El guardarropa de Marcelo

Por estos días, las promos de El Trece (El Doce en Córdoba) hacen mención a quiénes serían los participantes y quiénes los integrantes del jurado del inminente “Cantando por un sueño”, una de las tantas fórmulas que ha experimentado Tinelli en las últimas tres décadas para salir del paso.

Por J.C. Maraddón

Desde que Marcelo Tinelli empezó a conducir su propio espacio televisivo, hace algo más de treinta años, lo que ha caracterizado su perfil de trabajo ha sido la insuperable capacidad que ha demostrado para adaptarse a los más diversos formatos y para mutar de acuerdo a las circunstancias. Así como el secreto de otros astros de la TV ha sido el apego por una fórmula que se repite de manera indefinida, en Tinelli lo único permanente ha sido el cambio: menos su propia presencia, todo lo demás puede variar, siempre que así lo exija el rating o la situación que atraviesa el país.

Vale la pena recordar, ahora que es presidente de San Lorenzo y aspirante a ocupar posiciones de poder en la AFA, que sus inicios se forjaron en torno al periodismo deportivo y que su remanida frase “pum para arriba” proviene de ese pasado que ya ha quedado diluido en la niebla del olvido. De relatar y comentar pasó a conducir un ciclo en el horario del trasnoche, rodeado de columnistas que aportaban información sobre diversas disciplinas. En ese primigenio “Videomatch” se fue delineando un estilo que con el tiempo se transformó en una marca registrada de alta cotización.

Para no aburrir a los televidentes, Tinelli adoptó allí ese tono jocoso que todavía mantiene y apeló al recurso de reproducir bloopers y cámaras ocultas (algunas de ellas grabadas en Córdoba), como un aditamento simpático que evitara que el público optase por irse a dormir. Sin duda, el truco fue efectivo porque la audiencia empezó a crecer y, ante ese fenómeno insospechado, Telefé lo puso al frente de un show dominical donde se probó la eficacia de este muchacho simpático que cautivaba a la familia. Con “Ritmo de la noche”, la joven promesa sacó chapa de estrella de la tele: todos querían estar en la vidriera de su programa.

A partir de ese éxito, ha pasado por varios canales, se ha transformado en productor de sus propios contenidos y ha llegado incluso a tener aspiraciones políticas. Pero, sobre todo, ha buscado las mil y una formas de sostener su vigencia, a través de certámenes de talentos, sketches humorísticos, parodias de la política, reality shows y cualquier otra idea que encajara en el lugar y en el momento que él considerase adecuado. Y cuando “Bailando por un sueño” se consagró como un suceso, no dudó en generar aparte otros contenidos que se basaban en ese concurso.

La pandemia ha resultado para él, al igual que para todos nosotros, un desafío inesperado. Y desde marzo hasta julio se ha especulado mucho acerca de cuál sería su respuesta frente a las restricciones laborales que impone el aislamiento social. Intentó reflotar el “Bailando…”, pero chocó contra los protocolos que le hacían imposible llevarlo adelante. Y después se esparció la noticia de que volvería a recurrir al humor, una veta a la que siempre echó mano cuando el devenir de los acontecimientos lo desorientaba. Incluso, hasta se llegó a decir que se tomaría un año sabático.

Por estos días, las promos de El Trece (El Doce en Córdoba) anuncian ya el inminente lanzamiento de “Cantando por un sueño” y hacen mención a quiénes serían los participantes y quiénes los integrantes del jurado. La ventaja de contar con más de tres décadas en pantalla le permite abrir el ropero de los recuerdos y extraer de allí alguna de las tantas propuestas que puso al aire durante todo este tiempo. Como aquellos afortunados que tienen un muy bien provisto guardarropa y que, de acuerdo a la temperatura, encuentran allí la prenda que consideran más pertinente para salir a la calle.