Conflicto municipal: el PJ va un paso adelante, pero pisa mal

Una combinación de fortuna y planificación justifican la actual supremacía del Palacio 6 de Julio sobre el Suoem en el conflicto municipal. Pero la cuarentena empieza a disolverse. Dos cosas necesitará el oficialismo para seguir dominando: dividir al gremio y disminuir los costos colaterales de las propias iniciativas.

Por Felipe Osman

Nadie sabe a ciencia cierta en qué empleó el PJ los siete meses de transición que separaron las elecciones del 12-M de la asunción de Martín Llaryora al frente del Palacio 6 de Julio. Pero por el curso de los acontecimientos, cabe presumir que buena parte de ese tiempo se dedicó a planificar un capitulo esencial para cualquier gestión que quiera pasar por la Municipalidad sin convertirse en un fracaso político: reducir los costos fijos de la ciudad para avocar ese dinero a ejecutar obra y mejorar la calidad de los servicios públicos que se ofrece a los vecinos.
Desde luego, este objetivo encontraría (y encontró) al Suoem como principal resistencia. Contener las pretensiones del sindicato, cuyos representados consumían -en un escenario pre-coronavirus- más del 65 por ciento de la recaudación, es el asunto pendiente de cada una de las administraciones que se sucedieron al frente del municipio durante las últimas décadas, y a esta batalla el peronismo parece haber dedicado largos meses de estudio.
¿Por qué? Porque hay un patrón que se repite. Cuando la gestión desembarcó, algunos meses antes de que el mundo fuera detenido por el avance de la pandemia, lo hizo con un puñado de ejes centrales: descentralización, digitalización y potenciación de los espacios verdes.
Los dos primeros chocan de frente con el sindicato. La descentralización, particularmente la de las Áreas Operativas, sirve a los fines de desarticular el principal brazo de resistencia del Suoem, dividiendo las reparticiones más beligerantes del gremio en desprendimientos dispersos en cada CPC. La digitalización, busca sacar de las oficinas administrativas -y, por lo tanto, de las manos de empleados que responden mayoritariamente al sindicato- los expedientes, quitando al Suoem una fuente de información, por un lado, y de poder de obstrucción, por el otro.
La potenciación de los espacios verdes era, por ser barata, la única forma de presentar algunos resultados, algunas obras, antes de lograr un ajuste que diera aire a las cuentas del municipio.
Después, con ya algunos meses al frente del Palacio Municipal, el peronismo empezó a robustecer un programa que resultaría luego clave en su embestida contra el gremio: el de los Servidores Urbanos. El origen de la iniciativa, en realidad, antecede por largo al oficialismo, pero éste (hábilmente) se valió de ella para crear una “reserva” que pudiera diluir un paro extendido del sindicato. Hoy, la ausencia de las Áreas Operativas del municipio en las calles de la ciudad, para realizar las tareas más urgentes, puede ser suplida por los Servidores Urbanos.
El patrón continúa. Cuando a fines de enero, disimulada por la votación del traspaso de Aguas Cordobesas a la ciudad, se votó la creación de los Promotores de Convivencia dentro el ámbito de la Justicia Municipal de Faltas, pocos podrían haber adivinado que se estaba institucionalizando un plantel que también serviría como contrafuego para el Suoem, tomando las tareas de inspección más urgentes ante una huelga dilatada de los inspectores.
Por esas medidas el oficialismo empieza a pagar algún costo político. Muchos apuntan que estos nuevos planes terminarán por engrosar los ya desbordados planteles municipales. Y es un riesgo. Pero también es un medio del que difícilmente se pueda prescindir si el objetivo final es aplacar las exorbitantes partidas que la ciudad debe pagar mes a mes para sostener salarios que muy lejos están de encontrar relación con los salarios que se pagan en el sector privado e, incluso, en casi todas las restantes dependencias del sector público.
Sin embargo es probable que el oficialismo esté pagando hoy un costo político mayor al necesario. Entre los municipales, no todos los empleados quieren contender con el oficialismo. Y menos aún en momentos en los que la balanza se encuentra claramente inclinada a favor de la gestión.
Distintos observadores, a uno y otro lado del conflicto, están convencidos de que en esas canteras debería explorar Hacemos por Córdoba.
Contar con aliados dentro de los planteles municipales traería aparejado un doble beneficio para quienes hoy ocupan los puestos de mando del Palacio 6 de Julio. Por un lado, se encontraría dentro de la planta estable del municipio a buena parte de la mano de obra que la gestión necesita para no quedar paralizada por las medidas del sindicato. Por el otro, dividiría las aguas adentro del propio Suoem.
Ambos efectos empezarán a resultar indispensables para el oficialismo en las semanas que vienen, en las que la cuarentena irá cediendo y el regreso de los empleados al Palacio Municipal, los CPC y las demás reparticiones no podrá ser postergado mucho tiempo más.
El Ejecutivo cuenta con los medios necesarios para encausar un regreso paulatino a la normalidad sin retroceder. Bonificaciones, horas extra, prolongaciones de jornada y “chapas” de inspectores son por él concedidas o retiradas. Queda por ver si también hay un plan para emplear esas herramientas.