Los viejos radicales ya olvidan por qué pelean

Negri, Becerra y Nicolás son las caras de un radicalismo que ya no sabe pelear por el poder.

Por Horacio Bogú

¿Qué queda del radicalismo en Córdoba, más allá de la historia? Como cualquier frente trostkista universitario, el partido rojo se desarma en internas y facciones que lo alejan cada vez más del poder.

Por supuesto que esto no tiene que ver con las banderas del partido (que están bien planchadas y guardadas en los corazones de los de boina blanca) sino con los divismos de numerosos dirigentes que se creen dueños de la verdad partidaria. En algún punto son como las diversas sectas cristianas: todos dicen lo mismo, aunque ningún pastor quiere compartir la limosna que dejan sus feligreses.

En esos enredos de personajes que están pisando (o han cruzado) el umbral de la jubilación, no se puede dejar de mencionar a aquellos que -como los viejos jugadores de fútbol- sólo sobreviven en la memoria de los que más disfrutan de la disciplina.

Mario Negri, Carlos Becerra y Miguel Nicolás son nombres históricos y reconocidos dentro del radicalismo cordobés, de aquellas lejanas épocas (hace más de dos décadas) en las que los seguidores de Yrigoyen todavía tenían dientes para morder, no como en los tiempos actuales que necesitan de algún socio con tracción electoral para que les ponga la comida en la boca.

Fue en este medio, en las páginas de ayer, que se publicó una entrevista con Carlos Becerra, rostro del progresismo alfonsinista en el centenario partido. Aunque esa corriente electoral fue sepultada tras el fracaso económico del gobierno de Raúl Ricardo Alfonsín, nunca dejó de expresar su descontento con básicamente cualquier cosa que el partido o sus hombres fuertes decidieran hacer para mantenerlo vivo.

Allí cargó las tintas contra Mario Negri, al que consideró -paradójicamente- el responsable del fracaso electoral de 2019. Nunca está de más recordar que Negro fue el candidato más votado de las dos fórmulas opositoras a Schiaretti.

Miguel Nicolás es otro de los grandes expertos en aquellas cuestiones de vivir por siempre de la política, dedicando la vida a una militancia que nunca lo dejó varado sin saber hacia dónde ir.

Ninguno de los dos ahorró críticas para con el diputado, que lleva una vida sosteniéndose económicamente en la función pública, nada que no haya hecho tanta otra gente de los distintos partidos políticos nacionales. La función pública pareciera ser una especie de enfermedad contagiosa e invalidante, que le impide al que ha entrado en contacto con el sector público volver al sector privado (aunque los papeles no lo dejen a la vista).

Becerra y Nicolás son sólo dos caras de un radicalismo que quiso romper con Cambiemos para defender sus principios históricos, fracasando en casi todos los distritos y sirviendo el triunfo en bandeja a un kirchnerismo que casi no tenía candidatos potables en ningún lado. Ese radicalismo intransigente fue el que hizo que el entonces oficialismo pierda en casi todos lados (y hoy dé las gracias por no estar gestionando esta crisis).

La añoranza por la vieja lista 3 los juntó a todos contra el dedo de Macri, tal vez el único dirigente político que no perdió caudal político en la provincia (aunque esto se deba mayormente a su condición de antikirchnerista, algo de lo que no pueden presumir muchos radicales). Los caprichos de los que no quieren aceptar que ya están para hacer el certificado de supervivencia en lugar de gestionar la cosa pública empujaron al radicalismo a su sexta derrota en una elección por la gobernación.

Tal vez a Becerra y a Nicolás (que tienen sus seguidores, son fuente de consulta o manejan el territorio, todos valores fundamentales cuando se quiere construir una opción electoral con vocación de poder) no les haya gustado la actitud de Negri, con acusaciones de personalismo. ¿Cuántos votos sacarían las listas si fuese  encabezadas por los ofuscados opositores internos del ex vicegobernador?.

Tal vez los amigos radicales -con su amor por el pasado y los ajados papeles amarillos de un pasado lleno de gloria- puedan recordar cuando el mismo Negri al que hoy señalan como responsable de la derrota mantuvo viva a la lista 3 encabezándola en aquel lejano 2007, cuando todos suplicaban por una alianza con Luis Juez. Becerra y Nicolás, nobleza obliga, apoyaron a la 3. Y tampoco ganaron, como el año pasado, que tampoco quisieron ir con Juez.

El internismo radical es acaso lo que más ha conspirado contra su posibilidad de acceder al poder. Quizás cada dueño de su quintita quiere mantener ese pequeño espacio del que viven tantos correligionarios. Al final los radicales terminan siendo como Los Tres Chiflados, que aunque se peguen y se maltraten, no se pueden separar sin dejar de existir. El recambio generacional hace rato viene pidiendo pista en el gerontocrático partido. Si no pone cada uno lo suyo para arreglarlo, ya Cronos se va a encargar de ello.