Postpandemia: hasta ahora sólo declaraciones voluntariosas

Otra vez en la Argentina se vuelve a hablar del Estado como motor de la salida de la crisis, desconociendo que no tiene ni ingresos ni capacidad de gestión para serlo. Los funcionarios plantean a la obra pública de baja escala como ingrediente clave. Los privados siguen dudando de cuál es el plan que viene.

Por Gabriela Origlia

La Argentina atraviesa momentos complejos desde el punto de vista sanitario –por el pico de casos de Covid-19 que atraviesa el Amba- y desde lo económico financiero. Mientras se espera que el acuerdo con los acreedores por la deuda se cierre en base a una propuesta más pragmática y alejada de la original que cosechó fuertes rechazos, hay funcionarios nacionales que empiezan a plantear algunos aspectos de lo que será la pospandemia.

“Tenemos un plan para recuperar la economía cuando superemos la pandemia”, dice el presidente Alberto Fernández sin dar especificaciones pero tratando de generar expectativas positivas para el día después. La semana pasada cerró con la Rosada renovando el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para todo el país (había advertido que sólo lo dejaría para las zonas en fase 1 de la cuarentena) y girando $10.000 millones de ATN para reforzar al sector público de las provincias. Aun donde hay más actividades habilitadas, la economía no reacciona.

El impacto de la pandemia y la cuarentena, ya se sabe, son muy fuertes. Entre marzo y mayo se perdieron 285.990 puestos de trabajo y se dieron de baja 18.500 empresas como “empleadores”. Según los números del Sistema integrado Previsional Argentino (SIPA) en mayo se registró una pérdida de 195.000 puestos de trabajo respecto de abril pasado. Y si se compara contra mayo de 2019 la pérdida llegó a 410.200. Se pasó de 6.462.100 empleados registrados a 6.051.900. Así, el coronavirus profundizó un proceso de deterioro económico que la Argentina arrastra desde hace más de dos años.

Frente a este panorama desde el Gobierno nacional insisten en que la salida será de la mano de una política “neokeynesiana” (intervención estatal), con inversión y estímulos del Estado que buscará actuar como motor de la economía. Más allá de que es lo que está pasando en todo el mundo, hay que enfatizar que en la Argentina la capacidad del Estado para ser motor está colapsada. No tiene con qué. Necesita de los privados para que la actividad despegue y para que esa participación exista debe haber un programa que genere confianza.

La vicejefa de Gabiente, Cecilia Todesca, reveló que uno de los componentes de ese plan post pandemia será la obra pública de pequeña escala con insumos nacionales. “El gran dinamizador que tiene como herramienta el sector público es la obra pública “.

Por su lado, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, lanzó las Mesas Regionales para el Desarrollo Productivo Federal y convocó a las provincias a pensar cómo instrumentar los cinco ejes productivos a futuro.

También allí presentó el “decálogo” de consenso que deberían tratarse superado el coronavirus en el marco de un acuerdo social y económico: exportar más; ningún sector productivo sobra: todos son importantes; mercado interno versus mercado externo es una falsa antinomia; no hay futuro sin políticas productivas; ninguna política productiva será sustentable si no piensa la dimensión ambiental; una macroeconomía estable ayuda al desarrollo productivo; si no mejoramos la productividad, no bajaremos ni la pobreza ni la desigualdad; una buena política productiva debe reducir las brechas de género; la apertura comercial no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que debe ser utilizada de manera inteligente y toda política de desarrollo productivo debe ser una política de desarrollo. Nada que no se haya dicho repetidas veces en la historia argentina, sin detalles del cómo.