Córdoba celebró el suplicio de Túpac Amaru (Primera Parte)

Semanas después del descuartizamiento del jefe inca, el Obispo Fray José Antonio de San Alberto mandó repicar campanas, iluminar la ciudad de Córdoba y cantar el Te Deum en la Catedral, el 6 de julio de 1871, agradeciendo al “Dios de la paz”.

Por Víctor Ramés
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Ejecución de Túpac Amaru, su esposa y su hijo, en la Plaza de Armas de Cuzco, 18 de mayo de 1871.

Cien mil americanos originarios se armaron inflamados por la insurrección de José Gabriel Túpac Amaru, curaca de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, en noviembre de 1780 en la cordillera peruana. Fue el primer y el mayor levantamiento contra la colonia española en las tres Américas y expresó la dignidad, el poder y el hartazgo de los pueblos de la región frente a la prepotencia imperial. Túpac no se anduvo con reparos y directamente exigió la libertad de toda Hispanoamérica de cualquier dependencia de la corona española, e incluyó en sus demandas la abolición de la esclavitud de los africanos.

Aplastada la sublevación en mayo de 1781, en el sexto mes de la lucha contra los opresores, el sacrificio del jefe inca puso fin a una heroica resistencia y a una amenaza que había infundido terror en toda la colonia sudamericana, a la vez que encendía las esperanzas de miles de americanos que sufrían los abusos y la explotación. Piénsese en instituciones como la encomienda, la mita minera, así como la servidumbre de trabajadores en los obrajes, las haciendas o los cañaverales.

La terrible muerte de Túpac Amaru, su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y toda su familia, en sí la exhibición del escarmiento a una sedición que estuvo cerca de derrocar el poder español, fue celebrada con alivio por los altos estamentos coloniales y por la iglesia.

Es interesante subrayar la exultación religiosa ante la muerte de Túpac Amaru, hecho que era, por su parte, llorado por millones de originarios, mestizos y africanos en toda América. En el Virreinato del Río de la Plata, creado hacía poco, la sociedad ibérica festejó el exterminio de los libertarios peruanos, mientras el rey de España decidía proclamar la Ley del Terror en América, de la cual la iglesia sería la vocera principal.

En la muy católica ciudad virreinal de Córdoba de la Nueva Andalucía, las autoridades civiles, militares y religiosas respondieron con entusiasmo a la orden enviada por el Obispo del Tucumán, Fray José Antonio de San Alberto, de que se hicieran manifestaciones de agradecimiento al “Dios de la paz” por la derrota de Túpac Amaru. El Cabildo y el Dean de Córdoba se comprometieron a expresar el júbilo por la derrota del alzamiento indígena, poniendo a sonar las campanas, encendiendo la iluminación de velas a pleno en la ciudad, y celebrando un Te Deum para toda la población. De esta forma se aseguraban el empapamiento de los fieles locales en el regocijo general que se vivía en el imperio colonial. Transcribimos a continuación s la carta enviada por la autoridad eclesiástica máxima de la región del Noroeste argentino a las autoridades de la capital cordobesa. Respetamos literalmente el texto, en lo posible.

Carta del Ilustrisimo Señor Obispo del Tucumán al Cabildo Secular de Cordova.

Muy Ilustre Señor

La feliz noticia que acabamos de recibir, y de cuya verdad no parece que puede haber prudente duda por las muchas cartas que la contextan, de haber sido hecho prisionero y derrotado enteramente el rebelde, y traidor Josef Casimiro Tupac-maro por las tropas de Nuestro Rey Católico, que Dios guarde, exige de todos los que hacemos gloria de ser los más de todos, los que hacemos gloria de ser los más fieles y obedientes Vasallos de este, que la recibamos con todo aquel agradecimiento al Dios de la paz, y Padre de toda consolación, y con todo aquel regocijo particular, y público que corresponde a una Ciudad, y Jurisdicción, que con tanto consuelo nuestra fe ha mantenido la más leal, fiel, quieta, y subordinada a su más legítimo Soberano en todas las turbaciones suscitadas por el rebelde, infame, traidor y apóstata Tupac-maro. Por lo tanto, para proceder de acuerdo ambos Cabildos en las gracias, y en los regocijos, así como lo hemos sido en los cuidados, y oraciones por la paz, y tranquilidad pública: ponemos en noticia de V. S. la justa, y debida determinación, que por ahora hemos tomado, de que esta noche al toque de Avemarías se haga un repique general de Campanas en todas las Parroquias, e Iglesias de esta Ciudad con iluminación: que esta misma demonstracion se continúe por tres días, y que el Domingo, como más propio para la concurrencia de todo el Pueblo, se cante en nuestra Iglesia Catedral el Te Deum laudamus, siguiéndole inmediatamente una Misa Solemne, en la que celebraremos de Pontifical, para darle a Dios en nombre de toda nuestra Diócesis y aun de todo el Reyno, las gracias, que pide una misericordia tan grande; implorandola al mismo tiempo de nuevo, para que perfeccione esta obra de triunfo de paz, y de consolación, con que ha empezado a favorecernos, y dilate, y prospere la vida, y las armas del piadoso Soberano, que felizmente nos gobierna.

Espero que V. S. por su parte contribuya al lleno de una acción tan sagrada como justa, y que desde luego nos prometemos será de todo su agrado. Ntro. Señor guarde a V. S. muchos años. En esta nuestra Casa de Cordova a 6 de Julio de 1781.

M. Illtre. Señor

B.L.M. de VSS.

Su mas afecto Servidos y Capellan

Fray Josef Antonio de S. Alberto

Obispo del Tucuman.

M. llltres. Sr, Dean y Cabildo de Cordova

A continuación, va la respuesta del Dean y el Cabildo de Córdoba. Luego se citarán las cartas cursadas con el Jefe de Armas de la ciudad.

Ilustrisimo Señor

Quando aun no había acabado este Cabildo de resolver las demonstraciones, que debía dar de alegría por la rendición del infame, infiel, y traidor Tupac-maro, que lleno de orgullo y soberbia se había atrevido a oscurecer con las bastardas sombras de la infidelidad, y traición la principal parte de un Reyno cuyo distintivo, y carácter ha sido por tantos años el de la subordinación, y lealtad ara su Soberano, se encuentra con la Pastoral de V S. Illma. que penetrado de los mismos sentimientos de significar el regocijo, y contento, en que se ve anegada la singular fidelidad de su noble Espíritu, le convida a romper estas demonstraciones con cánticos de alabanza a aquel Señor de los Exércitos, y a quien únicamente como a Rey inmortal, y verdadero Autor de la paz, se le debe toda gloria.”