Los delirios de Cornejo que comparten muchos argentinos

Las declaraciones del exgobernador de Mendoza no pasaron desapercibidas entre los que ya no ven sentido en seguir sosteniendo la unión nacional.

Por Javier Boher
[email protected]

Delicias de la pandemia, la anarquía en la que se ha sumido la Argentina en los últimos dos meses sigue alentando a los políticos a proponer salidas cada vez más creativas. Esta vez le tocó al ex gobernador mendocino Alfredo Cornejo.

El actual diputado nacional expresó ayer su anhelo de ver una Mendoza independiente. A su entender, la integración en un estado nacional como el argentino se ha transformado más en un lastre que en un motor para el desarrollo.

Las razones para plantearlo son claras. En primer lugar, efectivamente hay un malestar de las provincias con economías más dinámicas e integradas al mundo respecto a tener que sostener a las menos favorecidas.

Algunos argumentarán que -en una familia- los hermanos más pudientes no abandonan a los que la están peleando. Eso es real en la medida que haya voluntad de salir. Es que, en general, nadie quiere mantener zánganos, por más lazos de sangre que haya.

En segundo lugar, todos los políticos -sin distinción- van a tratar de congraciarse con su electorado. Cornejo no puede ser la excepción, especialmente cuando sus propuestas, frases o ideas no deben cargar con el peso de ser la palabra del gobernador. Son, a lo sumo, el sueño de un ciudadano de perfil público y con aspiraciones futuras.

Tercero, Argentina efectivamente se está desintegrando. Quizás no es tan evidente, pero ya no hay una noción de estado que integre diferencias, sino una visión totalizadora que pretende someterlas.

Todo un amplio espectro de dirigentes cree que el estado nacional debe doblegar a las provincias bajo el pretexto de un supuesto interés nacional, lo que necesariamente despierta el rechazo de las provincias con identidades más consolidadas.

¿Qué son los Estados?

Los estados son ficciones, construcciones humanas que apuntan a resolver problemas y a simplificar la vida. Las burocracias no tienen sentido por sí mismas, salvo en la medida en la que resuelvan la necesidad de protección de la vida y la propiedad. El estado es, básicamente, una agencia de seguridad que debe velar por los derechos y libertades de los ciudadanos que se someten a su autoridad.

El sueño del Mendoexit, el Cordobexit o el exit que sea se topará con la dura realidad. Es que el poderío económico relativo de cada una de las provincias no alcanza para fundar un Estado, aunque gran parte ya esté hecho.

Dos elementos fundamentales son los que necesitan los estado nacionales: una moneda (que puede ser emitida por otro país, pero de la que nadie puede dudar fronteras adentro) y unas fuerzas armadas que defiendan los límites y fronteras del espacio sobre el que se declama la soberanía. Esto último es bastante más complicado que firmar un acuerdo de libre comercio con algún otro estado.

Los deseos independentistas de Cornejo se replican en otros referentes a lo largo de la geografía nacional y solo se puede esperar que se intensifiquen. La cada vez peor gestión de la cosa pública hace que la acción de gobierno a nivel nacional le cierre las puertas del mundo y de los negocios a sus unidades subnacionales.

La realidad global apunta a una atomización y descentralización estatal, donde las unidades menores se hacen cargo de aquellas áreas en las que pueden ser más eficientes o expeditivas, mientras los grandes estados nacionales se justifican como marco para proveer aquellos servicios que pueden resultar onerosos para provincias y municipios.

Argentina solo puede tener sentido si empieza a simplificar su legislación y a descomprimir la carga fiscal, armonizando las reglas para que las provincias puedan integrarse entre sí y con el mundo, haciéndose cargo solamente de las tareas en las que puede tener una ventaja comparativa sobre las entidades menores.

Sirvan dos ejemplos de la irracionalidad nacional: durante casi 70 años se prohibió producir vinos fuera de Cuyo, así como recién este año se declaró inconstitucional la prohibición para producir yerba fuera de Corrientes y Misiones. ¿Tiene sentido aceptar ese tipo de normativas por parte de un Estado nacional que, en lugar de constreñir los destinos provinciales, debería alentarlos?.

El sueño de Cornejo retumba en las provincias que hoy no ven beneficios en la unión nacional. En un país con un historial tan raro como este, no hay que apresurarse por descalificar esos delirios.