La política como comedia

La segunda temporada de la serie “The Politician”, cuyos siete episodios están en Netflix, sirve para corroborar los lazos que existen entre lo ficcionado y lo real, a pesar de que el tono satírico del relato nos advierte todo el tiempo que estamos ante una historia inventada.

Por J.C. Maraddón

Si alguna virtud tuvo aquel éxito inicial de “House of Cards” fue poner la lupa sobre los inescrupulosos manejos que se esconden detrás de la política, aun en la nación que es presentada como ejemplo universal del ejercicio democrático. Las maniobras entre bambalinas del temible Frank Underwood contaban con la aprobación tácita de aquellos que se prestaban a su juego o que practicaban las mismas infamias para acumular mayor poder y fortuna. Sin embargo, ese tipo de retratos siempre cuentan con la excusa de que se trata de una ficción y, por lo tanto, cualquier similitud con hechos reales “es producto de la casualidad”.

Lo que se puede apreciar, gracias a algunos documentales que propone Netflix, es que la imaginación de los guionistas de “House Of Cards” no ha volado tanto como se pretende y que, bajo cierto tinte caricaturesco, el protagonista de esa serie no está tan alejado de la verosimilitud. En “Bobby Kennedy for President”, por ejemplo, se puede apreciar cómo un promisorio abogado que de joven acompañaba al macartismo y que, siendo Fiscal General durante la presidencia de su hermano John, mandó al FBI a investigar a Martin Luther King, en 1968 se transformó en el candidato que arengaba en favor de los derechos de las minorías raciales.

Por supuesto, tanto John como Robert Kennedy murieron asesinados, pero en a lo largo de cuatro episodios se detalla cuánto tuvo que ver la maquinaria electoralista en los matices que iban tomando sus respectivos discursos. También es esclarecedora la serie documental “Trump: An American Dream”, que recorre la biografía del actual presidente estadounidense hasta su triunfo electoral en 2016. La figura del millonario que se lleva todo por delante en procura de alcanzar su objetivo, no contribuye a resaltar el espíritu republicano que supuestamente es el leit motiv de la gran potencia norteamericana.

Con la utilización de material fílmico poco conocido, audios de conversaciones telefónicas y testimonios de personas que estuvieron a la par de ellos en momentos clave, estos dos aportes fílmicos sitúan al espectador en un nivel de intimidad parecido al que habilitaba Frank Underwood. Y, por lo tanto, ponen al descubierto los pliegues de esas personalidades que sin duda han sido dotadas de un carisma especial, pero que en el detrás de escena se sacan la careta y pueden llegar a mostrar lo peor de sí mismas, confiados en que la historia los perdonará más allá de los medios a los que apelaron para determinados fines.

La segunda temporada de “The Politician”, cuyos siete episodios también están en Netflix, sirve para corroborar los lazos que existen entre lo ficcionado y lo real, a pesar de que el tono satírico del relato nos advierte todo el tiempo que estamos ante una historia inventada. El ambicioso Payton Hobart, a quien ya habíamos visto en campaña en elecciones escolares, se propone ahora ganar una senaduría en el estado de Nueva York, a pesar de que su juventud e inexperiencia le juegan en contra. Su rival, la veterana Dede Standish, no le irá en zaga en cuanto a la vileza de las estrategias de campaña.

Si bien ambos rivales se cuestionan cada tanto la impostura a la que se someten para triunfar, siempre encuentran argumentos que justifican los peores métodos, porque se convencen de que valdrá la pena emplearlos para ganar y redimirse luego en el ejercicio del cargo. Después de husmear las miserias de los políticos de carne y hueso en los documentales sobre Bobby Kennedy y Donald Trump, los arrebatos demagógicos y los golpes bajos de Payton Hobart resultan mucho menos graciosos: a veces, la política en serio ofrece episodios de comedia negra que la ficción nunca podría igualar.