Delasotismo, el tercer jugador de la sucesión PJ

El espacio, referenciado en Natalia de la Sota y Daniel Passerini, también juega por la sucesión. El vice intendente se muestra activo y recorre la capital. La legisladora tiende puentes con distintos sectores, pero manteniéndose equidistante de todos.

Por Felipe Osman

Si la premisa de que el Justicialismo cordobés ha creado dos líneas sucesorias, encabezadas por Martín Llaryora y Manuel Calvo, es aceptada, nadie debería olvidarse además -y a los fines de lograr una composición de lugar relativamente completa del PJ- del tercer espacio que existe entre estos dos primeros: el delasotismo.

Con sus máximos referentes en la legisladora provincial Natalia de la Sota y el vice intendente Daniel Passerini, el delasotismo se preocupa por mantener su identidad, mostrarse activo en el territorio y construir puentes con los otros espacios, aunque permaneciendo equidistante de ellos. Desde luego, empeñar demasiado temprano la palabra con alguno sería un grueso error para quien puede esperar y decidir sobre un panorama más inmediato y claro en el futuro.

Mientras tanto, desde la vice Intendencia, Passerini se multiplica para estar presente en todas las seccionales. El ex ministro de Desarrollo Social de José Manuel de la Sota encabeza campañas de vacunación en barrios carenciados de la ciudad, participa de actividades organizadas por directores de los distintos CPC, recorre las seccionales junto a funcionarios de la Secretaría de Participación Ciudadana, se suma a las iniciativas de los ediles de su bloque (tanto de los propios como de los concejales viguistas y llaryoristas) y articula desde la Presidencia del Legislativo Municipal la coordinación del cuerpo para que las iniciativas enviadas por el oficialismo lleguen a buen puerto. Hiperactivo, su presencia es bien reconocida por los dirigentes delasotistas de la capital.

Natalia de la Sota, desde su banca, cultiva buenas relaciones con el también legislador Juan Manuel Cid, persona de suma confianza del intendente, pero también goza de la pleitesía del vice gobernador, presidente de la Unicameral.

La heredera del apellido más recordado del peronismo cordobés también tendió líneas con el presidente Alberto Fernández durante la campaña presidencial, aunque no terminó aterrizando en el gabinete nacional. Hay quienes aseguran que, antes que a Gabriela Estévez, la delegación cordobesa de Anses le fue a ella ofrecida, aunque la propuesta fue declinada.

Tal vez le supo a poco. Lo cierto es que nadie podrá decir que el delasotismo no jugó por el regreso del peronismo a la Casa Rosada. Y aún si esto no representara un beneficio directo sí le depara uno mediato: el espacio marcó diferencias con el schiarettismo, mostró una identidad propia, y mantiene así -al menos- buena parte de su capital político sin que éste se disuelva en Hacemos por Córdoba. Por el otro lado, no integrar las filas del Frente de Todos también encierra un beneficio: no haber contradicho la máxima del cordobesismo acuñado por su padre.

Sin embargo, la presencia de Natalia de la Sota en el territorio parece insuficiente a muchos dirigentes delasotistas de la capital que esperan ver más a la heredera del ex gobernador en las seccionales. No dudan de que el espacio tiene futuro, pero no comprenden el modo en que la legisladora se propone conducirlo.

Al otro lado, esta ausencia parcial tiene una buena explicación: una presencia sostenida en el territorio expone a un desgaste innecesario, ya que habrá demandas que no podrán ser satisfechas desde una banca legislativa. La razón luce suficiente, lo que se desconoce es si fue o no explicada a los dirigentes.