Llaryora, el SUOEM y la pedagogía que viene de China

Para los teóricos del conflicto, Martín Llaryora está librando una guerra de baja intensidad, todavía sin grandes batallas, en contra del SUOEM. Esto, sin embargo, no debería llamar a engaños: en cuanto puedan, los municipales intentarán derrotarlo con todas las armas a su disposición. Lo han hecho con otros; querrán hacerlo también con él.

Por Pablo Esteban Dávila

Para los teóricos del conflicto, Martín Llaryora está librando una guerra de baja intensidad, todavía sin grandes batallas, en contra del SUOEM. Esto, sin embargo, no debería llamar a engaños: en cuanto puedan, los municipales intentarán derrotarlo con todas las armas a su disposición. Lo han hecho con otros; querrán hacerlo también con él.

Las estadísticas no ayudan al peronista. Todos sus antecesores, sin excepciones, terminaron claudicando ante las pretensiones gremiales. Ramón Mestre, el primero después de Rubén Martí en totalizar ocho años al frente del Palacio 6 de Julio, apenas que pudo anotarse la victoria moral de jubilar a Rubén Daniele por decreto. Aunque fue un golpe a la conducción gremial, esto no sirvió de mucho a la hora de moderar el peso del costo salarial que debe afrontar, mensualmente, el municipio.

Llaryora, en consecuencia, lucha contra la inercia del pasado y la ley de las probabilidades. Pero, esta vez, parece haberse trazado un plan para terminar con el cogobierno de sus empleados. ¿Habrá leído El Arte de la Guerra? Tal vez sí, tal vez no. No obstante, algunas de sus recientes acciones parecen inspiradas en las máximas de Sun Tzu.

“En el miedo del caos existe también la oportunidad”, sostuvo el general chino 500 años antes de Cristo. El intendente coincide con eso. En el medio de la pandemia por el coronavirus, y con los temores que esta amenaza produce entre la población, decidió recortar una hora la jornada laboral de sus dependientes. Esta decisión, de por sí muy fuerte, se complementó con recortes masivos de horas extras y con el eufemismo de las prolongaciones de jornadas.

Aprovechar las oportunidades no garantiza, por supuesto, la victoria. El adversario siempre puede reaccionar, y hacerlo con suficiente solvencia como para hacer recular al oportunista. Hace falta algo más para que las ocasiones que ofrece el desconcierto permitan, en definitiva, quedarse con la última palabra.

Nuevamente El Arte de la Guerra: “Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan”. Es un hecho que Llaryora sabía, antes de jurar, que no podría contar con el SUOEM para llevar adelante ninguna de sus políticas, mucho menos sanear el municipio. Debía, por lo tanto, debilitarlo y, para tal cosa, contar con una estrategia sustentable, que tolerara las clásicas mojadas de oreja con las que el sindicato prodiga a los funcionarios en los primeros días de gestión.

¿Obedeció a este principio la utilización a destajo de los Servidores Urbanos y la creación de los “Promotores de Convivencia”? Posiblemente sea mera casualidad, pero ambos recursos parecen surgidos de una adecuada planificación para el conflicto, una auténtica maniobra de pinzas pensada sin exasperación ni apuros.

Los Servidores existen desde hace tiempo, pero su visibilidad era marginal. Consisten en miembros de cooperativas que son contratadas por el municipio para tareas que demandan mano de obra intensiva y para las que sus propios empleados son muy caros o improductivos. Ramón Mestre los usó poco, casi de compromiso, pero su sucesor está empleándolos en forma masiva. No hay sector de la Ciudad en el que no se los vea trabajando. En ciertas tareas, su empleo es un desafío directo a las áreas operativas del municipio, la fuerza de choque del SUOEM.

En cambio, los Promotores son una creación exclusiva de la nueva administración, tal como informó ayer Felipe Osman desde estas páginas. Instituidos como profesionales abogados destinados a fomentar el respeto a la convivencia urbana dentro de los Tribunales Administrativos de Faltas, la letra chica de la ordenanza de su creación dispone, además, que podrán actuar como inspectores a requerimiento de la autoridad. Esta es una novedad absoluta, toda vez que estos podrían suplir a los inspectores tradicionales.

Si se acepta que, por experiencia, las mejores iniciativas de los intendentes se han caído por que la ciudad no puede soportar semanas enteras sin servicios ni inspecciones debido a las huelgas de sus empleados, debe convenirse que las pinzas ideadas por el Departamento Ejecutivo tienden, en trazo grueso, a suplir ambas funciones con personal ad hoc y alineados con las políticas oficiales. Este es un reaseguro de que las fuertes decisiones adoptadas por el intendente no serán abrogadas, simplemente, por las violentas medidas de fuerza que caracterizan al sindicato.

Esta realpolitik puede que no sea del agrado del todo el mundo -no sólo de los gremialistas- y que, incluso, merezca reprobaciones de sectores afines al peronismo, pero es lo que Llaryora ha decidido que debe hacerse. “Preocúpate por la aprobación de las personas y serás su prisionero”, señala Sun Tzu desde el pasado. Reparar excesivamente en el asentimiento social puede derivar en el secuestro de las prioridades del gobierno por parte de la opinión pública. Los antecedentes son generosos al señalar que, en los inicios de cualquier conflicto municipal, los vecinos se ponen del lado de las autoridades, pero que este respaldo disminuye a medida que la ciudad comienza a resentirse. Mejor no ser cautivo del beneplácito público si lo que se pretende es, en el fondo, garantizar el éxito de la gestión en el largo plazo.

Claro que no debe asumirse que las cosas serán, en adelante, tan lineales como hasta ahora. En algún momento, la cuarentena terminará de flexibilizarse y el SUOEM regresará a las dependencias municipales y a la protesta callejera. Será esta la oportunidad de medir fuerzas aunque, esta vez, el poder político tendrá la ventaja de haber mantenido la iniciativa durante un tiempo considerable. Desde las épocas de Mestre padre que esto no ocurría. ¿Alcanzarán los lineamientos ya establecidos para resistir el embate?

“Cuando los adversarios están en posición favorable, debes cansarlos. Cuando están bien alimentados, cortar los suministros. Cuando están descansando, hacer que se pongan en movimiento”, prescribe asimismo El Arte de la Guerra. ¿No es esto lo que ha hecho el peronista, hasta el presente, con los conducidos por Beatriz Biolatto? Las semejanzas pueden que no sean, después de todos, una casualidad. Reclinado en la poltrona de su despacho, las manos entrelazadas detrás de la nuca, el intendente tal vez concluya, por estas horas, que no sólo la pandemia del Covid-19 vino de China, sino también la pedagogía necesaria para transformarla en su mejor chance política.