El pasado no resuelto

Una interesante mirada sobre la discriminación racial y también sobre las endebles bases que sirvieron para construir el imperio de la industria cinematográfica estadounidense, es la que ofrece la serie “Hollywood”, producida por Ryan Murphy y disponible en Netflix desde el mes de mayo.

Por J.C. Maraddón

Aunque vivamos un presente de cambios vertiginosos, existen cuestiones no resueltas del pasado que vuelven una y otra vez a entrometerse en la actualidad, donde con frecuencia son objeto de análisis sin que nadie pueda explicarse cómo es que todavía siguen vigentes. Problemas que se vienen arrastrando desde hace siglos y que parece insólito que no se les haya encontrado aún una solución, siendo que las nuevas tecnologías suponen un alivio para muchos inconvenientes que hoy ya no lo son. Cada tanto, estos resabios de antiguos enfrentamientos retornan, porque las razones que los desataron se mantienen a pesar del paso del tiempo.

Nacida con el primer gobierno patrio, la disputa entre federales y unitarios es una de esas rémoras que en nuestro país subsisten desde hace más de 200 años, más allá de todos los regímenes que atravesamos. Porque hasta aquellos gobiernos que ostentaron un supuesto federalismo, terminaron favoreciendo la distribución inequitativa que está en nuestra matriz, donde Buenos Aires detenta el poder y el resto de los distritos está obligado a acatar ese mandato. Desde guerras civiles hasta intercambios verbales subidos de tono, ese conflicto recorre de cabo a rabo la historia argentina como ninguna otra temática.

Cada nuevo gobernante, ya sea porteño o del interior, ha proclamado en sus discursos la voluntad de acabar con esa deformación en la manera de repartir riquezas y atribuciones en el territorio argentino, pero en los hechos muy pocas veces se ha plasmado ese ideal. Es tan fuerte la desigualdad de esa ciudad portuaria y cosmopolita con respecto a la realidad provinciana, que ni siquiera la globalización que ha uniformizado los usos y costumbres universales ha podido equiparar esa relación tan despareja, que en el tercer milenio sigue tan presente como en la época en que se debatía entre civilización o barbarie.

Estados Unidos, una nación a la que muchos consideran señera en cuanto a la defensa de las libertades democráticas, tampoco logra superar el bochorno de la discriminación racial, que se remonta varias centurias hacia atrás, cuando los padres fundadores dejaron sin resolver de modo explícito la ignominia de la esclavitud. Esa mano de obra cautiva que había sido traída desde África, resultaba imprescindible para la expansión de las plantaciones de algodón en los estados del sur, que eran una de las principales fuentes de ingresos para la economía estadounidense. De hecho, la misma Guerra de Secesión a mediados del siglo diecinueve se desató a raíz del despropósito de continuar sosteniendo una institución inhumana.

El estallido social que se ha producido en estos días en Estados Unidos, por el caso de abuso policial cometido contra un afroamericano, es el más reciente episodio de una cadena de acontecimientos similares que se escenifican periódicamente en la gran potencia norteamericana. Allí, la disparidad de derechos según el color de piel no se agota ni siquiera a esta altura de la evolución, cuando se supone que semejantes atrocidades deberían haber sido abolidas, aunque los hechos demuestran que ciertas mentalidades se obstinan en seguir discriminando.

Una oportuna mirada sobre ese ítem, y también sobre las endebles bases que sirvieron para construir el imperio de la industria cinematográfica estadounidense, es la que ofrece la serie “Hollywood”, producida por Ryan Murphy y disponible en Netflix desde el mes pasado. Ambientada en Los Ángeles después de la Segunda Guerra Mundial, sigue las peripecias del proyecto de un filme escrito y protagonizado por dos afroamericanos. A lo largo de siete episodios, esta osadía cosecha premios y sobre todo castigos, en un tiempo en que el sueño de triunfar en la pantalla grande todavía estaba reservado en exclusiva para artistas de raza blanca.