El efecto derrame al que sí adhiere Gollán (y que Kicillof respalda)

El ministro de Salud bonaerense se ha aferrado a la teoría capitalista del “derrame” para explicar de porqué aquella provincia no debería flexibilizar el estricto aislamiento social que, al menos en los papeles, mantiene por estos días.

Por Pablo Esteban Dávila

El ministro de Salud bonaerense se ha aferrado a la teoría capitalista del “derrame” para explicar de porqué aquella provincia no debería flexibilizar el estricto aislamiento social que, al menos en los papeles, mantiene por estos días. En la visión de Daniel Gollán, el coronavirus se contagia “como una mancha de aceite”, que empieza en un punto donde hubo mayor ingreso externo y se va corriendo hacia la periferia. Por esta razón sostuvo ayer, en clave admonitoria, que “si liberan mucho el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), estallan los casos en Rosario y Córdoba”.

Aunque invocar cualquier clase de derrame parece extraño en boca de un funcionario que reporta a Axel Kicillof, no puede negársele parte de razón. Desde hace siglos se sabe que las epidemias viajan con los humanos a través de rutas y ciudades. Y, en un país tan centrípeto como lo es la Argentina, es hasta inevitable que el Covid-19 se irradie desde la región metropolitana de Buenos Aires hacia el resto de su territorio a través de forzosos ejes de circulación geovial.

Es una consecuencia sanitaria de la devoción nacional hacia la cabeza de Goliat -conforme la conocida expresión de Ezequiel Martínez Estrada- que es el gran Buenos Aires. No hace falta decir que su altísima concentración demográfica atrae no sólo las epidemias sino también la ayuda social, los subsidios, los comedores comunitarios y el clientelismo político de toda la Nación. Es una realidad que, lejos de ser novedosa, ha sido perfeccionada por el kirchnerismo a niveles de arte barroco.

Es obvio que los Kirchner y, ahora, Alberto Fernández, no fueron los inventores de hacinamiento y la pobreza del conurbano, pero justo es decir que, desde que Néstor jurara como presidente en mayo de 2003, se han sucedido tres gobiernos del mismo signo y, ahora, un cuarto de reciente comienzo sin que esta estructura geográfica y social se haya modificado un ápice. Muy por el contrario, todas las evidencias apuntan a que aquellos han fortalecido las históricas distorsiones y asimetrías de la región con el objetivo de colonizarla políticamente en base a un populismo fiscal que penaliza severamente a las demás provincias. El interregno de Mauricio Macri es, apenas, una anécdota en tal homogeneidad.

Desde hace ya varias elecciones la tensión entre el conurbano y el resto del país productivo no ha hecho más que incrementarse, fortaleciendo antiguas antinomias. La diferencia con el pasado estriba, no obstante, en que muchos de los antiguos “14 ranchos” de los que hablaba Sarmiento se sienten ahora con mayor estatura moral y económica que las barriadas que circundan la opulenta Capital Federal, enfatizando con acrimonia que, en definitiva, su cultura del trabajo termina sustentando la pereza de estas y los costos que conllevan.

Así las cosas, la advertencia de Gollán no hace más que producir mayor consternación, aunque esté en lo cierto en lo que a trasmisión viral respecta. El foco de Villa Dolores, como se recuerda, derivó del irresponsable traslado de operarios infectados desde territorio bonaerense para que efectuaran reparaciones en el Banco Nación de aquella ciudad.

Ahora bien, también es probable que el ministro haya tenido un acto fallido. No es un secreto para nadie de que su jefe es un defensor a ultranza de la Fase 1, por motivos que no siempre tienen que ver con la pandemia. En este sentido, las sucesivas liberalizaciones que la provincia de Córdoba viene llevando a cabo tienen el efecto de mostrar, también a los bonaerenses, que es posible hacer que la economía funcione a pesar del coronavirus. La política trazada por Juan Schiaretti en los últimos 20 días no parece ceder pese a que, en rigor, los contagios siguen existiendo. Es un espejo en el cual ningún funcionario de La Plata está dispuesto a mirarse.

Además, subsiste la gran pregunta que nos formuláramos a finales de mayo: ¿para que se hizo la cuarentena? Teóricamente, lo fue para preparar al sistema de salud con mayor cantidad de camas críticas y más respiradores. Inobjetable. Pero, con el transcurrir de las semanas y de los meses, todo pareció indicar que tanto el presidente como Kicillof y, en menor medida, Horacio Rodríguez Larreta, descubrieron en el aislamiento social propiedades taumatúrgicas que está lejos de tenerlas. Ahora, el discurso oficial es que con la cuarentena se come, se cura y se educa, un revival de épocas míticas que Fernández dice añorar.

Obviamente que esta visión no es sustentable, pero tanto a Fernández como a Kicillof les gustaría mayor obediencia debida de parte de gobernadores que se obstinan en intentar convivir con el virus. Prueba de ello probablemente lo sea la nota firmada por Marta Platía en Página 12, titulada “Córdoba entra en la fase sálvese quien pueda”, sosteniendo esta afirmación en que “algunos profesionales de la salud sospechan que las autoridades ocultan las cifras reales de contagios para adelantar etapas y abreviar la cuarentena”.

Si se repara que en que este periódico es una especie de house organ del kirchnerismo, fácil es advertir el propósito de la advertencia. Según la especie, Schiaretti estaría rifando la vida de sus comprovincianos para escapar de la crisis económica generada por la pandemia y por cierta inclinación neoliberal. La dicotomía vida versus economía encontraría en estas tierras, de tal suerte, su máxima tensión, todo porque el Panal estaría rendido a los dictados del Creso de Marechal, el burgués que calcula y especula todo el tiempo.

Soslayando la simplificación -y también la amonestación implícita- se regresa al punto de partida. Es un hecho que no se puede vivir en cuarentena hasta tanto se encuentre la vacuna. Existen terapias cada vez más precisas que disminuyen notablemente la letalidad del virus y, en la mayor parte del país, las camas de terapia destinadas a pacientes Covid positivos están vacías. Los infectólogos a los que tanta atención presta el presidente y el ala más dura del Frente de Todos deberían explicar, de paso y amén de la insoslayable postración de la economía, de como afecta a la vida la depresión del encierro, el distanciamiento familiar o la angustia de no tener trabajo. ¿Alguien medirá la tasa de mortalidad causada por estos trastornos? ¿O será un daño colateral del empecinamiento centralista por salvar las vidas de millones de personas que, no obstante, están dispuestas a cuidarse por sí mismas?