Córdoba por un fotógrafo aficionado, 1914 (Segunda Parte)

Como un turista bien moderno, Henry Stephens visitó las ciudades y provincias argentinas y sacó muchas fotografías, que luego publicaría en su libro “Illustrated Descriptive Argentina”, en 1917. Seleccionamos algunas de la ciudad de Córdoba.

Por Víctor Ramés
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Henry Stephens fue un viajero a quien la cámara fotográfica le sirvió como respaldo de sus anotaciones y su memoria. A un gesto bien moderno como el suyo, de 1914, se puede remontar el cliché de los turistas con sus cámaras Kodak que se multiplicarían en los años sesenta. Un gesto, desde luego, creado por la tecnología. Stephens sostuvo una relación particular con Sudamérica y en particular con la Argentina. De sus viajes al Río de la Plata y al interior argentino han quedado no solo textos escritos por él, sino gran cantidad de tomas fotográficas que eran las de un aficionado, aunque con mucha voluntad de mostrar lo que veía, algo que hoy solo nos cabe agradecer. Dirigió su cámara a los edificios y lugares públicos (hoteles, bancos, residencias, estaciones, teatros, sedes de gobiernos, industrias, paseos) y también hizo tomas en la campaña, a estancias, tareas rurales, apuntes pintorescos y paisajes naturales. Fotografió las iglesias y monumentos, los puentes, las calles y a algunos de sus habitantes tomados casualmente, así como algún retrato circunstancial. Puede aparecer un signo de “fotoperiodismo”, como cuando registra un puente roto en el Parque Sarmiento de Córdoba. La ciudad y algunos pueblos de la provincia de Córdoba se contaron entre los motivos que fueron atrapados por la lente de este rico hacendado maderero norteamericano que viajaba por placer, antes de regresar a Detroit a dedicarse por completo a fortalecer la industria que sostenía la fortuna familiar.

Las fotografías que seleccionamos para esta reseña fueron publicadas en 1917 en el libro Illustrated Descriptive Argentina, donde Stephens incluyó unas 460 imágenes de la República Argentina, de las cuales 50 corresponden a su registro de Córdoba. El valor de sus fotos es enorme por su carácter documental, con la inestimable colaboración del paso del tiempo que ha convertido aquellas miradas congeladas en el valioso testimonio de la urbe. Algunas cosas se veían tan sólidas y, sin embargo, diríamos con Marx que “se desvanecieron en el aire”, como es el caso del bello edificio del Banco de la Nación Argentina en la esquina de Independencia y San Jerónimo, frente a la plaza San Martín.