Pandemia económica: la velocidad de la recuperación no igualará la de la caída

Después de la fuerte caída del 2020, es de esperar que el 2021 muestre una recuperación en V, pero asimétrica y marcadamente dependiente de la evolución del Covid-19. Entre las previsiones más preocupantes a nivel país, es que el segundo semestre es complicado de pronosticar aunque el desempleo superaría 15% y la pobreza rondaría 50%.

En un entorno que se mantiene muy volátil, los mercados financieros globales -también los locales- mostraron algunas señales de optimismo fundamentados en resultados positivos en la lucha sanitaria de algunos países, la inversión de Estados Unidos en el desarrollo de medicamentos y vacunas, y la posible reanudación de acuerdos comerciales con China. Sin embargo, los indicadores de la economía real siguen predominando los números negativos, con algunas excepciones como la leve disminución de los pedidos de desempleo en los Estados Unidos, la suba del petróleo y la recuperación de expectativas empresarias de Alemania.

El economista de la Universidad Austral, Juan  Llach destaca el debilitamiento de la mayoría de monedas, los bonos del Tesoro de Estados Unidos en niveles récord, el riesgo emergente sin variaciones relevantes, los commodities firmes, encabezados por el petróleo pero con la excepción de la soja, y la mayoría de las bolsas recuperándose. “Si en el tercer trimestre hay señales claras de que (la pandemia) está bajo control, puede darse la salida en V asimétrica, primero en los mercados de cotización diaria, y luego, más lentamente, en la economía real”, sostiene.

Advierte que no hay que olvidar que, bastante antes de la erupción de la pandemia, la economía global ya acarreaba problemas importantes, como un excesivo endeudamiento, público y privado, por partes casi iguales, y cercano al 300% del PIB global; claras tensiones comerciales, sobresaliendo las de China-Estados Unidos -ahora en modo de espera, pero irresueltas-; y marcada crisis del multilateralismo.

Respecto al panorama de la Argentina, Llach sostiene que, si tal como pareciera, se llega a un acuerdo con los acreedores, nuestro país se beneficiaría por una cierta recuperación de la inversión y de las exportaciones. “Esta es una condición necesaria, pero no suficiente para empezar a encarrilar a nuestro país. Para ello sería necesario poner en marcha un plan más integral, que incluyera una estabilización drástica y una profunda reestructuración de la política tributaria y de gasto público. Estas políticas se potenciarían significativamente si se orientaran con un enfoque de productividad inclusiva, o sea aumentando simultáneamente la inclusión y la productividad, idealmente acordados entre las principales fuerzas políticas y sociales”, concluye.

Respecto también a este panorama interno, Eduardo Luis Fracchia destacas las dificultades para tranquilizar la economía, con proyecciones de caída de la actividad que oscilan entre el 6% que vaticinan los más optimistas, a un descenso del 11%, que avisaron los más pesimistas.

En relación a la incertidumbre que genera la variable de la inflación, considera que “no parace lógico  un episodio inflacionario que supondría pasar del 3% mensual al 50% mensual. En tanto, algunos analistas plantean cuasimonedas, títulos o soluciones diversas para no malear al peso el cual quedaría muy comprometido con una emisión que ya comenzó a escalar y puede seguir con ritmo creciente.”

En cuando el dólar, señala que el paralelo empujará al oficial y éste último a los precios: “Será una corrida que, de imponerse, puede generar un estallido de precios. Guzmán cuestiona los niveles de tasa de emisión y Pesce, desde el Banco Central, considera que la negociación de la deuda genera tensión cambiaria”.

Fracchia considera que la reducción del gasto público podría moderar la tasa de emisión de pesos, pero la considera poco probable por la decisión política que implica. “En este sentido, el déficit fiscal es creciente y se alimenta del mayor gasto público y de la reducción de la recaudación impositiva. Las erogaciones públicas son necesarias para contener las adversidades de la pandemia en el sector productivo y en los ingresos de los trabajadores, especialmente en los informales”.

Señala que el dólar oficial parcialmente retrasado sumado a las retenciones, desalientan concretar operaciones de venta del campo. “La enorme distancia entre los dólares alternativos y el oficial genera una distorsión que se torna grave al superar con creces el 30% que se considera crítico. En estos momentos se sitúa en 80%. A su vez, la suba del dólar en Brasil complica el tema cambiario y explica también el potencial ascenso de los precios en el futuro cuando el dólar oficial seguramente crezca”.