El descontrol de la noche y los riesgos en la pandemia

El paso atrás de fase en “zonas blancas” como Río Cuarto es atribuido al abuso de los encuentros que cada vez tenían menos de familiares y más de clandestinos. En la madrugada del domingo, sectores de la ciudad parecían una romería. La Municipalidad clausuró cuatro “fiestas clandestinas” pero aseguran que hubo al menos una decena. La sospecha que el negocio de la droga alimenta los eventos que desafían tanto a las autoridades políticas y a las fuerzas policiales.

Por Guillermo Geremía
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“Siempre las prohibiciones llevaron a la clandestinidad, esta es un situación especial, muy compleja, pero evidentemente la clandestinidad va a estar a la orden del día”, expresó Hector Wegner, el más convocante empresario de la noche que tiene Río Cuarto. Aludía a lo sucedido durante el fin de semana con la reproducción de todo tipo de eventos por fuera de las normativas establecidas por las condiciones de excepcionalidad de la pandemia. Sin boliches y pubs con posibilidad de baile habilitados y sin lugares de eventos especiales, han ganado espacio las “reuniones familiares” o, como lo denuncian los bolicheros, las denominadas “fiestas clandestinas”.

La noche riocuartense viene siendo desde hace años un dolor de cabeza para las autoridades municipales. Los cambios permanentes a la ordenanza de espectáculos nocturnos para franquear la posibilidad de que los menores de 18 años tengan donde ir a divertirse ha sido motivo de idas y venidas permanentes. Ahora se ve superada por una situación aún más grave. “En la madrugada del domingo había gente circulando por la ciudad como si los boliches estuvieran abiertos”, se sorprendió un empresario de la diversión que hace desde marzo no puede abrir su lugar de eventos.

“El viernes detectamos una en un lugar y el resto fueron el día sábado en distintos barrios de la ciudad. Fueron en calle Sarmiento al 1200, en el camino viejo a Córdoba y otra pasando la zona del autódromo. No me consta que se cobrara el ingreso pero no eran fiestas familiares. Eran grupos de personas con música alta, gente que se estaba divirtiendo pero hay que apelar a la responsabilidad de cada uno de poder cumplir con las disposiciones”, describió Ricardo Rojas, subsecretario de Gobierno de la Municipalidad de Río Cuarto. De los cuatro operativos realizados quedó solamente detenida una persona.

Los dueños del negocio de la noche vienen advirtiendo hace rato sobre el crecimiento de las actividades por fuera de la ordenanza municipal. Ahora quienes hacen esos eventos burlan las disposiciones de los COE regional y central. “Ya se vienen generando desde hace tiempo, lo que pasa es que cada vez se animan a más y se van produciendo reuniones que evidentemente no son encuentros de amigos, ya son eventos donde se cobran entrada, se venden bebidas y van proliferando. Estamos muy próximos a celebrar el día del amigo así que me imagino esto va a ser aún peor”, aseguró Wegner a Alfil Río Cuarto. Por eso la Municipalidad recibió como un alivio la determinación del COE impidiendo por 21 días el desarrollo de encuentros familiares en otro horario que no sea los domingos de 11 a 23 hs.

El desafío de los hombres de Llamosas dedicados a controlar las actividades nocturnas será evitar que el próximo fin de semana los lucradores de una noche sin diversión dejen al desnudo la incapacidad del Estado para evitar la proliferación de reuniones prohibidas. Apelan al temor a la sanción judicial como amenaza para detener tanto a organizadores como participantes. “Se le tomó declaración a cada uno de los integrantes de dichas fiestas a fines de que esto ya está en vía judicial. El fiscal seguro los imputará por incumplimiento de la cuarentena. El máximo de uno de los lugares de la fiesta fue más de 50 personas, en otro había más de 30 y en otro 30”, expresó Rojas. Sorprende que habiendo tantos incumplidores a ninguno les haya caído con rigor el peso de la ley.

“Yo creo que si no se producen las sanciones rigurosas no lo van a frenar, con todos los riesgos que eso implica”, afirma Wegner. Los organizadores de eventos de diversión ya se están mentalizando en considerar al 2020 como un año perdido mientras ven como los clandestinos del negocio de la noche siguen lucrando en la pandemia. Acusan a inspectores y la policía de ir solamente a controlar un porcentaje menor de las “fiestas” organizadas. Aseguran que el fin de semana que pasó hubo una decena de eventos dentro del Gran Río Cuarto.

Desde el jueves empezaron los encuentros. Uno se registró en la calle Chile y la policía llegó pero le dijeron que en el interior eran 15 personas y había más de 60. En ese lugar no se cobraba entrada pero cada asistente debía llevar algo para tomar. Otro se produjo en la calle Lamadrid en donde se cobraba entrada y se vendían bebidas. Otro se repite todos los fines de semana en una quinta de la zona sur cerca del centro de acopio de un supermercado. También hubo “eventos especiales” en calles Laguna Blanca, Uruguay, Buteler y camino al Tropezón. Y hasta una fiesta electrónica que se cobraban $ 1.000 de entrada y estaba la consumición incluida. En un “instale” fue golpeada una chica que al caerse se abrió el labio y ella misma subió las imágenes a sus redes sociales. Se llama “instale” a un cumpleaños donde llega cada vez más gente, por la cantidad derivó en un descontrol y terminó con agresiones entre los participantes.

Los empresarios legalmente establecidos descreen que haya alguna protección especial para los organizadores de estos eventos pero no pueden descartar que la desidia sea el motivo de su proliferación. Aseguran que la Municipalidad está desbordada por la cantidad de fiestas y los pocos inspectores que tiene. La policía a su vez no detiene a muchas personas porque no tienen lugar donde alojarlos. No tienen pruebas pero tampoco dudas que en estos lugares pasan otras cosas.

Alfil: ¿En las fiestas hay sólo diversión y alcohol o algo más?

Wegner: “Hoy por hoy hay siempre un poco de algo más. En estas fiestas privadas clandestinas no existe ningún tipo de control así que eso es muy probable. No te lo puedo certificar concretamente pero es muy probable que así sea, que haya alcohol y más cosas”.

Sobrevuela la idea de que ese “algo más” sea el verdadero sostén económico de los encuentros que tras el primer mes de cuarentena estricta empezaron a proliferar con la flexibilización. El Bureau de Río Cuarto que reúne a las diferentes actividades que concurren a la realización de los eventos que promueven al perfil turístico o de visita a la ciudad, ha reclamado la colaboración de la gente para que denuncie a las “fiestas clandestinas” y publicaron en sus redes las líneas telefónicas para hacerlo. “Sin sanciones rigurosas no vamos a llegar a ningún lado”, asegura Wegner.

El control de la noche es tan sensible que el EDECOM (Ente Descentralizado de Control Municipal) no tiene bajo su órbita las inspecciones. Hace algunos años dependen directamente de la Secretaria de Gobierno. El Estado local se enfrenta a un callejón sin salida. Se manifiesta impotente para desarticular la clandestinidad que prospera inducida por la prohibición pero a la vez no puede poner regulaciones en una actividad que está expresamente impedida por las restricciones de la crisis sanitaria. La oscuridad de la noche es un ámbito de difícil amarre para las autoridades. Demasiadas tentaciones desafían hasta los sanitarios riesgos de la pandemia. Así son las cosas.