Carencia sin sentido

El videoclip del tema “Watermelon Sugar”, del cantante inglés Harry Styles, que fue estrenado en Youtube el lunes pasado, está dedicado a reivindicar el tacto y pone el acento en las caricias y en la cercanía de los cuerpos, en un momento en que esas prácticas tienen que ser contenidas.

Por J.C. Maraddón

Una de las reflexiones que está disparando el aislamiento social es la valoración de muchas cosas que antes dábamos por naturales y que ahora están proscritas por las autoridades sanitarias, en razón de su peligrosidad ante la velocidad de contagio del coronavirus. Así, hemos empezado a reconocer conductas, costumbres, hábitos y gestos a los que hasta mediados de marzo no les dábamos demasiada importancia, porque en su cotidianeidad no representaban algo que mereciera una atención particular. Eso que ocurría simplemente porque era lo normal, ahora, por acción de la pandemia, ha pasado a ser algo que podría condenarnos a muerte.

Saludar con un abrazo o un beso, rascarse la nariz, apoyar el mentón sobre la mano, o retirar un artículo de la góndola de un supermercado eran actos que todos practicábamos casi sin darnos cuenta, porque no representaban nada fuera de lo común. En la actualidad, cuando asumimos que están prohibidas o requieren de distanciamiento, tapabocas, alcohol en gel o guantes, esas actitudes han tomado otro relieve y hasta despiertan en nosotros un sentimiento de nostalgia que jamás pensamos podríamos experimentar, frente a cuestiones que dábamos por sentadas y que, en algunos casos, manifestaban emociones y afectos de una manera explícita.

De los cinco sentidos, hay dos a los que el coronavirus ha coartado con mayor énfasis, pero a uno en particular le ha quitado gran parte de su riqueza en cuanto a vía para apreciar todo tipo de sensaciones. El olfato, al ubicarse detrás de los barbijos, disminuye su capacidad de percepción de los olores, pero no queda invalidado de forma absoluta y sólo está reducido bajo ciertas condiciones. El tacto, en cambio, se ha llevado la peor parte, porque al enfrentarnos a una enfermedad que se transmite de persona a persona, el miedo termina superando cualquier voluntad de acercamiento.

Más allá de lo que cada uno de los sentidos significa en el transcurso de nuestra vida, el tacto tiene una carga de sensualidad que es fundamental y cuya ausencia, a partir de las limitaciones que hoy se presentan, traerá consecuencias que todavía no podemos dimensionar y que empiezan a ser estudiadas por los expertos. Los vínculos entre las personas, sometidos en estos días a una lejanía que las conexiones virtuales no logran subsanar, pasan muchas veces por impresiones táctiles que constituyen una experiencia muy diferente a las que la vista, el gusto, el oído y el olfato nos pueden proveer.

El videoclip del tema “Watermelon Sugar”, del cantante inglés Harry Styles, que fue estrenado en Youtube el lunes pasado, pone el acento justamente en las caricias y la cercanía de los cuerpos, en un momento en que esas prácticas tienen que ser contenidas. Por tratarse de un ídolo pop de gran repercusión mundial, las imágenes que lo muestran en la playa y en cercanía extrema con otras personas han provocado reacciones encontradas, aunque se ha aclarado que esta pieza audiovisual fue rodada en enero, cuando la gente aún no se había visto confinada en su hogar por prescripción sanitaria.

Harry Styles se ha cuidado muy bien de aconsejar a sus fans que, por ahora, no repitan en sus casas lo que se ve en el video, que está primorosamente dedicado a “tocar”. No deja de ser una coincidencia insólita que una letra y una historia que giran en torno al sentido del tacto, se den a conocer precisamente cuando estamos impedidos de contactarnos de esa manera con nuestros semejantes. Un ejemplo más de cuánto se han deformado los aspectos básicos de nuestra existencia. Y de cómo la música se hace eco de esas carencias que estamos empezando a padecer.