“Viejo es el viento y todavía sopla”, le dijo Durán al Covid-19

Crónica de la Peste

Por Cirilo de Pinto

Panamá tiene dos referencias ineludibles que la identifican en cualquier parte del mundo. Una de ellas es el canal. Ese paso único entre los dos océanos que fue motivo de grandes disputas a nivel internacional, incluida una larga invasión de los Estados Unidos al istmo. La otra es Roberto Durán. Sí, ´Mano de Piedra´, para muchos aficionados y también especialistas el mejor boxeador latino de todos los tiempos.

La vida y el periodismo me llevó varias veces hacia Durán. Cuando muchos preguntan cómo es él, qué significa su figura para su país, es fácil describirlo: Durán es para los panameños lo que Maradona es para los argentinos, pero más simpático. Camina por la calle sin credenciales ni protocolo. La gente lo identifica y lo saluda o le pide una foto ya sea en su ciudad, Las Vegas, Medellín o Buenos Aires. Es universal, como el canal, por eso son las dos marcas de Panamá.
Durán ama a la Argentina. Visitó muchas veces visitó nuestro país y hasta hizo una de sus últimas peles en Mar del Plata con Jorge ´Locomotora´ Castro. Hay un cariño mutuo con Maradona, aunque una vez nos dijo con cierto enojo: “Yo lo quiero mucho a Diego, pero él viene a Panamá y no nos vemos…”. En una entrevista que nos concedió remarcó: “Ponga bien claro que yo quiero mucho a Argentina, pese a todo lo que me pasó allí”. Ocurre que Durán tuvo un manager argentino durante muchos años, Luis Spada, a quien se le ocurrió traerlo al país, más precisamente al gimnasio del Luna Park, para prepararse antes de una pelea mundialista. Se concentró aquí para el pleito en el que se consagró campeón mundial superwelter frente a Davey Moore, el 16 de junio de 1983, en el Madison de Nueva York.
Muchos lo daban por acabado luego de perder la corona ante Sugar Ray Leonard en la revancha. Argentina lo cobijó y él nunca se olvidó de eso. Por aquellos tiempos algunos ya lo criticaban diciendo que estaba viejo. Y él contestaba con una frase que siempre le gustó usar: “Viejos es el viento y todavía sopla”.
En Argentina también sufrió un fuerte accidente de tránsito, afectándole uno de sus pulmones. Y como si esto fuera poco, tras haber ingresado Durán al Hall de la Fama del boxeo, el Gobierno de Panamá levantó una estatua suya en su ciudad. ¿A qué no saben en qué lugar la colocaron? En una avenida muy transitada y coqueta, la Vía Argentina. Hasta en eso nos une con el gran ´Mano de Piedra´.
Siempre recuerda su paso por La Boca, por el mítico Viejo Almacén, recordado reducto tanguero porteño, y porque aquí “hay buen champan y cuesta cinco veces más barato que en Panamá”, contó con una sonrisa. Además, le encanta burlarse de los porteños y su tonada, remarcando la “ye” y la “re” en cada frase.
Hace dos semanas, Durán hizo encender las luces de alerta. Cables noticiosos provenientes de Centroamérica indicaban que había dado positivo su prueba de Covid-19. Eso terminó con el viejo guerrero internado en una clínica hasta desembarcar en la terapia intensiva. Pero, así como resurgió de duras batallas sobre el ring, también superó esta peste que sorprendió al mundo con la guardia baja y que hasta se atrevió con Durán.
Quizá su mayor momento de grandeza fue ganarle a Leonard, quitándole el invicto y la corona welter. Y el punto de mayor flaqueza, cuando se recorre su brillante historial, fue la revancha, aquella vez en la que dominaba Leonard y Durán de la nada se dio vuelta y abandonó. Una vez, en una charla que mantuvimos en un casino de Panamá, recordó ese momento del cual nunca quiere hablar: “Hay cosas que pasaron que no las puedo contar… Mi familia estuvo conmigo en la primera pelea con Leonard, pero fui a la segunda sin mi familia y llevé a otras personas a pasear cuando debí llevar a mi familia, Dios me castigo por eso. Yo soy creyente, en la segunda pelea Dios me castigó, además tenía un problema en la espalda, me olvidé de gente que tenía que estar conmigo y me rodeé de gente que no debía estar conmigo. Fue tan dura esa derrota que no salía ni a la calle. Yo no podía hacer nada. Hermano, cuando te pegan los dolores aquí (se señala a la altura del ombligo) el aire no te pasa hermano. Si yo hubiese puesto la presión, si yo hubiese puesto las condiciones necesarias, Leonard se hubiese caído en tres, cuatro, cinco asaltos. Ese día hasta armaron el ring para beneficiar a Leonard, sin acolchado”.
Siente mucho orgullo cuando recuerda el cariño que le dispensan grandes figuras del boxeo mundial. Por ejemplo, cuando Mike Tyson dice que empezó a boxear por Durán. Nos confió una historia con ´Iron Mike´: “Yo fui a ver a Mike Tyson a Atlantic City cuando peleo con Michael Spinks. Me llevo Don King unos boletos, lo fui a ver al vestuario antes de la pelea, me atendió el entrenador y me dijo, cuando te vea se va a volver loco. Tyson no podía creer que yo estuviera ahí, me recibió pegando un grito de alegría y estuvimos hablando media hora”. Luego de la rápida victoria de Tyson, terminaron la noche tomando champan. Años más tarde, Durán lo fue a visitar a la cárcel.
El pasado 16 de junio cumplió 69 años, y la vida le regaló pocos días después el coronavirus. ´El Cholo´, como lo llaman en su país debajo del ring, superó la peste, como otros tantos embates de la vida.
Una tarde de verano, en un taxi en la ciudad de Panamá, el conductor me tiró una frase simple, pero que pinta de cuerpo entero a Durán: “El Cholo no se olvida de sus orígenes y todos los sábados regresa a El Chorrillo, el lugar donde nació”.