Incertidumbre frente a reacción gremial, ¿jaque a la cuarentena?

A media voz, el Suoem, la Uta y un puñado de los gremios más afectados por la reforma jubilatoria ultimaban ayer detalles para movilizarse hoy hacia la Caja de Jubilaciones. En paralelo, las conversaciones para desactivar los principales conflictos seguían al cierre de esta edición.

Por Felipe Osman

La reforma jubilatoria sancionada por Hacemos por Córdoba el miércoles de la semana pasada, en un grosero alarde de ejecutoriedad y pragmatismo, sacudió el escenario gremial y tuvo, como efecto colateral, fisurar el aislamiento sindical por el que atravesaban algunos gremios frente a conflictos particulares.

El repudio al recorte, con menor y mayor intensidad, fue el común denominador en (casi) todas las centrales obreras, y particularmente en aquellas que engloban a los gremios cuyos pasivos aparecen como los principales afectados: el Suoem, la Asociación Bancaria, el Sindicato Regional de Luz y Fuerza, Luz y Fuerza Córdoba y AGEPJ (Judiciales).

A este episodio, que irradia sus efectos hacia buena parte del sindicalismo cordobés, se sumó el jueves de la semana pasada una gran concentración llevada adelante por la UTA en la explanada del Palacio 6 de Julio.

Por el peso de la cuarentena, el hecho se convirtió en una noticia nacional, y el sindicato que comanda Carla Esteban logró lo que el Suoem no ha podido conseguir: instalar el conflicto en el centro de la agenda.

Frente a este escenario, con la reforma jubilatoria ofreciendo una “causa belli” común a buena parte del arco gremial, y con la movilización -aún durante la vigencia del aislamiento social obligatorio- reinterpretada como el medio más efectivo para lograr la atención/preocupación de los interlocutores, distintas organizaciones gremiales barajaron durante el fin de semana la posibilidad de llevar adelante movilizaciones que confluyeran hacia la Caja de Jubilaciones de la Provincia este martes.

Entre ellos estuvo el Suoem. El sindicato, sumido en un profundo conflicto desde la sanción de la ordenanza que recortó jornadas y salarios a los empleados municipales -quedando exceptuadas las áreas de Salud y Educación-, no ha logrado hasta el momento la atención de sus reclamos por parte del Ejecutivo Municipal, que interpreta este recorte del 15 por ciento de los gastos salariales como un asunto zanjado.

Es por eso que, según apuntan delegados del gremio, durante los últimos días se habría lanzado una convocatoria para que los afiliados se movilicen hoy, aunque sin apelar a publicaciones en las redes sociales, sino por mensajes privados, con la intención de no adelantar la jugada.

Una convocatoria similar habría circulado por los grupos de la Uta, que la semana pasada logró concentrar a cerca de 300 personas frente a la Municipalidad, en un reclamo liderado por su secretaria general, Carla Esteban.

Luz y Fuerza, otro de los sindicatos sobre los que más impacta la reforma jubilatoria, y que además ha sufrido un amplio avance a manos del directorio de Epec –y, en última instancia, de la Provincia- con paritarias cayendo muy por debajo de la inflación en los últimos dos años, amén de otras reformas que han limitado las ventajas que le asegura su convenio colectivo, ha decidido no adherir a ninguna clase de movilización. Sin embargo, grupos menores no encuadrados bajo la conducción del sindicato tendrían intención de participar.

Más allá de los trascendidos, es importante resaltar que durante la tarde de ayer tanto Uta como Aoita mantuvieron reuniones que se prologaron hasta más allá del cierre de esta edición para destrabar los conflictos en el transporte urbano e interurbano.

De alcanzarse un entendimiento, o al menos un acercamiento entre las partes, es probable que el plan de llevar adelante una movilización quede postergado para los otros sindicatos que, bajo el paraguas de una lucha común, si hubieran preferido avanzar.

Lléguese o no a esta instancia, lo cierto es que el aislamiento social obligatorio podría empezar a resquebrajarse como un elemento de contención de los reclamos gremiales para convertirse en un elemento de presión del propio sindicalismo, que de no encontrar canales de diálogo habilitados para atender a sus reclamos, jaquearía la cuarentena.