La brújula de Brieva apunta siempre al fracaso

Por Javier Boher
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¿Hace falta desear que Argentina sea otro país? No es por chauvinismo ni por nacionalismo barato, pero parece que acá hay suficientes particularidades como para querer ser otro país. ¿Justo después del 25 de Mayo nos vamos a largar a pedir ser como otra nación? No parece muy acertado.

A raíz de la ebullición de acusaciones  por el hastío frente a la cuarentena perpetua, tanto los que piden más solidaridad como los que desean la libertad irrestricta han salido a señalar que los del otro lado de la grieta quieren conducir al país al abismo.

Es en ese contexto que otra vez Dady Brieva volvió a las andanzas, profesando su fe política por los medios. No hay dudas de que -si se habla de fe- no se puede hablar de racionalidad ni pensamiento crítico.

Posicionado como defensor del proyecto nacional y popular, le pidió al presidente que acelere para llevarnos a Venezuela. ¿Qué necesidad de querer importar el fracasado modelo bolivariano a una tierra que -milagrosamente- todavía se mantiene dentro del lote de países de mayor desarrollo humano en el mundo?.

No hay mucho para debatir allí, cuando la farsa de las bondades de un gobierno que ha igualado a su pueblo en la miseria y la represión es demasiado evidente como para ocultarla tras un relato idealizado a la cubana.

Ya que Dady pide ser Venezuela, buen podríamos abrir un concurso sobre qué país queremos ser una vez que decidamos que este proyecto colectivo llamado Argentina deba dejar de existir.

Seguramente, sus compañeros en MIDACHI bregarían por alternativas distintas. Miguel Del Sel, casi gobernador de Santa Fe por el espacio de Mauricio Macri, seguro se sentiría más identificado con Brasil o Estados Unidos, por su corte de macho popular que haría juego con los perfiles de Bolsonaro o Trump.

El Chino Volpato, de perfil más bajo y siempre tratando de mantener una justa distancia entre sus antagónicos compañeros, pediría por algo más parecido a Uruguay, que no se quiere casar con ninguno mientras mantiene las formas institucionales en pie.

Dentro de los artistas, la mayoría iría por la posición de Dady, aunque no serían pocos los que tocarían alguna de Silvio Rodríguez o Pablo Milanés mientras sueñan con ser Cuba. Quizás así conseguiríamos un ron como la gente y algunos grados de más en la costa, condición fundamental para que los balseros puedan llegar a algún lado.

Entre los políticos, hay un montón de modelos. Al grueso del peronismo se le caen los calzones pensando en que acá podríamos ser como la Rusia de Putin, que te cierra la grieta justicialista seduciendo con su mano de plomo. Entre los más progres no faltarían los que quieran ser como los nórdicos, aunque te la regalo pagar el gas con 12° bajo cero. Además, esos son muy responsables, así que difícilmente funcionaría por acá.

Seguramente, entre los macristas habría de todo. Más de un místico elegiría ser la India más espiritual, aunque más de uno iría por la experiencia full europeo continental. De paso, Máxima Zorreguieta pediría que seamos como Holanda. Claro, sabiendo que le tocaría ser Reina, ¿por qué pediría por otro país?.

Pese a esto, sólo deben asustarnos aquellos a los que les gustaría poner modelos que se probaron fracasados y pasaron de moda. Me imagino a Biondini queriendo ser la Alemania pre 1945, a Grabois pidiendo por la URSS más estalinista posible o a más de un liberalote deseando ser la desigual Inglaterra victoriana.

Finalmente -y viendo cómo gestionan algunos las cuestiones sanitarias- no debería llamar la atención que nos quieran ver cómo Ghana. ¿Ghana? Sí, porque de allí son los bailarines de caoba que cargan féretros y adornan tantos videos virales.

Más allá de la humorada, lo de Brieva no puede ser considerado como algo que pueda presumir de algo de inteligencia o de buen gusto. Incluso, aún yendo más en profundidad, ni siquiera puede considerarse que tenga un ápice de empatía o solidaridad para con el sufrido pueblo venezolano. Partiendo de esa premisa de ignorancia supina, ningún país que sirva de brújula a Brieva nos puede augurar un destino promisorio.