Dilema: resignar sueldos o fuentes de trabajo

¿Qué comportamiento han tenido los dirigentes gremiales ante las medidas que las patronales han tomado sobre la pandemia? Reducción salarial versus fuentes de trabajo. Una radiografía de lo que pasó en la ciudad sobre la conducta de los gremios ante la pandemia. ¿Fue un bien acuerdo o es claudicar los derechos de los trabajadores?

Por Alejandra Elstein

Para los trabajadores el año 2020 se presentaba cargado de expectativas en relación a las medidas que el Gobierno Nacional, presidido por Alberto Fernández, tomara para el sector. Después de cuatro años de una política con características neoliberales durante la gestión de Mauricio Macri, la alianza Fernández-Fernández consiguió disputar y ganar la conducción del Estado, con el fundamental apoyo de organizaciones gremios, movimientos sociales, etcétera. Era esperable, entonces, que muchas de las políticas impulsadas por el Frente de Todos impacten favorablemente en este sector.

Enero arrancaba con el anuncio de Alberto Fernández y la posterior firma del decreto que oficializaba un incremento del salario para los trabajadores del sector privado, y posteriormente para el sector público, de $ 4.000 a pagarse en dos cuotas de $ 3.000 y $ 1.000 respectivamente, enmarcado en la Ley de Solidaridad. El aumento, en palabras de Claudio Moroni, ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, quedaría “incorporado a cuenta de lo que negocien las convenciones colectivas en las paritarias de 2020″.

La medida recibió la aprobación de la CGT y de los principales centrales de trabajadores. A su vez, los empresarios privados, tibiamente acotaban el decreto, y algunos se atajaban con la posibilidad de no poder pagarlo en el marco de la crisis económica que atraviesa el país, y que se acentuó desde la llegada de la pandemia por el Covid-19 a partir del 20 de marzo. En el marco de la crisis sanitaria de escala planetaria se fueron desarrollando las distintas paritarias entre empleados, empleadores y la mediación del Estado, logrando más o menores acuerdos en los porcentajes.

La pregunta que surge es ¿hasta dónde se estira la cuerda defendiendo los derechos de los trabajadores sin perder puestos de trabajo?

La mayoría de los gremios están dentro de la alianza que integran el Frente de Todos, sabiendo también que los sindicatos están atravesando una crisis de representación, que se arrastra desde que el modo principal de producción y apropiación de las riquezas dominado por el sistema financiero, que desplazó el predominio del capitalismo productivo. Dicho en otras palabras sería lo siguiente: la fuerza de negociación que tenían los gremios en el año 1970 donde predominaban grandes fábricas de mil, tres mil,  cinco mil o más trabajadores, reunidos 8 horas diarias, y donde la empresa más valiosa del mundo era la General Motors, empleando a más de 700.000 personas en todo el mundo; no es la misma que tienen hoy en día, donde el avance de la tecnología reemplazó a la mano de obra humana. Hoy Facebook, siendo una de las empresas más valiosas del planeta, emplea a 70.000 trabajadores en todo el mundo para los más de 2.400 millones de usuarios, y que en su mayoría esos trabajadores no están representados gremialmente. Mucho menos comparten su tiempo de trabajo en una línea de producción 8 horas diarias.

Este nuevo modo en que organizan a los trabajadores para producir riqueza, donde tu empleador es una App móvil, pone en jaque y en desafío, el cómo los gremios se reorganizan para disputar esa riqueza.

¿Cómo es en Rio Cuarto?

Llamó la atención la docilidad con que el sindicato de Empleados de Comercio, uno de los más poderosos vinculados con la actividad privada, aceptara el acuerdo donde sus representados iban a cobrar el 75 por ciento de su salario neto en abril y mayo. Sus dirigentes insistieron en que era para los trabajadores que no tuvieron que realizar ningún tipo de tarea, y no para aquellos que siguieron cumpliendo funciones desde sus casas o realizando ventas en línea. Pero el viejo Armando Cavallieri no iba a quedar sin nada sobre la mesa. Consiguió –en plena pandemia- que el empresario le garantizara las contribuciones a la obra social, Osecac, y el aporte sindical junto a otros pagos como una suma extraordinaria de 100 pesos por afiliado.

En esa misma cláusula del acuerdo figuran los aportes y contribuciones que surgen de dos artículos del convenio colectivo 130/75, que es la cuota sindical del 2% que se descuenta a los trabajadores afiliados, y, además, se menciona “el acta acuerdo del 8 de abril del 2008 homologada por resolución Nro. 600/2008 a favor del INACAP”, que es la contribución a cargo de los empleadores para financiar el Instituto Nacional de Capacitación Profesional y Tecnológica para Empleados de Comercio: por cada trabajador, las empresas aportarán el equivalente al 0,5% del salario inicial de la categoría Maestranza A determinado en el convenio, que actualmente es de unos 35.000 pesos. Por este concepto, el sindicato recaudaría unos 140 millones de pesos adicionales por 60 días. Nada es gratis en esta vida. 

Carranza se rindió

El secretario general del gremio municipal, Walter Carranza, no puso ni las manos cuando desde el Ejecutivo le informaron que no iban a pagar el aumento salarial que se había acordado con el gremio en marzo. No era mucho. La suspensión fue por tiempo indefinido. Ni siquiera se evaluó la posibilidad de que, quienes en la parte más baja de la pirámide, pudiesen cobrar el incremento y dejar para después a quienes tienen cargos superiores. Todos por igual. Nadie cobra nada. El acuerdo salarial firmado en marzo contemplaba un aumento del 20 por ciento para empleados de planta y contratados que se concretaría en tres tramos: uno de 10 por ciento y dos subsiguientes de 5 por ciento, cada uno.

Como reproche sólo se escuchó el rechazo de la comisión directiva de ATE Río Cuarto, al considerar que en el medio de una pandemia y de una crisis económica, el Ejecutivo municipal “parece desconocer la situación de las y los trabajadores municipales, quienes percibimos un salario que se encuentra muy por debajo de la línea de pobreza. Desde ATE, entendemos que la reducción del 5% no va a salvar económicamente al municipio y menos a nuestra ciudad”, explicaron desde la seccional. Señalaron que “el municipio debería apuntar a las empresas y a los bancos, que han sido beneficiados con ganancias exorbitantes en los últimos años” y por eso solicitan que se revea de manera inmediata esta medida.

La carne

Fabio Oviedo es el Secretario General del gremio de la carne que cuenta con 2.200 afiliados. Aunque su sector ha sido golpeado porque en Río Cuarto los frigoríficos trabajan para el consumo interno, y este esta decaído, no ha habido problemas de desocupación con los trabajadores. Salvo, claro está, los despedidos hace unas semanas del frigorífico de Las Higueras. “Nuestro trabajo no se ha reducido ya que es una de las actividades esenciales. Desde el gremio cuidamos que los empleados puedan contar con los elementos para prevención contra el coronavirus”, explicó Oviedo.

Sostuvo que no estuvo de acuerdo con la decisión de la CGT sobre la disminución de los salarios de los trabajadores y que en Río Cuarto el sector de la carne tiene muy pocos trabajadores en negro. No porque la patronal sea muy buena, sino porque su tarea es muy riesgosa y les conviene tenerlos blanqueados y asegurados que en negro. “En lo que si tenemos problemas en que el sueldo que figura que le pagan no es en realidad el que cobra el trabajador”.

El transporte

La crisis del transporte es un misterio donde, desde algunos sectores de la oposición local, se habla de un supuesto pacto entre la empresa, el gremio y el municipio. Nadie hace escándalo ni se queja de que hace un mes el servicio público no funciona. El gremio le echa a la culpa que no pagó la totalidad del sueldo entonces hace paro, la empresa afirma que para que va a pagar la totalidad del sueldo si total el paro va a seguir porque es provincial y nacional y la Municipalidad asegura que el conflicto los excede y se limitó a multar a la empresa por una suma  insignificante teniendo en cuenta lo que gastaría si estuviese funcionando. Pero lo cierto es que el usuario no puede tomar el colectivo y ningún sector de la población, por caso los que representan a los trabajadores, se ha manifestado exigiendo que se tomen cartas en el asunto en serio.

La CGT

Ricardo Magallanes es secretario general de la Unión Obrera Metalúrica en Río Cuarto y de la CGT. Su sector que cuenta con unos 1.500 afiliados en la ciudad y zona viene en caída desde hace cuatro años y la pandemia le terminó poniendo la última zancadilla. Asegura que no le gustó resignar salarios pero que se han visto obligados por las circunstancias ante el temor de la posible liquidación de empresas. “Sabemos que empresa que cierra es muy difícil que vuelva a abrir, así que hay que buscar la forma de conservar los puestos de trabajo”, aseguró Magallanes.

Además, destacó que tras la pandemia se quedaron sin los espacios para hacer los reclamos correspondientes como el Ministerio de Trabajo y tribunales, por lo que debieron arreglarse como pudieron. De todos modos, no se habría realizado una cifra significativa de despidos ya que el decreto presidencial lo prohíbe y el Estado está ayudando a los empresarios a pagar los sueldos.

Magallanes explicó que el descuento del 25 por ciento del sueldo no es tal, en realidad en la letra chica se habla de un 11 a un 14 por ciento según el sector. El gremialista aseguró que la pandemia los sumergió en la disyuntiva de discutir salarios o defender fuentes de trabajo, y por ahora han optado por cuidar los puestos de sus representados.

Los que se animaron a estirar la cuerda fueron  los peluqueros de la ciudad que se plantaron hasta ser escuchados y conseguir que las puertas de su actividad también fuese abierta, siendo un rubro absolutamente imprescindible, y hacen pensar si no fue escasa la resistencia y las propuestas de los dirigentes gremiales cuyos representados se vieron afectados directamente.

No son tiempos fáciles, la concentración de la riqueza en pocas manos se puso en evidencia más que nunca durante la pandemia, donde se puede ver a una aristocracia tecnológica (Amazon, Facebook, Microsoft, Apple, Alphabet) que factura a cifras exorbitantes. El desafío para los gremios en el marco de la nueva revolución tecnológica que marca la digitalización de la economía y la virtualización de la vida, es enorme. Más aún para todos los y las trabajadoras que no encuentran representatividad en estos espacios y buscan nuevos modos de organizarse para luchar contra un enemigo común y poderosísimo.