El Covid-19 acosa a Las Vegas y a barrio Parque Monte Cristo

Crónica de la peste

Por Cirilo de Pinto

Las Vegas. “La ciudad del pecado”,  “la meca del boxeo” o tantas cosas más. Las Vegas tiene una ley no escrita que muchos cumplen cuando la visitan y pierden la brújula: “lo que pasó en Las Vegas quedó en Las Vegas”. Una especie de indulto al pecado que muchos quieren conseguir para volver a casa en paz.

Si la visitás y caminás por el Boulevard Las Vegas, en cada esquina habrá un Elvis a mano para una foto, y recordarás la canción “Viva Las Vegas”, que inmortalizó ese prócer de la cultura popular estadounidense.

Las Vegas tiene a los mejores cocineros y pasteleros del mundo en un restaurante o punto de encuentro en los grandes hoteles. Las mega estrellas del espectáculo pasan al menos una vez al año por algunos de sus escenarios. Te reciben el ilusionista David Copperfield en el MGM Grand (el hotel de color verde intenso con el león iluminado en la esquina) o Celine Dion, un clásico en el Caesars Palace. Por mencionar solo algunos.

Este coronavirus ni siquiera permitió que se desarrollen los Juegos Olímpicos de Tokio. Ahora, la competición universal pasó a ser el truculento ranking de muertos o enfermos, una especie de “valoración” de las políticas sanitarias que llevan adelante los países y que los medios ponen minuto a minuto en las pantallas de canales o portales. “Como para tranquilizar” a mucha gente y “animarla” a mantener el optimismo para que siga encerrada, perdiendo progresivamente sus ingresos o preparando el cartel de “cerrado” para la pyme de la que forman parte. Si no es peor y les tocó la tragedia de perder algún ser querido. Es el único campeonato mundial en el que todos queremos estar lo más al fondo posible.

Por más luces que encandilen de noche, por más sol radiante insoportable que queme durante el día en primavera y ni que hablar en verano, Las Vegas no escapa a las generales de la ley y sufre los trastornos de esta peste como cualquier punto perdido en el globo terráqueo.

Esta capital mundial de la recreación que cuenta con más habitaciones de hotel disponibles que Nueva York (alberga 150 mil camas) no ha sufrido la cantidad de víctimas sanitarias como la Gran Manzana, pero sí soporta una desgracia económica que algunos tildaron de “devastadora”. Hoy esos gigantescos hoteles están sin servicio, en silencio, abandonados por los pasajeros que no llegarán por ahora y por el personal que no trabaja: el 98 por ciento de los empleados gastronómicos y hoteleros están en sus casas. Incluso hay tres hoteles que son utilizados para contener necesitados, entregando alimentos.

Ni que hablar de los casinos. Sus ruletas no giran, las cartas en las mesas de juego están guardadas, igual que los dados. Los tragamonedas ni siquiera tienen encendidas sus luces, no generan frustraciones, tampoco alegrías.

Hasta que no pase el coronavirus no habrá turismo, al menos masivo. Si no hay turistas no hay hoteles, restaurantes ni salas de espectáculos llenos. Pero si no hay juego no hay Las Vegas. Es el anzuelo que trae todo lo demás a esta ciudad del estado de Nevada. El turismo es una de las actividades más golpeada y quizá sea la que más tiempo se tome para la recuperación, teniendo en cuenta la debacle en las líneas aéreas de cualquier país y otros negocios afines.

Todo ese escenario de tristeza no lo ven los turistas. Lo sufren los 3 millones de habitantes que allí viven. Uno de ellos es Víctor, el farmacéutico, a quien todavía algunos recuerdan en barrio Parque Monte Cristo como ´Beto´. Sí. Es un cordobés que vivió la mitad de su vida a 100 metros de la cancha de Racing de Nueva Italia, y la otra mitad en Las Vegas, a donde llegó con el título universitario para intentar una nueva vida. ¿Por qué eligió esa ciudad? Porque siempre quiso desembarcar en los Estados Unidos y porque allí tenía a unas tías que lo recibieron y lo cobijaron hasta que pudo caminar solo, ya con el título revalidado como herramienta.

Víctor labura, vive y disfruta de Las Vegas. Incluso llegó a despuntar una de sus pasiones: el automovilismo. No le alcanzó para correr en el Nascar pero al menos lo hizo en pistas de Nevada a bordo de autos de buena potencia, en categorías zonales.

Pero ´Beto´ sigue atento a lo que pasa en su barrio. Su cuenta de Facebook es la herramienta ideal para estar en contacto con la gente que lo vio crecer y que todavía lo recuerda a miles de kilómetros, en especial por su sonrisa fácil y por su condición de muchacho sociable, de esos que no se pierden ningún asado u otros encuentros gastronómicos. Si hasta suele estar más informado sobre detalles del barrio que los viejos amigos que todavía viven en Córdoba.

´Beto´ tuvo la suerte de ser testigo en el estadio Miguel Sancho, en Nueva Italia, de la época de oro de Racing, cuando a fines de los 70´ y principios de los 80´ provocó la atención y admiración de los aficionados de todo el país. El fútbol bello, ofensivo y ganador, con el manejo atildado del balón de Roberto Gasparini y con el talento por el sector derecho del ataque del inconfundible ´Araña´ Amuchástegui.

Cuarenta años después, antes de la pandemia, Víctor también es afortunado. En el T-Mobile de Las Vegas, el flamante estadio cubierto, disfruta de otro equipo que nada tiene que ver con el Racing de su juventud. Se trata del Vegas Golden Knights. El equipo gris y dorado que representa desde hace unas tres temporadas a la ciudad del pecado en la mayor liga Hockey sobre Hielo, la NHL, que levantó el fervor del deporte en una ciudad que hasta ese momento vibraba con boxeo y Nascar.

Cada vez que Víctor ve un partido de ese deporte sobre un piso helado, ¿recordará en algún pasaje al ´Beto´ que gritaba los goles de Racing? Quién sabe…

Mientras tanto, Las Vegas sufre los embates del Covid-19, igual que barrio Parque Monte Cristo.