Nueva propuesta de deuda, más realista y con más chances

Para que el tema se resuelva es clave que la aceptación del canje sea alta; el Gobierno calcula que podría alcanzar alrededor del 65%. Los analistas son más cautos y hablan de alrededor del 50%. La estructura permite un ahorro de capital e intereses de US$50.000 millones hasta 2028. La nueva oferta implica US$15.000 millones más que la anterior.

Por Gabriela Origlia
Los analistas entienden que la Argentina, con la nueva propuesta de canje de deuda que estructuró y que implica un pago de US$15000 millones más que la original y un año y no tres de gracia- está a un paso de acordar con los acreedores externos y, a la vez, reprogramar de manera  ordenada la deuda en dólares local. Un paso necesario pero no suficiente para que la economía se encamine.

El acuerdo llegará –si cierra- medio año después de lo proyectado por el mismo Gobierno; además la incógnita sigue siendo cuál es el plan económico que tantas veces el presidente Alberto Fernández dijo tener pero que no muestra. Para que el tema de la deuda se resuelva es clave que la aceptación del canje sea alta; el Gobierno calcula que podría alcanzar alrededor del 65%. Los analistas son más cautos y hablan de alrededor del 50%.

La propuesta permite un ahorro de capital e intereses de US$50.000 millones hasta 2028 y, según el ministro Martín Guzmán y los consultores, es “sustentable” para la Argentina. La idea generalizada es que los bonistas minoristas se sumarán y los grandes grupos, seguirán presionando. Frente a ese panorama, Guzmán podría avanzar con la estrategia “PacMan”, que implica hacer canjes parciales y con una interpretación de las cláusulas legales de los contratos que permita forzar a algunos acreedores a aceptar peores condiciones que las que reclaman para ir sumando adhesiones.

“Es un esfuerzo enorme el que hemos hecho para cumplir con nuestra palabra, que era hacer un acuerdo que le permita a la Argentina cumplir con los acreedores y que le permita a los argentinos no postergar más a los que están postergados. Es el máximo esfuerzo que podemos hacer”, dijo el presidente Alberto Fernández.

Y agregó: “Espero que los acreedores y la sociedad entiendan que pedirnos más esfuerzo significa empezar a fallar la promesa tomada. Espero que las conversaciones que están bien encaminadas terminen bien. Siempre tengo expectativas de que sea así. Si esto se analiza racionalmente, acá no se les pide que pierdan, sino que dejen de ganar lo que ganaban en exceso. El gobierno anterior dio condiciones a los títulos insólitas, las que el mundo no daba. Les permitió ganancias a los acreedores que el mundo no les reconocía”.

La oferta cuenta con el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Departamento del Tesoro. Después de esta etapa vendrá a negociación con el FMI para resolver el pago del préstamo que le hizo a la gestión de Mauricio Macri.

Las claves de la nueva oferta son: se reconoce a los titulares de bonos Exchange 2005-2010 sus derechos adquiridos, que serán incluidos sin modificaciones en los nuevos títulos a canjearse; el Valor Presente Neto (VPN) de los bonos será promedio de 53,3 dólares por cada lámina de 100 dólares. Y en el caso de los Exchange, alcanzará a 57 dólares de VPN; la quita de capital será promedio del 3 por ciento. Y de cero en los bonos Exchange; se reconocerán los intereses devengados del capital al 31 de agosto de este año para los titulares que adhieran entre las fechas tope de negociación.

Además, se pagarán los intereses del cupón en febrero y agosto de cada año. Esto implica un adelanto temporal, beneficioso para los bonistas, y arrancará en agosto de 2021. Se establece el concepto de Minimun Participation: si no se llega a un determinado porcentaje de las CAC´s, no se firma el canje y todo se vuelve a negociar.

El exministro de Finanzas Luis Caputo y el ex director del Banco Central, Pablo Quirno expresaron su apoyo a la nueva oferta de canje de la deuda pública; en cambio  Alfonso Prat-Gay, advirtió que es “un manual de cómo no se debe negociar”.

La primera propuesta –de la que también el Gobierno dijo que era la última- cosechó un amplio rechazo entre los bonistas. Los tres grupos, incluidos dos integrados por grandes fondos de inversión que negociaron con Guzmán, le bajaron el pulgar. Después de reiterar que no habría cambios, se terminó aceptando la necesidad de estructurar otra, más realista y acorde a las posibilidades de un acuerdo.