Más necesaria que nunca

Tras dar el lógico salto al formato virtual hace ya bastante tiempo, la publicación musical española Rock de Lux, que ha sido una de las biblias del género para el mercado hispanoparlante, ha dejado de salir como revista impresa, al igual que muchas otras de su tipo.

Por J.C. Maraddón

En esto de que la información hoy nos abruma y nos toma por asalto desde todas las plataformas disponibles, nos hemos olvidado de lo difícil que fue alguna vez conseguir datos sobre algún tema en particular. Porque hubo un tiempo en que no existía ninguna Wikipedia que sirviese para sacarse las dudas, ni un Youtube para ver un video de archivo ni un Spotify para escuchar cómo sonaba determinada canción. Es sorprendente cuánto nos hemos familiarizado con el uso de estas herramientas y de las redes sociales para procurarnos de modo inmediato algo que hasta un cuarto de siglo atrás podía ser muy arduo conseguir.

Cuando los soportes digitales todavía eran más una utopía que una realidad, los materiales informativos que mejor admitían su recopilación eran los impresos, porque tampoco se había desarrollado aún la posibilidad de tener un resguardo personal de contenidos en video. Hasta el muy práctico formato del VHS presentaba dificultades porque el proceso de grabar, copiar y almacenar los videocasetes era bastante engorroso. Las publicaciones, en cambio, podían ser conservadas en buenas condiciones, siempre y cuando se contara con el espacio necesario para su acopio y la pericia para clasificarlas y darles un orden que facilite luego la búsqueda.

Para la tarea periodística en las redacciones, los archivos eran una herramienta determinante, casi tan imprescindible como lo es ahora la conexión a internet. La correcta transcripción de nombres, fechas y detalles, solía depender de la memoria de los periodistas. Pero, cuando alguna pieza no encajaba, los archiveros eran los responsables de socorrer al cronista, mediante recortes que aclarasen el panorama. Fue un extenso periodo el que enmarcó esta clase de prácticas, hasta que las computadoras (allá por los años noventa) empezaron a simplificar el asunto, para luego dar paso a las veloces soluciones que brinda la red de redes.

En el camino entre aquel antiguo sistema y el urgente servicio con que se cuenta en la actualidad, fueron quedando atrás puestos y metodologías de trabajo. Y, sobre todo, entró en desuso la función de las publicaciones en papel como el respaldo más práctico y confiable, al que se debía apelar cuando había aspectos dudosos que necesitaban ser pasados en limpio. Esas colecciones, que en muchos casos han sido microfilmadas o digitalizadas, son en estos días piezas de museo que apenas si se prestan para el uso de los historiadores, cuya labor se caracteriza por una paciencia de la que carece el periodismo.

Durante décadas, la revista española Rock de Lux, más conocida como RDL, fue algo así como la biblia de los rockeros hispanoparlantes, sobre todo por el rigor que le daba al tratamiento de la cobertura del panorama del género en Europa y Estados Unidos. Mediante artículos que bien podrían inscribirse dentro de la tradición británica de la crítica de rock, RDL hizo escuela y abrió las cabezas de muchos escribas que, asfixiados por los mandatos del gueto local, encontraban allí el ejemplo de cómo se debía abordar un género musical en constante mutación.

Con el paso de los años, el rock sentó cabeza, la prensa gráfica declinó y los ejemplares de Rock de Lux atesorados como un precioso material de consulta, fueron desplazados por el mucho más rápido procedimiento de googlear. Tras dar el lógico salto al formato virtual hace ya bastante tiempo, la RDL ha dejado de salir como revista impresa, al igual que muchas otras de su tipo en distintos lugares del mundo. Su existencia cubría una necesidad que, aparentemente, ya no se registra. Aunque podamos sospechar en voz baja que es al revés; que productos de esa calidad se necesitan más que nunca.