Una temporada fuera del éxito

Aunque breve comparado con lo que fue su desempeño junto al grupo INXS, el episodio de su banda paralela Max Q aparece subrayado en “Mistify”, el documental biográfico del cantante Michael Hutchence dirigido por Richard Lowenstein que Netflix estrenó recientemente.

Por J.C. Maraddón

A fines de 1987, la banda australiana INXS batía todos los récords con su disco “Kick”, que le iba a reportar la consagración global a una formación que había tenido grandes aciertos comerciales hasta ese momento, pero que con ese álbum sacó chapa de suceso internacional. Una seguidilla de hits componía ese trabajo discográfico que se cuenta entre los clásicos más recordados de los años ochenta. Canciones poderosas y bailables, a la par de baladas desgarradoras, conformaban los argumentos con los que INXS puso el mundo a sus pies en un año en que no faltaron lanzamientos de estrellas rutilantes.

Después sobrevino esa resaca tan reiterada entre los recién llegados al cielo de la fama, que se desencantan con una popularidad que los obliga a abandonar su antigua rutina para someterse a un riguroso ostracismo, so pena de sufrir el acoso de sus miles de fanáticos. Cuando por fin han arribado a la meta que tanto ansiaban, son obligados a pagar este altísimo costo, que termina separándolos de su círculo más cercano y, muchas veces, les alimenta el ego hasta transformarlos en seres inaccesibles, que viven sumergidos en un universo de lujos y placeres, aislados de las penurias de los simples mortales.

En el momento en que Michael Hutchence, el cantante de INXS, se dio cuenta de que ingresaba en ese estado soporífero, dio un brusco viraje a su carrera y se permitió un descanso de lo que había sido su existencia hasta ese momento. Durante largos meses, intentó aclarar sus pensamientos y les planteó a sus compañeros que necesitaba tomarse un tiempo. Y fue en ese interludio que resolvió salir del centro de la escena y volver a empezar de cero, como si nada de lo que rodeó a “Kick” hubiese sucedido. Salió en busca de otro músico australiano, Ollie Olsen, con el que había trabajado en la banda de sonido de una película, y le propuso componer a dúo.

Esa dupla fue el origen del grupo Max Q, un fugaz intento de Hutchence de recomponer su estabilidad emocional a través de un retorno a los orígenes. Junto a sesionistas de Melbourne, en 1989 se dieron el gusto de grabar un disco que hoy es objeto de culto, sobre todo porque ha sido descatalogado. Producto del cruce entre el postpunk de Olsen y el pop rock del vocalista de INXS, ese no muy bien recibido álbum se perdió en la nebulosa de los tiempos cuando, al año siguiente, Michael Hutchence retomó el camino de su banda original y volvió a romper la taquilla con “X”.

Aunque breve comparado con lo que fue su desempeño junto a INXS, el episodio de Max Q aparece subrayado en “Mistify”, el documental biográfico de Hutchence dirigido por Richard Lowenstein que Netflix estrenó recientemente. Al reparar con minuciosidad en esa fallida aventura, el director se esmera en destacar que el cantante quería demostrar su valía como artista, harto de que en la prensa amarilla se le dispensara el trato de un sex symbol rockero.

Si consideramos que Michael Hutchence se quitó la vida en 1997, cuando tenía 37 años, ese afán de jugarse entero por poner de relieve su capacidad creativa revela sus conflictos con la posición que la industria discográfica le había reservado y que él había disfrutado hasta que el hastío le provocó una crisis existencial. Más allá de los problemas sentimentales y legales que lo afligían cuando tomó su trágica decisión, Hutchence se inscribe dentro de esa larga lista de notables que debieron lidiar con la contradicción que suele plantearse entre ser aclamado por multitudes y llevar una vida feliz en la intimidad.