Ser alguien

Sentada al piano en la casa costera de unos amigos, la protagonista de la película cordobesa “Azul el mar” arremete con un abordaje instrumental de la canción “Ella también”, de Luis Alberto Spinetta. Y, casi al pasar, su versión de ese tema señala un elemento clave del relato.

Por J.C. Maraddón

Apenas 23 años tenía Luis Alberto Spinetta cuando publicó “Artaud”, el disco firmado por Pescado Rabioso que suele figurar al tope de las preferencias cada vez que se repite alguna encuesta acerca de cuál es el mejor álbum de la historia del rock nacional. Es increíble que gran parte de las canciones con las que el público identifica a su obra, provenga de ese breve periodo que se inicia en su adolescencia y que posee matices compositivos cuya riqueza es muy difícil de asimilar a un artista tan precoz. Y no solo es trascendente lo que publicó en esos años, sino también lo que iba a salir a la luz tiempo después.
“Barro tal vez”, por ejemplo, es una de sus piezas mejor conceptuadas, dentro de un aire folklórico en el que costaría mucho volver a encontrar su voz. Con 13 años, Spinetta fue capaz de elaborar un tema que recién iba ser grabado casi dos décadas después, en 1982, como parte del álbum “Kamikaze”. Allí, el ya treintañero cantante iba a recuperar ese hallazgo infantil y lo iba a inmortalizar en una versión exquisita, sobre la que iba a basarse Mercedes Sosa para interpretarla a dúo con su autor en el disco “Cantora”.
“Kamikaze” es un auténtico milagro creativo, porque conjuga canciones de distintos periodos de la carrera de Spinetta que no habían tenido su registro en estudio, y las amalgama de tal forma que bien podría considerarse a ese álbum como conceptual. Varios de esos tracks nacieron de la inspiración temprana del músico, como “Ella también”, que corresponde a un proyecto que iba ser encarado por Almendra y que quedó trunco por la disolución de ese, que fue el primer grupo del Flaco. Más de diez años permanecería guardada esa joya, hasta que se la incluyera en “Kamikaze”.
Si bien la había ejecutado en vivo previamente (era parte del repertorio inicial de Jade), escucharla en ese disco fue la confirmación de que se trataba de una gema extraordinaria, donde la poesía spinettiana hacía cumbre. Sobre una visión ideal de la mujer amada, a la que le dedica versos conmovedores, Spinetta había logrado a los 20 años transmitir imágenes líricas inusitadas: “Ella es tan clara que ya no es ninguna”, “de dónde vienen quienes al nacer/ llueven y llueven y en ella se juntan”, “yo me recuesto y ella en el final/ viene a dormirme movida de estrellas”.
Sin duda, varias de esas figuras literarias pueden serle adjudicadas al personaje protagónico de “Azul el mar”, una película de la cordobesa Sabrina Moreno que ha sido estrenada y está disponible en la plataforma Cine.ar desde el 2 de julio. Menos idealizada y más terrenal, Lola atraviesa por una situación límite que, allá por los años noventa en que se escenifica la historia, todavía era habitual entre las mujeres agobiadas por las responsabilidades hogareñas, que veían frustradas sus ambiciones personales. Un veraneo en familia en Mar del Plata será el detonante de una crisis que parece haber salido de su cauce.
Sentada al piano en la casa costera de unos amigos, Lola arremete con un abordaje instrumental de “Ella también” y, casi al pasar, señala un elemento clave del relato. “Tan clara que ya no es ninguna”, esa madre de cuatro cuyo marido le impone límites en su carrera profesional, expresa en su angustia y en su llanto toda la frustración de descubrir que la idealización suele resultar una mala consejera. Lola podría ser algo así como la musa de “Ella también”, que viene a decirnos que se cansó de no ser ninguna y que, muy por el contrario, necesita de una vez por todas ser alguien.