Desdoblamiento a los municipales: ¿placebo o antibiótico?

Un nuevo round en la pelea gremio-municipio nos tendrá a todos esperando para ver si el tratamiento contra el gasto excesivo es efectivo.

Por Horacio Bogú

La municipalidad es el principal campo de batalla de una guerra que se librará entre medio de los civiles. La decisión del intendente Martín Llaryora de ir por el desdoblamiento de los turnos se presenta como el próximo foco de conflicto con el gremio.

De prerrogativas excesivas, el Suoem ha sabido sacar provecho de la débil muñeca de los sucesivos intendentes capitalinos, a la vez que siempre contó con una venia tácita por parte del ejecutivo provincial, enfrentado con los sucesivos jefes de la ciudad.

Esta vez parecen darse una suma de cuestiones que permitirían soñar con un municipio al servicio de los golpeados contribuyentes, que pagan tasas primermundistas para recibir pésimas prestaciones. Cada gestión arrancó con las típicas promesas de los vendedores de productos chinos, unas maravillas que se despedazan al forzarlas a realizar aquellas tareas para las que se los elige.

Esta vez el intendente tiene a su favor el alineamiento con el gobierno provincial (eso si se le reconoce mayor vuelo que el de un gerente del verdadero hombre fuerte del centro del país, Juan Schiaretti). Todos recuerdan los destrozos que provocaron los municipales cuando este mismo gobernador retiró a la policía que custodiaba el Palacio 6 de Julio en tiempos de Giacomino. Quizás no haya plata, pero los resortes del Estado están en las manos de quién puede decidir usarlos.

El coronavirus es otro factor que juega a su favor. Mientras la actividad sigue resentida por la cuarentena (que obra como cortina de humo para la implementación de políticas de dudosa legalidad o raigambre popular), es más fácil usar la desmovilización de las fuerzas vivas de la sociedad. No queda nivel del estado que no haya usado alguna avivada para sacar alguna ventaja.

Finalmente, el hastío de los ciudadanos para con una casta de empleados municipales caros e ineficientes, además de mayormente groseros con quienes pagan sus sueldos a través de impuestos. Prácticamente no debe haber cordobés que no apoye una cruzada contra las falsas víctimas de la búsqueda de racionalidad en la ejecución del gasto público.

Con un sindicato duro en sus formas de tomar la calle, avalado por poderes políticos que trascienden el ejido municipal y sostenido con una masa de recursos muy superior a la de otras organizaciones políticas, sólo cabe esperar el caos, del que los ciudadanos de a pie seremos las principales víctimas

Parálisis de las funciones del estado, violencia urbana y discursos políticos que apelarán a la división, aunque la única división real en estos temas es entre los que pagan las cuentas y los que las parasitan.

La jugada del intendente puede significar (mientras sea bien ejecutada) la proyección hacia el gobierno provincial dentro de tres años. Así como su gestión al frente de la municipalidad de San Francisco le permitió acceder a la gestión de la capital, tal vez un efectivo manejo del mayor conflicto político-sindical en la docta le sume algunos porotos para sus ambiciones futuras.

El desdoblamiento de los turnos ayudaría a descomprimir (en teoría) el conflicto en una municipalidad sobre, a la vez que ayudaría (en teoría) a una mejor prestación del servicio. Esto de encajar todo en el terreno de lo hipotético obedece a que, las más de las veces, la costumbre del empleado público vence a la voluntad del político.

Pese a todo lo que pueden apuntar en el lado de lo favorable para emprender esta cruzada -y por la evidencia histórica- cuesta ser optimista. Siempre que alguien quiso derrotar al Suoem, pasó como con los antibióticos mal administrados: el bicho fue creando resistencia. Hoy hace falta disciplina en el tratamiento y algo más fuerte que los placebos habituales. Sino, otra vez a la convalecencia de un conflicto de nunca acabar.