La Uta, en zugzwang, apuesta contra el sistema de emergencia

El sindicato no puede ganar, pero tampoco negociar los términos de una rendición ventajosa. La apuesta: boicotear el arranque de un sistema de emergencia para el transporte que debutará entre algodones para volverse indispensable y retomar la negociación.

Por Felipe Osman

En ajedrez, el término “zugzwang” define la situación de un jugador que debiendo mover sólo puede realizar movimientos que empeoran su situación en el tablero.
No muy distante de aquella es la situación en la que se encuentra la Uta. Por su inestable presente interno (la conducción traviesa profundos cuestionamientos de las bases) no puede aceptar la propuesta que el Ejecutivo le ofreció una semana atrás: mantenimiento de todos los puestos -durante una crisis que muchos califican como terminal para el sistema actual- a cambio de una reducción del 12 por ciento de los salarios mientras dure la pandemia. Hacerlo dejaría un flanco expuesto a los disidentes dentro del sindicato que, seguramente, sacarían ventaja cuestionando una supuesta entrega de los derechos de los compañeros, sin reparar en que la crisis que atraviesa el sistema de transporte es calificada por muchos como “definitiva”.
A la vez, no aceptar el ofrecimiento implica (prácticamente) justificar al Palacio 6 de Julio a buscar diseñar un sistema alternativo para garantizar, al menos, un servicio mínimo, y crear todo un andamiaje jurídico para hacerlo sin la participación de la Uta.
Ante esta encrucijada, el sindicato apuesta todas sus fichas a boicotear el debut del sistema alternativo, con la intención de demostrar que no hay un servicio posible sin un acuerdo previo con la Uta. En resumen, demostrar que -por las buenas o por las malas- el sindicato es indispensable.
Es una jugada de riesgo. El Ejecutivo viene de encausar dos frentes gremiales muy complejos. El primero, con el Surrbac, “por las buenas”, el segundo, con el Suoem, “por las malas”. Valdría preguntarse cuál de los dos cosechó mejores resultados. Hágase o no esta consideración, otra es ineludible: el peronismo está fortalecido por dos victorias; la Uta, en cambio, atraviesa serios problemas internos y no parece dirigir bien su reclamo; el municipio ha visto caer estrepitosamente sus recursos, una situación de hecho le impide ceder más de lo ofrecido.
Hoy el sindicato prometió “sitiar” la ciudad. Y seguramente pueda hacerlo. El asunto es: ¿Por cuánto tiempo? El conflicto del transporte lleva casi tres semanas y lejos de ceder el Ejecutivo piensa en avanzar, ¿Cuánto tiempo puede la Uta sostener el reclamo y que parte de la demanda podrá absorber el sistema de emergencia que debuta hoy? Esas serán, seguramente, las variables que definan el devenir del conflicto.

Plan de contingencia

Mediante un acuerdo con Apejetap similar al ofrecido a Uta, la Tamse sacará a circular medio centenar de trolebuses en los tres corredores que administra con recorridos extendidos. Se apunta a absorber una significativa parte de la demanda actual –mermada por la pandemia- y analizar la posibilidad de ampliar el esquema a futuro.