La burocracia paralela, una incógnita a futuro

Las nuevas figuras de empleo que promueve el intendente remiten a casos no siempre exitosos del pasado.

Por Javier Boher
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Ciertamente el futuro es oscuro para los ciudadanos de la capital provincial. Con un conflicto que avanza silencioso bajo la epidermis política, no falta mucho para que explote y brote la hemorragia.

El gobierno de Martín Llaryora pretende sentarse con firmeza para ganar la parada, arremetiendo con fuerza contra las costumbres y privilegios adquiridos por los empleados del municipio que hoy administra. Doblegar al combativo gremio es una obligación si pretende consolidar su imperio.

La tarea no es nada fácil, porque como adversario tiene al -en la práctica- más clasista de los sindicatos cordobeses. Los trabajadores del Suoem, se sabe, están dispuestos a sembrar el caos para mantener sus prerrogativas. Esto los aleja de la agenda universalista del sindicalismo trostkista para ponerlos en la más peronista de las tradiciones sindicales justicialistas, la convicción de que la política es un juego de suma cero en el que no se puede ceder nada en la búsqueda de beneficios sectoriales.

Es por ello que el novel intendente ha recurrido a una vieja maña a la que se han visto obligados a apelar los diversos gobiernos de las más variadas identidades políticas en todos los niveles, la creación de una burocracia paralela. Esta herramienta es fundamental cuando la administración pública no conoce de mérito ni capacidad más allá de saber agitar banderas, golpear bombos o pintar paredes. Mientras las estructuras del estado sean reductos en los que medren militantes de pocas luces, no quedan muchas más opciones.

Cuando Alfonsín accedió al gobierno debió recurrir a esa herramienta para saltear el bloqueo administrativo de una burocracia infectada por la dictadura, siempre dispuesta a voltear las iniciativas destinadas a romper las convicciones de los fascistas que sirvieron de sostén administrativo a los militares en el poder.

Salvando las distancias ideológicas y temporales, Germán Kammerath tuvo la misma idea para poder superar 16 años de gobiernos radicales en la capital, montando una burocracia paralela que le permitiera “modernizar” las estructuras de un municipio que seguía evitando renovarse en cuestiones instrumentales.

José Manuel De la Sota recurrió a su exitoso esquema de agencias, que apuntaló su proyecto político al ayudarlo a despegarse de 16 años de administración radical. Para avanzar con su agenda era necesario saltearse a la administración existente con un esquema novedoso para estos lares.

Algo de todo eso parece haber en las iniciativas de los Servidores Urbanos y los Promotores de Convivencia, las figuras con las que la administración del hombre del oriente cordobés pretende prepararse para romper el bloqueo que el sindicato prepare para cuando se disipe la bruma de la cuarentena y los contendientes se puedan ver las caras para resolver sus problemas a los golpes en algún oscuro callejón.

La idea no prosperó en los dos primeros casos, algo que sí ocurrió con el esquema de agencias de De la Sota. Alfonsín debió remar en momentos en los que los militares eran un jugador de peso para condicionar la supervivencia de la democracia. Kammerath rompió su matrimonio político con quien había compartido fórmula al gobierno provincial, a la vez que debió remar la peor crisis política y económica de los últimos 20 años.

Esa situación fue aprovechada por su sucesor, Luis Juez, que la usó como excusa para los ingresos de personal que ocurrieron en su gestión. La estrategia no sólo no fue buena, sino que habilitó al cogobierno que vino después.

Estas nuevas figuras que promueve Llaryora son sólo una reedición de aquellas de antaño. La duda que prevalece en el aire es si podrá mantener los éxitos cosechados hasta ahora en su acometida contra el gremio más fuerte de la provincia, o si -por el contrario- estos ingresos de hoy serán los problemas del futuro, cuando  el gremio plantee la agenda de la efectivización y el pase a planta permanente, una de las piedras basales del poder del Suoem en las dos últimas décadas.