¿Cuarentena para las elecciones 2021?

La acordada de la CNE le recuerda al gobierno que hay que organizarse para votar dentro de un año.

Por Javier Boher
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Es difícil ponerse de acuerdo en cuál es el corazón de una democracia, o al menos en cuál sería el orden de los factores sobre los que puede haber cierto acuerdo.

Mientras se va tomando nota con papel y lápiz respecto a estas cuestiones, rápidamente podrían aparecer algunas básicas: elecciones competitivas, partidos políticos capaces de hacer campaña con su mensajr, voto popular universal y algunas más.

En todo eso, las elecciones son clave. No alcanza con poner un papel en una urna o elegir a un candidato presionando en una pantalla táctil. Si solo eso fuese suficiente, las elecciones en Corea del Norte serían democráticas, aunque los votos a la oposición se deban depositar en una urna diferente a la de los votos al oficialismo, todo bajo la atenta mirada de los guardianes del régimen.

Para ser competitivas tampoco alcanza con que haya dos o tres partidos peleando por la punta. En un sistema como el nuestro, los que sientan fiscales en cada mesa son los que realmente pelean las elecciones, como aprendió Luis Juez por las duras en la elección de 2007.

La clave para que las elecciones sean limpias y competitivas radica en el ordenamiento jurídico y el entramado organizativo que establece reglas claras para que todos puedan competir dentro del sistema. Como dice la máxima: el sistema no solo debe decir quién ganó, sino que también debe convencer efectivamente a los otros de que perdieron.

Por tal motivo, la Cámara Nacional Electoral emitió hace poco más de una semana una acordada en la que le recuerda a los interesados en que las elecciones se mantengan competitivas que el año que viene hay elecciones que todavía hay que organizar.

Allí señala el desafío que el Coronavirus representó para las democracias globales, con el caso concreto y cercano de las pospuestas elecciones en Río Cuarto. A todos los que votaban este año los agarró por sorpresa, cosa que no debería pasar si se vota recién dentro de doce o quince meses.

En un primer momento, algunos opositores leyeron el documento como un aviso de lo que podría venir, una suspensión de las elecciones legislativas de 2021. Entienden que la próxima evaluación que le toca al gobierno -que ha elegido la estrategia de hacer el muertito para ver si el virus se la cree y se va para otro lado- lo asusta tanto como la pandemia.

Sin embargo, lo que se pide en ese documento es todo lo contrario (más allá de otras lecturas que se puedan hacer). Al resaltar el hecho de que las elecciones deben empezar a prepararse con al menos un año de antelación, les avisa que estamos cerca de agosto, mes de las PASO.

Hay un rumor que a lo largo de la cuarentena ha circulado con más dinámica que el virus: la suspensión o eliminación de las primarias abiertas y obligatorias. Sorprendiendo en las elecciones del año pasado, la brecha entre primero y segundo vació de poder al gobierno en funciones y agregó mucho ruido a los dos meses hasta las generales, en los que Macri se largó a prometer y regalar sabiendo que no había un mañana.

Aquel hecho convenció a todos de que en su forma actual difícilmente sirvan para algo. Por eso la Cámara Nacional Electoral les tira del puño de la camisa para preguntarles qué tienen pensado hacer, así se pueden poner a trabajar (o a hacer de cuenta que trabajan).

Lo dicen con bastante claridad, agregando además que deben prever los costos extra (que todos sabemos lo que significa en la jerga política) de implementar protocolos para evitar contagios o riesgos para votantes, autoridades e interesados que concurran al lugar del comicio.

Si, tal como apuntamos más arriba, las elecciones son el corazón de las elecciones, lo son en tanto se pueden desarrollar en un marco de competencia real, con reglas claras y previsibles. De eso se trata la advertencia de la CNE, comunicada a todos los involucrados en la organización de la contienda electoral del año entrante.

No se puede más previsión que esta en nuestro país. Ellos, al menos, ya están cubiertos con los papeles que atestiguan su preocupación -real o impostada- por las elecciones del año que viene. Después de esto, la pelota está en la cancha del gobierno. Le toca a los partidos y a los ciudadanos pedir que la devuelva.