Malabares humorísticos de Luis Juez contra el populismo

La presencia mediática del exintendente nos deleitó con su crítica al populismo, sólo comprensible como parte de un monólogo humorístico.

Por Horacio Bogú

El stand up es un género humorístico de larga data en el espectáculo norteamericano, pero fue solo hace un par de años que se popularizó por estos lares. Es un humor incómodo, desafiante, incluso bordeando el mal gusto.

En este país es difícil hacer ese tipo de humor, por lo que siempre tuvimos que acomodarnos al humor blanco y complaciente con el poder. Porcel y Olmedo hacían reír a mucha gente, pero difícilmente alguien pueda decir que contribuyeron en algo al cambio social. Landriscina siempre tocó la fibra costumbrista, pero no mucho más. Ni siquiera Les Luthiers, con su magnífico uso del lenguaje, puso en aprietos a ningún político en particular.

Es tan benigno el universo del humor hacia los políticos que cuesta llenar ese espacio. Algunos cronistas en medios gráficos hacen lo suyo, pero hay que reconocer que la palabra escrita no tiene la misma pegada que lo audiovisual. En ese sentido, no hay mucho para elegir.

Tal vez sea por eso que, en tiempos grises de cuarentena y desmovilización, hay que refrescar la pantalla con algo que descontracture. Siendo ese el escenario, ¿quién mejor que Luis Juez para llenar ese espacio de humor político?

Aunque lo del renuciador serial a la voluntad popular -tara que parecen compartir algunos dirigentes del peronismo que llegan a gobernar la capital- no es estrictamente humor político, es un político que habla con algo de humor, por lo que si aplicamos la máxima pitagórica de que el orden de los factores no altera el producto, lo pide considerar básicamente lo mismo.

En una grilla flaca por la omnipresencia de la pandemia, el talento humorístico del cordobés es solicitado en los más diversos programas televisivos de la capital, como quien llama a su perro para mostrarle a los amigos las gracias que ha aprendido para amenizar las más diversas tertulias.

En una de sus tantas apariciones, el polivalente político justicialista (que a sabido fichar en los más diversos espacios electorales) se pronunció en duros términos contra el populismo, acaso el enemigo natural del último frente que supo integrar.

Sin embargo, poco se puede tomar por verdadero de dicha afirmación, cuando a lo largo de su gestión como titular del ejecutivo municipal se encargó de obrar con la lógica populista más pura.

Según Ernesto Laclau, el populismo funciona porque alguien logra unificar demandas heterogéneas (e incluso contradictorias) en una opción electoral competitiva, que sirve para poner en la agenda de gobierno cuestiones que se ubican por lo general en los márgenes del debate público.

Algo así fue lo que condujo a Juez al poder en aquel lejano 2003, cuando fue la cara visible de múltiples demandas por corrupción al gobierno provincial, a los que habían gobernado hasta el 2001 en los tres niveles del estado (él incluido) y por la crisis generalizada de representación. Ni hablar de haberse apoyado en el gremio de municipales para gobernar, siendo la abultada plantilla de empleados (y sus excesivas prerrogativas) el único legado significativo de su paso por el Palacio 6 de Julio.

Tal vez su referencia al populismo no tenga que ver con algo tan teórico como eso, sino con una aproximación como la de tantos adolescentes onanistas que se convirtieron al libertarianismo al revolucionarse con los videos de la blonda politóloga Gloria González, que tanto circularon en los prolegómenos de la contienda electoral de 2015. Difícil saberlo.

Así, nuestro destacado miembro de la aristocracia política cordobesa supo demostrar en televisión nacional que su fuerte sigue siendo el humor, la faceta más distinguida de su camaleónica personalidad, porque pocos pueden creer que su crítica al populismo pueda tener algún viso de veracidad.