Dilema: nacionalizar o municipalizar los comicios

Con el presidente de aliado, Llamosas buscará aumentar su capital político y garantizar la concreción de obras para la ciudad. Pero el desgaste de la imagen presidencial en tiempos de pandemia puede crear un factor de riesgo para la estrategia de campaña.

Por Gabriel Marclé

No hace falta ser un analista político experimentado para aseverar que las elecciones municipales que se llevarán a cabo en unos meses tienen poco que ver con las suspendidas en marzo a causa de la cuarentena. Los nombres son los mismos, pero el escenario cambió en cuanto a expectativas, alianzas, estrategias y planificación a corto plazo.

Indudablemente la pandemia se convirtió en un componente fundamental de la campaña iniciada por los diferentes frentes, algo que Alfil remarcó en sus últimas publicaciones, desde la postura “oportunista” del radicalismo que aprovecha el marco preventivo para criticar a la gestión municipal y los controles sanitarios. Pero si hablamos de estrategias, uno de los objetivos que sufrió más modificaciones fue el de connotar los comicios con adscripciones extrajurisdiciinales.

Volviendo a febrero, con la campaña municipal en marcha y sin rastros del Covid-19, tanto el oficialismo como la oposición intentaron plegar sus movimientos a los resultados nacionales que meses atrás le habían dado la presidencia a Alberto Fernández.

Por el lado del intendente Juan Manuel Llamosas, la firma de acuerdos con el nuevo Gobierno y la incorporación a sus filas de nombres vinculados a la estructura albertista/kirchnerista, fueron muestras del intento por “rodearse de ganadores” y fortalecer una relación impactada por los enfrentamientos que su principal referente, el gobernador Juan Schiaretti, había iniciado con la raíz K de quienes ahora llevarían los rumbos del país.

A la foto con el ministro de Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, por la firma de acuerdos para finalizar obras inconclusas durante la era Macri, se sumó la alianza con el frente ParTE -el albertismo cordobés- para integrar la estrategia llamosista de cara a un segundo mandato.

Sin embargo, pandemia de por medio, la foto con Alberto Fernández fue quedando cada vez más lejos. Si bien el comportamiento del Gobierno de Río Cuarto durante el anuncio de la cuarentena fue registrando los cambios en el escenario nacional, poco a poco las dificultades iban apareciendo y esto obligó a replantear el rumbo.

El giro de “nacionalizar” la campaña tuvo un resultado similar en la oposición. En Río Cuarto, el 56% de Macri en las nacionales de octubre de 2019 sentaron las bases de una estrategia que el radicalismo local seguiría hasta días después de la cuarentena. Que la mitad de la ciudad apoyara al ex presidente, a pesar de los desmanejos económicos y la profunda crisis social que se vivía, convertía a la grieta en un factor elemental para la campaña. De hecho, el primer “cierre de campaña” allá por marzo tuvo a Patricia Bullrich, presidenta del PRO y ex ministra de Seguridad, agitando las banderas de “Abrile intendente”.

Pero todo cambió cuando la cuarentena empezó a raspar la imagen del presidente Alberto Fernández y, por consiguiente, la de Llamosas. La búsqueda del radicalismo pasó a “localizar” la elección, hacerla de Río Cuarto, apelar a los valores que los tuvieron gobernando la mayoría de los años desde la vuelta de la democracia. Y, por sobre todas las cosas, apuntar a la gestión del intendente, no tanto por sus alianzas, sino por sus acciones directas en el día a día de los riocuartenses.

La oposición, a pesar de estar en clara desventaja, realiza una lectura que no puede ser dejada de lado. Si bien el humor social fue cambiando de acuerdo a las diferentes fases de la pandemia, la elección todavía está lejos y “en tres meses puede pasar de todo”, según marcaron desde el frente Somos Río Cuarto. Puede que aun no lo necesiten, pero todo indica que, si el clima se complica, el radicalismo buscará trasladar el desgaste de Fernández al peronismo local.

“La imagen del presidente había tenido un crecimiento fuerte en la ciudad durante la primera parte de la pandemia, y ningún analista te iba a sugerir que vayas en contra suyo. Pero el desgaste se está profundizando, y a casi tres meses de la elección en Río Cuarto, el lazo con la Nación va teniendo cada vez menos efecto”, señaló un asesor político de la oposición.

Quizá esta situación explique por qué las acciones del Ejecutivo se fueron alejando cada vez más de la estructura nacional, con una tendencia a “provincializar” su estrategia. Con la hecatombe de la pandemia, con muchos sectores saliendo a las calles rogando por la reactivación del motor económico y productivo del país, el “compañero Fernández” fue transformándose en un factor de riesgo.

Los asesores del candidato por la reelección advierten -muy por lo dentro- que “kirchnerizar el llamosismo” podría convertirse en una desventaja y las futuras acciones de campaña tendrán a un intendente ponderando la vuelta a las bases que sentaron De la Sota y Schiaretti: El “cordobesismo” se impone al Frente de Todos.

Pero la principal preocupación del aparato oficial está en la suma de afinidades, la obtención del apoyo necesario para lograr la reelección. Este empuje proviene de sectores que en las últimas semanas se manifestaron fervientemente contra algunas de las medidas que tomó el presidente. Uno de ellos es el campo, sector que define la estrategia económica de la región, reaccionando negativamente ante la expropiación de Vicentin.

Un memorioso analista político de la ciudad recordó los efectos que tuvo la aprobación de “la 125”, evento que desencadenó un conflicto inusitado entre el Gobierno y el campo. “En 2008, Luis “Tin” Sánchez era el candidato a intendente del peronismo que contaba con el apoyo del kirchnerismo, sin embargo, estalló el conflicto y su imagen cayó producto de esa alianza”, observó el especialista, adelantando que si la situación de Vicentin, sumada a la crisis económica en tiempos de pandemia, pueden convertirse en las intervenciones “piantavotos” del 2020. Sin los agropecuarios, sin la Sociedad Rural de Río Cuarto, la victoria no está asegurada.

Hasta el componente K del equipo político de Llamosas contempla a regañadientes la necesidad de alejarse un tanto del Gobierno Nacional, al menos por el momento y hasta que pase la tormenta. Pero, a pesar de las dudas, la estrategia de los próximos 90 días también tendrá un apartado presidencialista.

Tal como en febrero, se espera que en los próximos meses lleguen a la ciudad emisarios del Gobierno Nacional para “ayudar” a Llamosas sobre el sprint final de la campaña. Esto ocurrirá, le guste o no al Ejecutivo, ya que para garantizar un futuro ameno se deberán cumplir los compromisos asumidos antes de la pandemia. Las alianzas y los acuerdos seguirán corriendo, solo que un plano menos visible.

De lograr la reelección, Llamosas no la tendrá fácil: las complejas decisiones económicas que se tomaron en los últimos años trastocaron planes y obligaron a volantazos arriesgados. La deuda y el poco crédito de la Municipalidad, hacen necesario el apoyo de la Nación, pues las grandes obras proyectadas por el “llamosismo 2.0” requerirán de fondos que las arcas locales y provinciales no pueden costear.