Llaryora: gestión y política tras pacificar a los sindicatos

Aunque no es una tarea concluida, desde la gestión entienden que el primer capítulo en el reordenamiento del frente gremial ha concluido, y ahora deben poner las energías en otros asuntos. Micro-obras, revalorización de espacios públicos y perspectivas políticas.

Por Felipe Osman

La gestión de Martín Llaryora al frente del Palacio 6 de Julio arrancó, después algunos meses de reconocimiento, con la difícil tarea de reacomodar un frente gremial que ha aquejado al municipio por décadas. Ahora, después de firmar un acuerdo con la UTA que -desde luego- no estará exento de zozobras hasta que exista una reestructuración integral del sistema o se logre ampliar sustancialmente el esquema de subsidios que aportan las distintas jurisdicciones, buscará dar una vuelta de página y avocarse a nuevos propósitos.

Atrás quedarían meses de tensiones que le valieron a la ciudad desembarazarse de parte del costo salarial que ha lastrado a todas las gestiones que sucedieron a la de Ramón Bautista Mestre, y que Luis Juez supo exacerbar hasta llegar al paroxismo de que el Suoem se llevara más del 70 por ciento de los recursos del municipio. Quienes después llegaron al Palacio Municipal no supieron desactivar el dispositivo que él plantó. Ahora el PJ parece haberlo logrado. Cuanto menos, parcialmente.

También, en la columna del haber, Llaryora puede contar la paz lograda con el Surrbac, un sindicato gravemente herido por el complejo presente judicial de sus líderes, que ha decidido pactar con el peronismo, y que hoy presta toda su colaboración al COyS (ex Esop) para realizar tareas que otrora debían ser financiadas por la ciudad con mayores recursos.

La UTA, de momento, ha sido el sindicato que más cerca ha quedado de salir indemne de la crisis sanitaria, pero el acuerdo suscripto entra cada uno de los actores implicados en el sistema de transporte no puede ser interpretado sino como una tregua, una paz provisoria que no se sostendrá sin cambios estructurales en el sistema, de momento, aplazados.
Pero aún con esa significativa carta de presentación, el intendente se ve ahora en una situación no menos compleja: debe mostrar gestión en medio de una crisis en la que impera la incertidumbre y escasean como nunca los recursos.

Para hacerlo, el Palacio 6 de Julio ha decidido concentrarse en desarrollo de un plan de micro obras en las catorce seccionales de Córdoba, que implicarán principalmente bacheo y colocación de luminarias, y diversas acciones de revalorización de espacios públicos. De hecho, en los últimos días, el intendente se ha mostrado en distintas ocasiones junto al secretario de Desarrollo Urbano, Daniel Rey, y el secretario de Gestión Ambiental y Sostenibilidad, Jorge Folloni. Éste último lleva adelante un importante programa de limpieza de micro y macro basurales, otra de las iniciativas que el municipio busca destacar.

Ahora bien, más allá de las acciones de gobierno con las que el intendente espera mostrar una gestión activa, quienes lo rodean siempre se hacen un tiempo para pensar en política, y en ese terreno hacen distintas reflexiones.

La primera de ellas es sobre la importancia de erigir al jefe comunal como una figura nacional.

Su círculo destaca que Llaryora es, entre los intendentes peronistas, el que gobierna la ciudad más grande en todo el país, y esa es una vidriera importante no sólo puertas adentro de la Provincia, sino un activo político que, bien gestionado, puede conceder grandes rendimientos.

Es, en buena medida, lo que ya se vio durante los primeros compases del conflicto con la UTA. Entonces, Llaryora decidió liderar un grupo de intendentes para llevar un reclamo de mayor federalismo a las puertas mismas de la Casa Rosada.

Cierto es que el reclamo no se llevó hasta las últimas consecuencias. Hacerlo habría sido probablemente una torpeza. No sólo porque podría haberle granjeado la expresa enemistad de Balcarce 50, sino -y más aún- porque habría interferido seriamente en la relación entre Juan Schiaretti y Alberto Fernández, relación que debe manejarse con la precisión y delicadeza que demanda un verdadero trabajo de relojería. “Lo suficientemente cercano como para que entibie, lo suficientemente alejado como para que no queme”. Pero, más allá de esto, la “compadrada” si tuvo el efecto de llevar las miradas de todo el país hacia un intendente peronista del interior que interpretó, por algunas horas, su propia versión del cordobesismo.

La segunda reflexión que en su entorno muchos comparten es el hecho de ver en el éxito/fracaso que los referentes de la Cámpora cosechen fuera de la provincia de Buenos Aires un termómetro para inferir cuál será el papel que, en los próximos años, tocará al peronismo no kirchnerista y, fundamentalmente, al peronismo no kirchnerista del interior,
Desde sus inicios, la Cámpora jamás encontró tierra fértil afuera del Conurbano Bonaerense. Saber si el espacio logrará finalmente romper esas fronteras o, por el contrario, permanecerá como un fenómeno endógeno de Buenos Aires será determinante para las nuevas generaciones del PJ en el interior. Sobre todo si, como se espera, el presidente necesita del justicialismo no kirchnerista del interior para afrontar la pos pandemia.