Posibilidades de una campaña con barbijos

Por Guillermo Geremía

¿Cuál será la primera fuerza política que se anime a transformar el tapabocas en un recurso de merchandising? La campaña electoral que empezamos a desandar va a estar atravesada por la incertidumbre de lo desconocido, electoralmente hablando. El escenario que teníamos en los primeros días de marzo fue arrasado por el tsunami del coronavirus que, en términos políticos, ha provocado efectos devastadores. Nadie sabe bien sobre qué terreno está ahora parado. Menos aún, cómo impactarán las acciones realizadas o no ejecutadas durante los más de setenta días que llevamos de aislamiento social obligatorio.

Cuando en la primera quincena de marzo se suspendió la campaña, reprochábamos por la pobreza de ejes de debate, por la carencia discusiones públicas en torno de los asuntos del Estado local y por la chatura de los mensajes de la mayoría de los candidatos. Aquel ya lejano tiempo, aunque hayan pasado solamente tres meses, tenía la certidumbre de un hipotético resultado electoral en el que solamente había que esperar la proporción en la distribución del poder que las urnas determinarían. Como en cada carrera hay favoritos pero el azar o el humor social se guardan casi siempre una sorpresa.

La gran pregunta inicial que sobrevuela a los asesores y los propios protagonistas de la puja eleccionaria es dónde colocarse y qué decir sobre este tiempo de pandemia y sus derivaciones. Es inevitable que una porción de los votos esté influenciado por lo ocurrido durante los meses del coronavirus. El polítólogo Santiago Polop considera que “el actual modelo político está signado por la inmediatez”. La fuerza de la tecnología potenciada por las redes y de los mismos poderes que intentan hacer olvidar la historia y regirse por el presente, hará que se plebiscite la pandemia que es lo más cercano en el tiempo.

En términos generales, las encuestas le dan un gran apoyo a la presencia del Estado, a la manera de conducir una situación que en países en donde fue dejado librado a la suerte de los individuos ha provocado desastres humanitarios. Para el docente universitario, si se mide en estos términos va a ser beneficioso para el oficialismo. “Pero también es un flanco fácil para el resto de las fuerzas para atacar al oficialismo por exceso o por defecto. El que lo ataque por exceso dirá que el intendente ha olvidado otros problemas y quienes lo hagan por defecto cuestionarán que no ha hecho lo suficiente para salvaguardar a la población de la enfermedad o de los efectos de la pandemia, sobre todo el efecto económico”, asegura Polop. En este contexto los más afectados al decir del analista, serán los sectores de la política que apuestan o han apostado siempre a una perspectiva más individualista del rol del sujeto en la sociedad. Por eso están intentando desviar el discurso sanitarista del Estado al discurso autoritario del Estado. No tiene dudas que en la campaña será inevitable el uso del factor covid-19.

La duda pandémica

“Es un escenario absolutamente desconocido hacia adelante el que determina la pandemia, y el plano político no escapa a ello”, opina la consultora Paola Brero. La planificación de una campaña tradicional a través de una investigación y la estrategia de elementos repetidos que siempre se ponen en juego, esta vez no van a poder ser tenidos en cuenta. La especialista en comunicación política cree que hoy más que nunca será necesario poner en valor la investigación en la campaña que se viene. Los políticos y sus asesores deberán tener en cuenta más que nunca el humor social que está afectando a la mayoría de la gente y decidir desde qué lugar se va a intentar captar la voluntad electoral de los ciudadanos.

Los temas estándar que habitualmente se utilizan en una campaña no podrán ser aprovechados. “Seguramente van a salir nuevas consignas de referencia dominante. En general las campañas se repiten en cuanto a los ejes, la continuidad o el cambio, oficialismo u oposición. Quizás hoy hay nuevos ejes que tienen que ver con el desafío que va a tener un candidato de decir ‘me muevo en el plano de la certidumbre o de la esperanza’ o, en la antítesis de eso, ‘me imagino que va a haber un nuevo desafío’, empezando a entender las modificaciones en cuanto a los hábitos de vida y laborales; eso me parece clave para interpretar el contexto”, asegura Brero.

La pandemia ha amputado uno de los principales recursos al que la política apela en cada tránsito electoral. El cara a cara, la visita barrial, los encuentros grupales o actos de campaña, recursos fundamentales en ciudades como Río Cuarto, deberán ser sustituidos por otras estrategias. “Es un elemento con el cual el candidato contaba que hoy va a estar de alguna manera condicionado, a no ser que el panorama cambie completamente de acá a septiembre”, dice la consultora que ha trabajado en las últimas campañas electorales riocuartenses.

La política del territorio no se reemplaza con la comunicación digital, pero en este contexto van a tener un desafío muy fuerte para sostener la campaña sin poner el cuerpo, perfeccionando los mensajes en los medios tradicionales (radio, televisión y diarios) y la potenciación del uso profesional del marketing digital. “Un candidato que tiene carisma en lo territorial no creo que pueda generar la misma empatía por la vía remota, entonces hay que replantear nuevas maneras y sobre todo que se vuelva verosímil desde lo digital”, explica.

Para el también filósofo Santiago Polop, la ausencia del espacio territorial alimenta la “lógica de la billetera”. El oficialismo será quien tenga para ofertar a la vista las políticas que se han impulsado y la oposición se dirimirá en quienes tienen más recursos para invertir ante la falta de calle. “Las fuerzas de menor capacidad económica me parece que van a ser los perjudicados en esta nueva normalidad electoral. Las empresas de comunicación y también las redes sociales son medios pagos y ahí la billetera cuenta y mucho”.

El virus de la apatía

Ver a políticos pidiendo el voto en el medio de un calendario donde son dominantes los asuntos individuales o colectivos derivados del coronavirus, resultará todo un rompecabezas de difícil armado. Tanto a quienes tienen que seducir al votante como a quienes deban analizar esos comportamientos.

”Hoy tenemos una sociedad que está depresiva por un lado y que está ansiosa por el otro, por lo que se observa en los medios, en todo este contexto hay poco humor para la política”, dice Brero. La especialista en comunicación apela a la moderación, a la precaución y a buscar sintonizar de la mejor manera con el humor de los votantes. Para Polop, la apatía de los ciudadanos no va ser sustancialmente modificada por la pandemia: “Los indiferentes de la política lo seguirán siendo y los ocupados de la política, lo serán aún más porque el coronavirus ha expuesto una demanda adicional de la política que no admite la neutralidad y eso puede ser utilizado en buen o mal sentido pensando en el interés general”, afirma.

¿La obra pública como promesa electoral?, ¿la mejora en la calidad y el costo de los servicios cómo estrategia de captación de votos?, ¿las necesidades de los votantes están alineadas con una nueva salud pública?, ¿son soluciones económicas las que demandan los ciudadanos? Interrogantes que no tienen respuesta en el comienzo de una campaña de cuatro meses que tendrá al covid-19 y la cuarentena como dos intrusos de impredecibles consecuencias en las urnas a esta altura de las circunstancias. “El acercamiento que pueda tener el político en campaña va a depender mucho de qué relato construya y entienda qué es lo que quiera escuchar en este momento la gente”, concluye Brero. Así son las cosas.