza de tipos como él.
La revista El Grafico hizo una vez una consulta para definir los 50 mejores partidos que se jugaron en el fútbol local. Salió el de aquella noche de enero en barrio Jardín, el empate 2 a 2 con el que Independiente, con tres jugadores menos, se coronó ante Talleres. Ese día ´el Bocha´ cumplía 26 años y se regaló esa gran actuación y un campeonato más.
Luego de esa triste jornada para los ´Matadores´, en Córdoba comenzó a utilizarse una frase: “sos más peligroso que Independiente con 8 jugadores”. Tenía tres menos, pero esta Bochini. Así cualquiera.