Los “enemigos íntimos” de Castoldi

El presidente de Instituto manifestó un sincero repudio hacia algunas expresiones contrarias a su gestión dentro del mismo club que dirige. Por eso, graficó con esa frase de que “hay gente deseando que el equipo pierda”, como ejemplo de una institución dividida, por dentro y por fuera.

Federico Jelic

A lo mejor, fue un pensamiento en voz alta, de esos llamados “sincericidios” dentro de la terminología coloquial, quizás superado por algunas situaciones que le impulsaron a decir su incómoda sentencia. No para victimizarse, aunque puede sonar como tal, dependiendo la intencionalidad de los receptores, en base a su ideología o su relación con el interlocutor. Pero, en parte, grafica la situación en Instituto, donde la cuarentena y el aislamiento obligatorio por riesgo de contagio de coronavirus golpearon de manera cruenta a las arcas del club.

Así lo expresó, desde lo más sentido de su corazón, el presidente de Instituto Roberto Castoldi, dando a entender en una entrevista la presencia de algunos sectores antagónicos en el seno de la institución. Como enemigos íntimos y, para colmo, internos. Por eso, cuando sacudió la monotonía con esa declaración, se encendieron muchas alarmas dentro de la confianza general de la gran familia de Instituto. Como instando a una unidad global, pero primero superando rencores y viejas heridas políticas, sobre todo.

“Muchas veces veo gente dentro del club que está deseando que Instituto pierda”, contestó Castoldi en el programa “Pasión por la Glo”, a la hora de describir el panorama institucional de la entidad de Alta Córdoba. Con el debate político siempre presente y los golpes bajos a flor de piel y por doquier que solo confunden a la opinión pública en medio de una crisis sanitaria, social y económica. Restará saber el mea culpa del propio oficialismo del club: si son responsables también de haber generado esas discordias y el mismo caldo de cultivo de críticas o es solamente un ataque político. Pero su frase quedó resonando como una plegaria, un lamento ante una injusticia entre los propios “hermanos”.

 

Enemigos internos

Castoldi llegó al resultado de esa reflexión después de desarrollar un panorama institucional donde el básquet y su propia usina de recursos no quedaron exentos. Sin embargo, dejó lugar a la cavilación del “enemigo interno e íntimo”. “Tenemos que hacer de todas las partes el mea culpa, achicar los márgenes de discusión y encolumnarnos tras un solo objetivo, que creo es lo que nos falta. Muchas veces veo gente dentro del club que está deseando que Instituto pierda. Y lo digo sin problemas. Ha llegado el momento de entender que todos tenemos que ir detrás de un mismo objetivo”, comentó.

¿Tendrá razones Castoldi para pensar de esa manera y llegar a esa conclusión? Está en su derecho, aunque de todas maneras, a poco menos de un año de su proceso como titular de Instituto, se encontró con un ambiente caldeado y muy presionado por el éxito deportivo, aunque de sustento solo encontró un presupuesto austero que formó parte del proyecto político. Con la salida del DT César Zabala se destaparon algunas ollas que desestabilizaron la escasa armonía reinante.

“El club tiene un estatuto y hay que cumplirlo. Hoy tenemos una administración que está respaldada por un estudio contable externo, que hace todo el trabajo necesario. Esos 11 millones (el presupuesto mensual general del club) los pueden ver, está abierto para verlo. No hay un solo peso del club en el básquet, el básquet tiene su propio presupuesto, que se maneja de la mejor manera. Nunca es de las arcas del club. Toda persona está invitada (a verlo). No hay ninguna cuenta que esté oculta, yo soy el responsable máximo del club”, expuso Castoldi, haciendo foco en aquellas miradas oportunistas que cuestionan la relación estrecha que existe con la disciplina básquet, donde Instituto ocupa un lugar preponderante en la Liga Nacional. De fond,o es un tiro por elevación a los Cavagliatto, Mario (padre) y Juan Manuel (hijo).

“No le damos la espalda a la gente, yo me ofrezco para atender cualquier requisitoria, siempre con el respeto que se debe tener. Es nuestro problema principal el ascenso, pero no es fácil. El fútbol argentino tiene una serie de problemáticas muy importantes y hay cosas que demoran su tiempo trabajarlas. En ese proceso estamos. No puedo decir cuándo, pero yo estoy seguro que los resultados van a llegar”, agregó el presidente.

Con esa misma intensidad, redondeó su defensa al básquet y a sus responsables: “Tenemos que seguir con el proceso, seguir trabajando para el equipo se mantenga. Hemos traído planteles, hemos traído refuerzos de envergadura. Ahora le echamos la culpa al básquet porque ha sido exitoso y el fútbol no”, describió Castoldi.

La máxima autoridad del club de Alta Córdoba sentenció su postura con una concordia manifiesta entre la cúpula directiva, pero sin dejar de lado algunos “enemigos” como encargados de la lucha intestina.

“La gente del básquet está permanentemente apoyando al fútbol. Yo creo que cuando hay mucha gente opinando en la parte deportiva es muy difícil. Cada uno de nosotros tiene una forma de ver las cosas, pero las decisiones tienen que pasar por un pequeño grupo de personas, para encaminar a todos en un mismo objetivo. Si vemos los resultados de los clubes, es así como te digo”, justificó la modalidad de decidir entre pocos, en un círculo de confianza, y no con una masiva convocatoria con voz y voto.

“Estamos en un proceso, lograr 26 jugadores propios del club en el plantel de Primera División hace que el club se capitalice, porque esos chicos tienen un valor. Yo también tengo la frustración. Me frustré cuando perdimos con Ferro, hace más de 50 años que voy a la cancha. Pero en los últimos 30 años, ¿cuántas veces ascendimos? Ha llegado el momento de construir y no de pelearse, hay que tirar todos para el mismo lado. Siempre he trabajado así y lo seguiré haciendo”, expresó Castoldi.

Más allá del mensaje alentador y sincero de Castoldi, da la sensación de que en muchos aspectos se fue quedando solo. Con respaldo de la mayoría de los socios que lo eligieron pero cuando no se consiguen los resultados en la cancha, no escatiman en criticar ferozmente los desaciertos. Por eso, soltó la categórica frase de “que hay gente que se pone contenta cuando Instituto pierde”. Sin confianza, es muy difícil construir. Por eso, en Alta Córdoba hay pendiente un debate general, entre todos los sectores políticos y también internos en pos de lograr una idea global. Y no solamente con una Comisión de Fútbol, donde primaron intereses personales por encima de todo. Caso contrario, si se siguen cerrando las puertas de la institución, continuarán apareciendo más “enemigos íntimos”, como hace referencia Castoldi, desde lo más profundo de su ser como lamento principal.