La eficiencia de Uta expone las deficiencias del Suoem

El sindicato liderado por Carla Esteban cerró ayer un acuerdo con la Tamse que blinda el salario de sus representados. Lo logró, básicamente, gracias al poder de movilización del gremio. En iguales circunstancias, el Suoem no pudo hacerlo.

La actual conducción de la Uta Córdoba, liderada por Carla Esteban (secretaria general) y Pablo Farías (secretario adjunto), se anotó ayer un éxito importante: en plena pandemia, con las empresas ahogadas por el paro -y más aún por la brutal caída en el corte de boletos-, y con un municipio que también experimenta una profunda caída en su recaudación, logró que la Tamse se comprometa a pagar el cien por ciento de los salarios netos a los trabajadores.

El ahorro para la empresa estatal (y para las privadas que decidan sumarse al acuerdo) estará dado por el pago del 75 por ciento del salario de manera no remunerativa -es decir, sin cargas patronales-, mientras el 25 por ciento restante se paga de manera convencional.

En resumen, los choferes no deberán soportar descuentos de ninguna clase.
La construcción de este éxito se asienta, fundamentalmente, sobre un episodio: la movilización protagonizada por Esteban junto a 300 choferes el jueves de la semana pasada, que concluyó con una concentración en la explanada del Palacio 6 de Julio.

En momentos en que la cuarentena había vuelto a endurecerse en la ciudad por la aceleración de los contagios, la Uta -entendiendo que el paro beneficiaba por igual a los empresarios, que se ahorran con él gastos mayores a las utilidades que resignan, y al Gobierno, que consigue limitar la circulación y deshacerse de uno de los principales vectores de contagio: el transporte público- decidió apuntar contra la mismísima cuarentena, y cosechó buenos resultados.

Más allá de lo preocupante que resulta que la violación de la cuarentena empiece a ser juzgada como un método eficaz para lograr la atención de la patronal por parte de los sindicatos, el plan de acción realizado por la Uta puede ser comparado con el llevado adelante por el Suoem, que en iguales circunstancias -léase, en plena cuarentena-, no ha logrado iguales resultados.

Tras la sanción de una ordenanza que determinó el recorte de jornadas y, proporcionalmente, de salarios municipales, el sindicato liderado por Beatriz Biolatto (secretaria general) y Daniel Fernández (secretario adjunto) no ha logrado enhebrar un plan de lucha efectivo para captar la atención de las autoridades del Palacio 6 de Julio e intentar revertir un avance que no sólo repercute en jornadas y salarios, sino que también faculta al Ejecutivo Municipal a llevar adelante la “reestructuración” del personal de planta permanente y no permanente, “racionalizando” las estructuras y “suprimiendo o congelando cargos conforme a las necesidades de servicio”.

En un principio el Suoem decidió reclamar en contra de la medida promoviendo el trabajo a convenio y el quite de colaboración en las distintas reparticiones del municipio que siguen activas a pesar de la cuarentena, pero esta iniciativa no encontró repercusión alguna. De hecho, la atención que de momento se ha reclamado de los dispensarios municipales ha sido mínima.

Luego, las Áreas Operativas, sector más beligerante del gremio, tomaron la posta, ensayando protestas en diferentes puntos de la ciudad, con cortes de calles, quema de cubiertas y bombas de estruendo pero, de nuevo, no hubo tráfico que entorpecer.
Una tras otra las iniciativas del sindicato fueron cayendo en saco roto. Hoy, el caso Uta parece demostrar que en tiempos de cuarentena el medio de protesta más eficiente -por reprochable que sea- es la movilización de las bases.

La “enseñanza” viene de un sindicato que, a diferencia del Suoem, sí puede paralizar la ciudad con sólo parar.

La incógnita es si el Suoem está en condiciones -dadas las permanentes recriminaciones cruzadas entre las distintas facciones que conviven en el gremio y, particularmente, desde las bases hacia la conducción- de movilizar a los municipales.