Sin dirección, el Suoem da inicio a la caza de brujas

Hasta el momento, el sindicato municipal ha visto caer en saco roto cada uno de sus intentos por doblegar la voluntad del municipio de avanzar con la reducción de jornadas y salarios. Condicionado por las circunstancias, sin un respaldo real del sindicalismo y sin puertas que golpear en Buenos Aires, empiezan los excesos y las miradas se vuelven hacia los propios.

Por Felipe Osman

Munidos de máscaras y pancartas, en una postal que remite más a la toma de un pabellón que a una protesta gremial, los municipales reclamaron por el recorte de jornadas y, proporcionalmente, de salarios que el Concejo Deliberante sancionó el viernes pasado.
Aunque visualmente resulte llamativo, lo cierto es que hasta el momento el Ejecutivo Municipal no parece acusar recibo de estas protestas. Quienes transitan la diaria del Palacio 6 de Julio aseguran que la decisión del PJ de avanzar sobre la jornada de los municipales para acercar el municipio a un punto de equilibrio económico y financiero frente a una grave caída de la recaudación generada por la cuarentena sigue firme.
No resultaría extraño que fuera esta misma calma la que impacienta al sindicato, que condicionado por circunstancias que vedan grandes movilizaciones y ruidosas asambleas en el Palacio Municipal empieza a desesperar y busca atraer la atención de quien pretende como interlocutor incurriendo en serios excesos.
Ayer, por ejemplo, el director de la Policía de Tránsito, Alejandro Agoglia, presentó su renuncia, a la vez que denunció haber sufrido amedrentamientos por parte del sindicato. Durante el episodio, que habría tenido lugar el pasado miércoles en el marco de una protesta de los empleados del área que dirige, el funcionario habría sido intimidado por delegados que no le permitieron abandonar el edificio y lanzaron bombas de estruendo a su despacho.
Pero además de las presuntas -y, tratándose del Suoem, probables- agresiones hacia este funcionario, hay delegados del propio sindicato que, por su extracción peronista, también dicen haber sufrido hostigamientos por parte de sus pares.
Entonces sucede lo siguiente: el sindicato reclama a los delegados peronistas (que son los menos, por haber sido la Municipalidad gobernada los últimos 16 años por el juecismo y la UCR), que se pongan al frente del reclamo y que lo hagan con virulencia. Caso contrario, quedarían sospechados de “entregadores”.
Los delegados peronistas tienen que elegir entre enfrentarse a una gestión con la que preferirían negociar o enfrentarse al sindicato al que pertenecen. Los más diestros eligen apartarse del reclamo y esperar una instancia de diálogo, pero otros terminan cediendo a la presión del Suoem y tomando parte en excesos, cruzando un punto de no retorno.
Debe tenerse en cuenta lo siguiente: el propio peronismo ha definido al movimiento obrero organizado como su “columna vertebral”. Pensar que la Municipalidad de Córdoba será gestionada durante los próximos años por el peronismo y que durante ese tiempo no crecerá una línea interna peronista dentro del gremio es totalmente disparatado.
Por demás, que una línea interna peronista tomara cuerpo convendría a la actual administración, que no sólo tendría interlocutores más cercanos para destrabar los problemas que a diario se dan en la gestión sino que, además, podría ver reducirse el poder de la conducción encarnada por la lista Verde.
Ante esta composición de lugar, hay quienes empiezan a preguntarse si lo que inició como una disputa sindical no empieza a mutar hacia una disputa puramente política, y los que actualmente encarnan la conducción del sindicato no están más preocupados por conservar una posición de poder dentro de él que por librar una cruzada en contra de una ordenanza que empieza a lucir como un hecho consumado, ya que en este contexto parece muy poco probable que el Ejecutivo vaya a volver sobre sus pasos.
Por lo demás, cabe preguntarse también los siguiente: si creciera una línea interna peronista dentro del gremio ¿cuáles serían los delegados mejor posicionados para conseguir a sus representados mayores beneficios de la patronal, léase horas extra, prolongaciones de jornada y un largo etcétera?
En resumen, la protesta -hasta ahora- no cuaja, y el futuro próximo no parece vaya a traer un mejor escenario para el sindicato. No hay dinero para repartir, la ordenanza está sancionada, y los servicios que los municipales pueden resentir tienen, de momento, escasa demanda. El receso administrativo sigue vigente para los servicios no esenciales y es probable que el Ejecutivo prolongue largamente esta situación. A fin de cuentas, lo que conviene a la gestión, en este momento, es dilatar una reunión y tenerla con un sindicato desgastado por un conflicto que por ahora no genera mayores problemas a la ciudad.
Sólo un factor podría alterar esta ecuación, y es el temor a un inminente pico de contagios en la ciudad. Algo que tampoco figura en las proyecciones para las próximas semanas.