Gremios K y rechazo a la reforma jubilatoria, un oxímoron más

Con la flexibilización de la cuarentena, los gremios que se referencian en el oficialismo nacional llevaron a la acción su rechazo hasta entonces testimonial de la reforma previsional provincial, acompañado de duras críticas al peronismo local. Una postura difícil si se recuerda la posición del kirchnerismo respecto a la situación de la Caja de Jubilaciones.

Muchos de los sindicatos que en Córdoba se referencian en el Frente de Todos tuvieron esta semana, a partir de la flexibilización de la cuarentena dispuesta en la Capital, la oportunidad para llevar a la acción su rechazo a la reforma previsional llevada adelante por el peronismo cordobés el miércoles de la semana pasada cuando, en solitario y de manera sumamente intempestiva, ajustó el déficit de la Caja de Jubilaciones.

La UEPC, liderada por Juan Monserrat, lo hizo con un “apagón virtual” de los docentes. La Asociación Bancaria, Luz y Fuerza y los empleados Judiciales lo hicieron con un paro. Y el Suoem con una masiva movilización que, en rigor, estaba mayormente destinada a rechazar el ajuste que el municipio hizo sobre la jornada laboral -y, consiguientemente, el salario de los municipales-.

Lo cierto es que toda reforma previsional es impopular. Nadie tiende a respaldarla, ni siquiera cuando es hecha para prevenir un mal mayor, como lo sería el colapso del sistema previsional de la Provincia. Y nadie espera que se bienvenida. Muchísimo menos por el gremialismo. La oposición del sindicalismo a una reforma previsional más que esperable es deseable. Ese, y no otro, es el rol que el gremialismo debe jugar en defensa de los intereses que ha sido puesto a tutelar.

Dicho esto, vale también apuntar la incomodísima posición en la que esta situación puso a los sindicalistas firmemente enrolados en el kirchnerismo que, desde luego, miraron para arriba para no mirar para atrás y ver el historial de contradicciones que entraña oponerse a la reforma jubilatoria provincial integrando las filas del Frente de Todos.

El oficialismo nacional debutó en el Congreso con una Ley de Emergencia que implicó, entre tantas otras cosas, congelar las jubilaciones que paga la Nación, que ya eran ostensiblemente menores a las que por ese entonces pagaba la Caja de Jubilaciones de Córdoba y que lo siguen siendo.

Desde luego, lo hizo con el libreto de la solidaridad. El mismo libreto que en la provincia aplicó Hacemos por Córdoba. No es de extrañarse. Siempre que el peronismo ajusta lo hace con ese libreto.

Pero más allá de esta similitud, cabe señalar algunas diferencias que hacen incluso más embarazoso para el sindicalismo que apoya al oficialismo nacional repeler la reforma previsional provincial a pesar de haber aceptado mansamente el congelamiento de la jubilaciones practicado por el Frente de Todos sobre el inicio de su mandato.

El Frente de Todos ajustó las jubilaciones en virtud de una Emergencia Económica derivada de la desastrosa política económica practicada por Cambiemos. Un argumento bastante sólido. Ahora bien, Hacemos por Córdoba podría esgrimir que su reforma previsional se funda no sólo en esa crisis económica de base, sino también en el serio agravamiento de esa crisis obrado por la pandemia y la consiguiente parálisis económica derivada de la cuarentena.

En segundo lugar cabe también señalar que la Nación tiene en su poder una herramienta que le permite fondearse que, aun siendo nocivo para la economía, permitiría que el ajuste no caiga directamente sobre los jubilados: la emisión. Las provincias, en tanto, carecen de esta herramienta.

Ahora bien, si la crítica fueran las formas, hay que decir que congelar las jubilaciones por mayoría simple mediante un artículo perdido en una ley de Emergencia que busca obrar una fabulosa concentración de poder en el Ejecutivo no parece tanto más prolijo que hacerlo en una ley sancionada por mayoría simple, sin respaldo de la oposición y a las apuradas.

Finalmente, y aunque no menos importante, vale la pena señalar un último matiz. El libreto de la solidaridad aplicado tanto por el Frente de Todos como por Hacemos por Córdoba implica recortar las jubilaciones de los que más reciben para mejorar las de aquellos que reciben menos. Esta operación encierra un rédito político para el Frente de Todos. Al hacerlo, el oficialismo nacional le quita a quienes componen la base electoral de la oposición para darle a quienes componen la propia base electoral. Al oficialismo provincial, en cambio, difícilmente podría achacársele lo mismo.

En otras palabras, Hacemos por Córdoba debe soportar un costo político para aligerar el déficit de la Caja de Jubilaciones (y resolver un problema estructural del sistema previsional de la provincia) del que el Frente de Todos está exento.

Todos estos elementos configuran un escenario bastante adverso para los gremialistas que hace meses convalidaron con su silencio el congelamiento de las jubilaciones nacionales y que ahora se enervan por una ajuste que, aún desagradable como todo ajuste, queda lejos de la “armonización” de la Caja cordobesa, tan pretendida por el kirchnerismo. Las jubilaciones de la provincia, aún con esta reforma, siguen estando más cerca del 82 por ciento móvil que las jubilaciones nacionales. De aquel 82 por ciento que Cristina Fernández supo -razonablemente- vetar en 2010.