Gabinete tocado: las redes torcieron el brazo de Llamosas

En sus cuatro años de gestión, el intendente modificó su equipo de gestión en múltiples oportunidades, reaccionando directamente a los escándalos que ponían en riesgo su imagen. Las críticas provenientes de la opinión pública y la gran exposición mediática provocaron fuertes volantazos en la Municipalidad.

Por Gabriel Marclé

“Llamosas tiene que dejar de gobernar por Twitter”, afirmaba días atrás Eduardo Scoppa, candidato a intendente. En esta expresión se pueden separar dos cuestiones que al mismo tiempo están vinculadas. Por un lado, una crítica a la posición de gestión adoptada por un intendente que está muy presente en plataformas como Twitter y Facebook. Por el otro, el análisis de una realidad indisoluble: hoy por hoy, la voz de los políticos se escucha más por las redes sociales que frente a un micrófono o en una charla con vecinos. Pero es un ida y vuelta, puesto que el feedback de los usuarios -puestos aquí como potenciales votantes- puede cambiar el rumbo de una decisión política de manera contundente.

Esa presencia en las redes se puede presentar como una ventaja, pero también expone con mayor claridad ciertas falencias. Ejemplo de esto se dio en los últimos días, con el ya tratado caso Grippo. Llamosas respondió rápidamente al enojo manifiesto tras las declaraciones periodísticas del ahora ex director de la Maternidad Kowalk. Ojo, la presión vino de arriba, con un tuit de repudio por parte de la diputada Alejandra Vigo -quien casualmente es la esposa del gobernador Schiaretti- y de seguro algún llamado telefónico que aceleró el pedido de renuncia. La fórmula que proponen las redes del presente es muy simple: Si algo que se dice no es del agrado de la mayoría, quien lo diga será “cancelado” (terminología actual que significa dejar de seguir o escuchar a esa persona).

Si hablamos de “cancelar” en base a la presión social ejercida desde la pantalla de una computadora, Llamosas ya tiene varios partidos jugados. Algunos integrantes de la oposición comenzaron a llamarlo “el intendente virtual”, manifestando que sus decisiones se basan en la cantidad de “me gusta” y “retuits” que tenga una noticia. La chicana se asienta en el aspecto más digital del intendente, quien de seguro no pasa mucho tiempo en su celular, sino que cuenta con un equipo de comunicación a cargo de ese “espionaje” en las redes. Pero la reacción popular se mide con mayor facilidad a partir de estas herramientas que brindan las tecnologías del presente, y más de una vez lo obligaron a pegar varios volantazos.

La foto que retrataba la asunción de nuevos funcionarios, en el abril de la gestión allá por 2016, solo tenía a caras sonrientes. Poco a poco, con el pasar de los escándalos, esas caras se fueron transformando y hasta desapareciendo. Aquel “equipo Llamosas” de hace cuatro años fue cambiando figuritas, casi siempre por situaciones particulares que generaron rechazo por parte de la comunidad.

El primero en caer fue Emilio Simón, uno de los nombres fuertes de la llamada “juventud” del espacio llamosista, quien ocupando el cargo de tribuno de cuentas se vio envuelto en el primer escándalo de la gestión. La justicia comenzó a investigar la denuncia realizada por integrantes del Partido Respeto, quienes revisando los números del Municipio se encontraron con una situación bastante irregular: al parecer, Simón estaba cobrando por ambos lados del mostrador.

Resulta que meses antes de asumir, el funcionario tenía acciones en una empresa gastronómica que más adelante terminaría vendiendo servicios de catering al Municipio por un valor de 271 mil pesos. El abogado se excusó aclarando que se había desecho de las acciones antes de asumir, pero la destinataria de esos recursos fue su pareja. La turbidez de esta situación, sumada a la reacción en redes sociales y el fuerte tratamiento periodístico que se le dio al tema por aquellos días, llevaron a que Llamosas le pidiera la renuncia. No se había cumplido ni un año de su asunción, y el intendente intentaba expurgar a su equipo de cualquier potencial complicación.

Al poco tiempo fue la subsecretaria de Niñez, Adolescencia y Familia, Sara Bergesio, quien dejó su cargo. Esta vez no se habló de Llamosas, pero la definición fue tomada en el despacho del intendente. Brotaban las críticas por una supuesta “inacción” de la funcionaria, quien además había tenido varios encuentros desafortunados con la prensa por su desconocimiento de cuestiones sensibles que dependían de su área.

Pero el mayor revuelo de todos se produjo casi un año después. Una empleada del Ente Descentralizado de Control Municipal -Edecom- fue apartada y denunciada por haber cobrado cheques al portador que formaban parte de la administración del ente. El problema es que la irregularidad no solo se llevó puestos a los directivos del Edecom -con la renuncia del titular, Pablo Pellegrini, y sus subordinados Javier Gabutti y Juan Pablo De Biasi-, sino que llegaría a generar daño al círculo más cercano del intendente: la empleada acusada denunció al Jefe de Gabinete, Mauricio Dova, manifestando que fue él quien habilitó el cobro de los cheques para saldar viejas deudas.

Al tratarse de un nombre de importancia para la gestión, llegó a pensarse que Dova sobreviviría a este escándalo, más aún por el apoyo que recibía de parte del intendente quien hasta le creó una secretaría, la de Políticas Sociales, para quitarle exposición -y la crítica de otros funcionarios- que le daba la jefatura de Gabinete. Pero la presión mediática y el poder de la opinión pública llevaron a que el mandatario se quedara sin uno de sus laderos más importantes.

De todas maneras, se desligó de la definición y dijo que Dova renunció “por razones personales”, aunque agregó que “no importa si somos amigos, por encima de cualquier relación personal está el proyecto y la gestión”. Se interpretaba que no quería estar en el medio de cualquier proceso judicial que involucrara a su compañero, algo que sin duda podía dañar su posición.

A Llamosas llegaron a tildarlo de traidor, de ir contra sus compañeros. Pero por el otro lado, la lógica reacción de la sociedad frente a las irregularidades no le dejaron mucho margen de acción. Si hasta uno de los máximos referentes del justicialismo local debió abandonar su cargo por una polémica. Fue Victor Núñez el que “presentó su renuncia” en octubre de 2019 tras ser acusado de utilizar irregularmente los viáticos del Emos -ente del cual era director técnico- para realizar viajes a Mendoza, donde reside su familia. El intendente fue eje de fuertes críticas frente a esta situación, con notas periodísticas y publicaciones particulares que se viralizaban a través de Facebook, Twitter y Whatsapp. A poco de comenzar la campaña, Llamosas se tenía que ocupar rápidamente del tema y se terminó desligando de un dirigente histórico del peronismo local, no sin ganarse el rechazo de algunos socios políticos.

Pero, ¿por qué cancelar a unos y a otros no? Por ejemplo, la responsable del área de Recursos Humanos de la Municipalidad, Susana Isabel Cucco, fue imputada por falso testimonio en una causa iniciada por el descuento de haberes a trabajadores municipales para el financiamiento del Partido Justicialista, algo que el oficialismo definiría como “un error administrativo”. Las sospechas estaban, el caso llegó a la justicia, pero el impacto que tuvo en la opinión pública no tomó el grado de escándalo. Además, el hecho denunciado se produjo hacia el comienzo de la gestión de Llamosas, en plena “luna de miel” para el Gobierno.

Más cercanas en el tiempo están las denuncias contra la subsecretaria de Derechos Humanos, Daniela Miranda, acusada de maltratar y acosar laboralmente a dos empleadas trans. Más allá del repudio expresado por la minoría LGBT de la ciudad, la reacción de la sociedad fue insignificante. Más importante fue que la Municipalidad y la funcionaria en cuestión fueron respaldados por agrupaciones de Derechos Humanos, afines políticamente y cercanos a la gestión. Los mismos que días atrás pidieron la renuncia del director de la Maternidad Kowalk por sus dichos “discriminatorios hacia las mujeres”, no se expresaron de la misma manera cuando el acusado era uno de los suyos. El “albertismo” -representado por el espacio político ParTE- pidió la cabeza de Grippo pero no la de Miranda. Llamosas los necesita más cerca que al médico destituido, radical declarado.

La vida política está llena de encrucijadas, algunas de las cuales se presentan como pruebas de fuego que separan a los capacitados de los inútiles. No se puede tomar siempre las decisiones correctas, por eso es mejor contar con la ayuda que proveen herramientas como las redes sociales para guiar las definiciones y achicar el margen de error. No es la opción correcta, sino la necesaria. Al final del día, no importa tanto la coyuntura cuando el techo amenaza con caerse. Y ya que se tiene el poder de hacerlo, es mejor borrar a los problemáticos -aunque sean propios- antes que ser cancelados por la opinión pública.