Con la mira en junio, Accastello y Gill acercaron posiciones

Los peronistas villamarienses no quedaron al margen del horizonte de acuerdo entre el Frente de Todos y el gobierno provincial. El funcionario de Alberto Fernández necesita los votos de los concejales que responden al ministro de Schiaretti para renovar su licencia, en menos de 40 días. Los buenos oficios de Rosso.

Por Bettina Marengo

La autopreservación y el horizonte de no pelea entre el Frente de Todos y el gobierno provincial funcionaron como manto para cubrir tensiones políticas en Villa María, donde venía creciendo la puja por el control de la zona entre los peronistas Eduardo Accastello y Martín Gill. En las últimas semanas, cuando faltan menos de 40 días para que venza la licencia extensa que el segundo pidió en la Intendencia de la ciudad para asumir como segundo en Obras Publicas de la Nación, se allanaron algunas cuestiones y se forjó un acuerdo de mutua conveniencia.

Gill dejó el gobierno municipal de la Villa dos semanas después de iniciar su segundo mandato para acompañar al albertista Gabriel Katopodis; ya estaba de malas con el gobierno provincial, que no le perdona su apoyo temprano al Frente de Todos. Desde el cargo nacional ganó en consideración de la Casa Rosada. Accastello, el dirigente más importante que tuvo el kirchnerismo cordobés durante los gobiernos de Cristina Kirchner, volvió al núcleo del gobernador Juan Schiaretti, fue elegido legislador departamental y luego ministro de Industria, pero mantiene buenos interlocutores en Buenos Aires.

A finales de junio, concretamente el 27, vencen los seis meses (179 días, estrictamente) de licencia que el Concejo Deliberante le otorgó a Gill en diciembre. Para renovar el permiso, necesita los votos de los dos ediles accastellistas, votos que no tuvo en febrero el actual intendente interino, Pablo Rosso, cuando fue designado titular del Concejo para asumir luego el cargo de jefe comunal. De hecho, el exdecano de la Regional de la Universidad Tecnológica Nacional llegó al Departamento Ejecutivo solo con el apoyo político del gillismo.

Parte de la oposición encarnada en la UCR y el PRO ya dijo que exigirá que Gill regrese al Sillón de Viñas o renuncie a la intendencia y llame a elecciones, invocando el artículo 125 de la Carta Orgánica Municipal. De hecho, fueron muy críticos cuando solicitó la primera licencia y luego, cuando Carlos Del Falco dejó el lugar a Rosso. El oficialismo interpreta que está habilitado a una renovación y, al menos hasta ahora, no habla de nuevos comicios.

Con varios planes nacionales de obras públicas entre manos, y en el marco de una pandemia que en junio tendría su pico, nada indica que Gill vaya a regresar a la gestión municipal el mes próximo. Se avecina una situación política local en la que el actual funcionario nacional precisará del apoyo político de todo el peronismo. “Nos necesitan”, afirmó una fuente segura del accastellismo que habló con el diario Alfil.

En ese marco, hubo acercamientos y acuerdos en los que intervino Rosso, con buenos oficios reconocidos desde ambas laderas, y emisarios nacionales. La pax fue casi compelida desde la Casa Rosada y cuenta con el aval del oficialismo provincial. El resto lo hizo el instinto de autoconservación, porque tanto Accastello como Gill asumen que un territorio dividido es carne de opositores. Con el intendente a cargo como interlocutor, en las últimas semanas asumieron en el municipio de Villa María dirigentes del espacio accastellista con cargos de directores, en las áreas de Salud, Cultura e Inclusión. Eso es parte del acuerdo “para seguir mejorando la ciudad” que, se encargó de enfatizar la fuente mencionada arriba, Gill “en su momento incumplió”. Otras fuentes hablan también de algunos contratos en el Concejo Deliberante.

Escenarios

Aunque falta toda una pandemia para llegar diciembre, mes en que finalizará el segundo permiso de Gill, las especulaciones en el peronismo indican que el acuerdo con Accastello llega hasta un candidato elegido en común para una eventual sucesión antes de que finalice actual mandato. Sin embargo, no son pocos los que creen que el actual ministro de Industria y Comercio, que viene jugando cerca del gobernador, está interesado en regresar al gobierno municipal o de impulsar a alguien de su estricta confianza.

A su vez, aseguran que Gill necesitará regresar a Córdoba si quiere posicionarse como candidato a gobernador en 2023 y tallar en el batallón de la nueva generación del PJ. O, en todo caso, integrar las listas legislativas de Córdoba y convertirse en senador nacional el año que viene.

Como hasta ahora, lo que hagan los caudillos del departamento del centro provincial estará en línea con lo que arriba de ellos tejan sus respectivos referentes.