La novedad ausente

Con un par de (accidentadas) décadas de vigencia entre las cantantes pop más famosas, Britney Spears fue noticia la semana pasada porque lanzó –sólo en formato de audio- el tema “Mood Ring”, su primera canción supuestamente nueva después de cuatro años de silencio.

Por J.C. Maraddón

Nos hemos referido ya en esta columna a la escasez de oferta que podría acuciar en los próximos meses a la industria del entretenimiento si no se reinician de manera urgente las tareas de producción dentro de ese ámbito. Porque, además del desastre que ha generado la pandemia dentro del negocio de los espectáculos en vivo, también la demanda incesante de productos culturales durante la cuarentena amenaza con agotar el stock, una situación que tampoco es reversible de forma inmediata por el tiempo que exige elaborar un disco o una película, hasta que finalmente queda a disposición de los consumidores.

El recurso del streaming para la música y los contenidos audiovisuales ha sido el más utilizado por la gente, algo que sin duda ha beneficiado a las plataformas que proveen de ese servicio. Pero, al mismo tiempo, esa dinámica ha llevado a adelantar estrenos y a exponer ante los usuarios un universo más amplio de opciones, sin que del otro lado se pudiese seguir haciendo funcionar la maquinaria productiva. Al igual que otras ramas industriales, el fantasma del desabastecimiento también ronda entre aquellos que han amasado fortunas a partir de satisfacer esas necesidades recreativas.

En el mercado de la TV abierta, se hace notar que han echado mano sin miramientos al material de archivo, reflotando telenovelas y series nacionales o extranjeras que alguna vez fueron exitosas y que aún estarían en condiciones de sostener un rating razonable. Y en los proveedores online se observa también idéntico afán, como el rescate que hizo Netflix de “Keeping Up With the Kardashians” o “Modern Family”, producciones que han constituido verdaderos sucesos y que cuentan con un público cautivo (por no llamarlos lisa y llanamente clubes de fans), predispuesto a revisar los episodios de cada una de sus temporadas.

El remedo de este artilugio para los lanzamientos discográficos serían aquellos siempre bienvenidos álbumes de grandes éxitos, que reúnen los hits de esos artistas famosos, para facilitarle la tarea a quienes prefieren escuchar tan sólo las canciones más conocidas. Sin embargo, las prestaciones de plataformas como Spotify, que incluyen la posibilidad de darle play a esos temas con solo buscar el perfil del intérprete y cliquear sobre la pestaña “populares”, vuelve un tanto inútil la función de los “Greatest Hits”, salvo que a esas compilaciones se les agregue algún plus que haga más atractiva la propuesta para los suscriptores.

Con un par de (accidentadas) décadas de vigencia entre las cantantes pop más famosas, Britney Spears fue noticia la semana pasada porque lanzó –sólo en formato de audio- una nueva canción después de cuatro años de silencio. La noticia resultó impactante hasta que trascendió que, en realidad, no se trataba de una novedad absoluta: “Mood Ring”, la pieza en cuestión, había aparecido como bonus track en la edición japonesa del disco “Glory”, que data de 2016. Y si bien sirve para calmar la ansiedad de los seguidores de la estrella musical, es difícil aceptar que cuente como algo nuevo para el mercado.

A tres meses del inicio del confinamiento y con la reanudación de actividades ralentada por la instauración de estrictos protocolos sanitarios, también la producción y distribución de obras sonoras han entrado en un cuello de botella y tal vez debamos acostumbrarnos a este tipo de remakes con cierto aroma a naftalina. Mientras los artistas se las ingenian para que sus videos hogareños mantengan encendido el fuego de la fama que supieron conseguir, los empresarios se devanan los sesos pensando cómo hacer para instalar algo que sorprenda a la gente, a pesar del parate forzoso que los tiene a mal traer.