Efecto Gill: cuarentena dirigencial y temor al AMBA

En la Provincia le bajan la espuma a la trama político-judicial y afirman que todos los funcionarios que viajan y regresan tienen que hacer cuarentena. Para evitar erradicación de Buenos Aires, cierre de rutas.

Con un ojo en los números del Covid 19 en la provincia y otro en las encuestas que puntualmente espera, el gobierno de Córdoba diseña los pasos a seguir en la pandemia del coronavirus con tanto celo como en la relación con la Nación. Hace unas semanas, los sondeos indagaron a la opinión pública sobre Vicentin y la expropiación de la cerealera. Por estos días, el Panal pregunta a los cordobeses por la opción entre salud y economía, ante las medidas restrictivas que impone la emergencia y en la actual crisis económica. E insiste, obsesivamente, con la valoración de Juan Schiaretti al frente de la gestión pandémica.

Por eso, frente a un Martin Gill, el intendente de Villa María en uso de licencia y actual viceministro de Obras Públicas de la Nación, convertido en el primer político cordobés con Covid 19, se expusieron cuestiones políticas y epidemiológicas.

Más allá de la interna peronista con Eduardo Accastello que quedó sobre el tapete, y de la llamativa agilidad informativa de la Fiscalía General donde cohabitan un schiarettista como José Gómez Demmel y un delasotista como Héctor David, el diagnóstico de Gill trajo a colación el tema de la cuarentena de los funcionarios y legisladores que viajan a Buenos Aires por gestión. En el COE, desde el ministro de Salud Diego Cardozo para abajo, salieron a decir que “sin excepción” tienen que hacer cuarentena de 14 días al regresar, algo incumplible cuando los funcionarios están afectados a servicios o funciones esenciales. Cerca del Gill, ironizan: hasta Cardozo debería estar de cuarentena por su contacto con pacientes Covid, dicen.

En tren de bajar la espuma política, fuentes de El Panal resaltan la autolimitación de Schiaretti para moverse fuera de Córdoba. “Hace cuánto que Schiaretti no viaja a Buenos Aires para evitar la cuarentena”, ejemplificó un dirigente cercano al mandatario, en una frase que, tal vez, indique que el cordobés se sacaría la foto con Alberto Fernández si no hubiera pandemia.

Además de evitar responder sobre la cuestión política-judicial transversal al affaire Gill, en El Panal aíslan al gobernador del escandalete. “Se despegó de la denuncia”, aseguran fuentes nacionales, aunque los fiscales generales gozan de la confianza del Poder Ejecutivo.

“Lo que molestó fue la falta de criterio (de Gill); si estás fuera y venís haciéndote hisopados, no vengas a Córdoba, aunque sea el cumpleaños de tu madre”, dijo una fuente del Centro Cívico. Para equiparar, aseguró que el mismo reclamo se le hizo al diputado Mario Negri. “Se lo hicimos saber a Negri, que anda por todos los medios de Buenos Aires”, aseguró. Cerca del legislador jefe del interbloque Juntos por el Cambio aseguraron que está en cuarentena tras su último regreso a la ciudad.

En rigor, sacando la comidilla política el contagio de Gill movilizó los temores que vienen de Buenos Aires, potenciados tras la advertencia del ministro de Salud de esa provincia, Daniel Gollan, sobre la capacidad del Amba para irradiar Covid 19 a Córdoba y Santa Fe. Hasta anoche en el COE no se hablaba oficialmente de “cerrar” la Provincia y sus rutas de acceso, pero muchos dirigentes admiten que es casi un hecho.

A diferencia del puntano Alberto Rodríguez Saa, quien hizo oficial el aislamiento territorial de San Luis, en Córdoba no se blanqueará, pero el control es estricto. No casualmente el vicegobernador Manuel Calvo y Cardozo, las dos caras fuertes del COE, se mostraron hace algunos días desde los confines del departamento San Justo, en el control vehicular del cruce de las rutas 9 y 158, con móviles de televisión para toda la provincia. “Freno de mano: está frenado, pero no parado”, graficó una fuente.