Vicentín: Juez ahora critica lo que antes apoyó con Ciccone

Por Pablo Esteban Dávila

Luis Juez sigue sorprendiendo. Ahora, con sus opiniones respecto a la insensata estatización de la empresa Vicentín que impulsa el gobierno nacional.

En declaraciones conocidas ayer ante el portal cba24n y a la radio mendocina MDz, el actual diputado nacional de Juntos por el Cambio dejó en claro que se opone a la iniciativa kirchnerista. También sostuvo, correctamente, que si su principal acreedor es el Banco Nación, el camino para disponer sus activos y resarcir las deudas que la cerealera mantiene con la entidad oficial es solicitar su quiebra ante un juez. Nada que objetar.

Sin embargo, no fue esta su posición en abril de 2012, en momentos en la que el kirchnerismo impulsaba la estatización de la Compañía de Valores Sudamericana, ex Ciccone Calcográfica.

La situación de aquella compañía era similar a la de Vicentín. El estado argentino, a través de la AFIP, le reclamaba una suma millonaria en conceptos de impuestos impagos. La situación no mejoró a pesar de que la empresa The Old Fund (vinculada al exvicepresidente Amado Boudou) se hizo cargo de Ciccone en 2010, derivando en el escándalo que fue público y notorio.

Juez, por entonces senador de la Nación, presentó un proyecto de ley para declararla de “utilidad pública y sujeta a expropiación”, argumentando lo mismo que sostiene ahora Alberto Fernández: “Siendo el Estado nacional hoy el mayor acreedor de Ciccone Calcográfica SA -afirmaba en sus fundamentos- estimamos que es por demás razonable y justificado declarar de utilidad pública y sujeto a expropiación a la empresa, estableciendo que toda la maquinaria y los bienes de la misma pasen a ser parte del patrimonio de la Casa de la Moneda Argentina”. La especie fue publicada por el matutino La Voz del Interior el 8 de abril de 2012 consignando, además, que “La presentación se realizará a varias semanas de haber estallado el escándalo por la llamada causa Ciccone”.

Si, donde dice “Ciccone Calcográfica”, se lo reemplazara con “Vicentín”, el proyecto de Juez estaría listo para que la Casa Rosada lo presentara sin más. Eso sí, debería citar al cordobés en su exposición de motivos. El copyright es sagrado.

Como no podía ser de otra manera, Juez terminó acompañando aquella estatización con su voto, haciéndolo junto con el bloque kirchnerista. Por cierto que no lo hizo en soledad, sino que instruyó, en el mismo sentido, a sus diputados en la Cámara Baja. Una crónica del diario La Nación del 22 de agosto de aquel año afirmaba que “Con 145 votos a favor, 77 en contra y cinco abstenciones, el Frente para la Victoria obtuvo la aprobación no sólo gracias a la amplia mayoría que tiene en la cámara baja, sino al apoyo de sus tradicionales aliados, así como el de Fernando Pino Solanas y su bloque Proyecto Sur; de los cordobeses del Frente Cívico de Luis Juez y del trío de diputados peronistas que lidera Felipe Solá”. Vale recordar que, hace 8 años atrás, el exintendente de Córdoba se decía progresista y militaba junto con el santafecino Hermes Binner, muy lejos de Mauricio Macri.

Esta configura, claramente, una nueva incoherencia de su parte. El argumento que ayer utilizaba para justificar una expropiación le parece hoy una locura; consecuentemente, cuando llegue el momento la votará en contra, a pesar de haberlo hecho por la afirmativa con Ciccone cuando tuvo la oportunidad de argumentar lo que hoy sostiene para impugnarla. Es un auténtico caso de doble personalidad.

No es necesario batir el parche frente a las dobleces ideológicas del diputado. Hay ejemplos de toda laya. En una oportunidad dijo estar en contra del matrimonio igualitario ante una revista católica y, sin embargo, terminó votándolo a favor, en tanto que, de criticar abiertamente a Mauricio Macri, hoy revista en sus filas, todo esto sin reconocer nunca un equívoco ni ensayar alguna autocrítica por tantas mudanzas. Son abrumadoras las pruebas que señalan que, ante todo, su proyecto político pasa por sí mismo, y que no trepida en acomodar el cuerpo cada vez que las circunstancias así lo aconsejan.

Es una pena que el macrismo nacional nunca se haya percatado de la rocambolesca trayectoria juecista, pero es afortunado que tanto el electorado local como sus propios compañeros de ruta sí lo hayan hecho.

En materia de elecciones esto es evidente. Tras el pico de votos logrados en 2007, Juez no ha dejado de perder apoyos. En la última elección a intendente, y pese a contar con el respaldo (al menos nominal) del presidente de la Nación, quedó bien lejos de la discusión con Martín Llaryora. Rodrigo de Loredo, casi un candidato vecinalista, logró achicar la brecha que lo separaba a tan solo 2 puntos porcentuales. Es un hecho que, cuando encabeza una lista, los cordobeses le tienen picado el boleto.

Otro tanto sucede con sus adláteres. Son muy pocos los nombres que todavía lo acompañan y que estuvieran a su lado en las épocas fundacionales del Partido Nuevo. Desde Héctor “Pichi” Campana hasta Juan Pablo Quinteros, las deserciones dentro de su espacio han sido constantes y sostenidas. Esto tiene una explicación, que no por simple es menos atendible: también los juecistas se cansan de ser un día de izquierda y otro de derecha sólo porque su jefe se los impone. Del su inicial progresismo a su actual conservadurismo político han transcurrido menos de veinte años, a lo largo de los cuales se las ha arreglado para ser transversal, kirchnerista, lilista, pinosolanista y filosocialista, para terminar como referente de Cambiemos. Quien crea que la política es algo más que una sucesión de conchabos esta estética termina resultando, tarde o temprano, como un pastiche tan desagradable como personalista.