AFA y Agremiados, conciliación por conveniencia

El gremio aceptó un arreglo de un contrato excepcional por seis meses teniendo en cuenta el contexto de cuarentena en el mundo. Tuvo que ceder para no perder más terreno en las negociaciones después del 30 de junio. Tapia, el ganador de esta pulseada

Por Federico Jelic

La pulseada continúa y muestra vericuetos extraños en su desarrollo. Quienes en un fragmento de la historia solían ser antagónicos, hoy aparecen caminando de la mano, como si el idilio nunca estuviera en riesgo. Seguro que hay intereses supremos que motivaron esta relación por conveniencia, no obstante llama la atención la celeridad del pacto en la calle Viamonte, con dos actores que habían marcado sus diferencias y ahora lucen reconciliados, como aquellos noviazgos de la adolescencia, impulsivos y pasionales.

Y tiene que ver con los futbolistas, quienes en medio de este contexto de pandemia y riesgo de contagio de coronavirus, no tienen demasiados motivos para entusiasmarse con los vencimientos de los contratos el 30 de junio. Menos aún sin fecha prevista ni simulada para el retorno a la actividad. Por eso, hubo un arreglo como si se tratara de una cofradía, donde cada posición juega fuertemente sus cartas. Y en este escenario, los jugadores profesionales son quienes tienen mucho más para perder.

Así, la reunión entre AFA y Futbolistas Argentinos Agremiados fue para acomodar posturas con vista a después de mitad de año. Antes, hubo algunos arañazos entre ambos organismos, con criterios disímiles y fuego cruzado mediático en todo sentido, aunque hubo luz al final del pasillo.

El acuerdo, que lleva la firma tanto del presidente de AFA Claudio Tapia como la del Secretario General de FAA Sergio Marchi, tiene como una de sus misiones principales “posibilitar el mantenimiento de las fuentes de trabajo de un gran número de futbolistas, cuyos contratos tienen como fecha de finalización el 30 de junio de 2020”. ¿Y después de eso? El almanaque no ofrece contemplaciones y más de 2 mil jugadores quedarán en libertad de acción y, por ende, en la calle. Por eso, la tregua parece ser un salvoconducto, un abrojo, en medio de este tironeo. Con algunas licencias o, mejor dicho, excepciones contractuales en procura de que exista un final feliz entre clubes, AFA y jugadores. ¿Servirá de algo esa especie cláusula de salvataje y prórroga? Al menos, tira un poco de calma en mares con tempestades a la vista de manera inminente.

 

Arreglo semestral

En concreto, la disposición que tuvieron en concordancia Tapia y Agremiados establece que “se habilita en forma excepcional la posibilidad de que los clubes de fútbol asociados a AFA y los/las futbolistas celebren contratos de trabajo por un plazo mínimo de seis meses”.

Para ello, los vínculos contractuales deberán suscribirse en el mes de julio de 2020 y tener como fecha de finalización el 31 de diciembre de 2020, como mínimo. Cabe destacar que, de todas maneras, la disposición no es obligatoria y será potestad de los clubes y jugadores acordar las extensiones por el plazo excepcional si así lo desean.

¿A qué viene esto? Es que en AFA los dirigentes no querían saber nada de nada con la chance de volver a entrenar el 25 de mayo, como había anunciado suspicazmente Matías Lammens, Ministro de Turismo y Deportes y ex titular de San Lorenzo. Es que los clubes pretenden dejar pasar el tiempo, que caduquen los contratos y de esa forma, encontrarse en posiciones privilegiadas para renegociar las prórrogas. Y así no arriesgarse a alguna lesión de improviso que obligue la renovación automática. Agremiados había rechazado de plano la alternativa de una reducción salarial de un 20 por ciento en los futuros convenios, así como también la opción de un tope salarial; entonces, Tapia tenía que armar su jugada. Con la ayuda de sus adláteres, encontró la vía legal perfecta e ideal para responderle a las “pérfidas, egoístas y poco solidarias” pretensiones de los futbolistas con relación al delicado ambiente general, con una movida sin oposición, inusual en estos tiempos espinosos.

Entonces, cruzando el hemisferio anual, las condiciones. Agremiados y jugadores en jaque, clubes con mayoría de juveniles y sin erogaciones onerosas al menos por dos años y listo. La salud (económica) es lo primero. AFA lo tenía en claro y por eso mantiene también la postura de regresar a entrenar en junio o julio con la finalidad de que en septiembre comience a rodar la pelota. Con este nuevo acuerdo, ya la situación es otra. Tapia consiguió que Agremiados vaya al pie y ya el panorama es otro, menos incierto y con menos estridencias. Lo que fenece el 30 de junio se puede o no volver a negociar, pero con las instituciones imponiendo sus garantías.

Otro tema: la última disposición del acuerdo habilita también la posibilidad de disputar partidos durante el receso de verano, si es que el desfasaje del torneo es tal que así lo requiera, para finalizar las competiciones que puedan llegar a iniciarse de aquí a fin de año. Es decir, sin vacaciones, dispuestos a ceder el descanso con tal de no quedarse sin cobrar. Resta disputar la Copa Argentina, algo mínimo como para quedarse entretenido, hablando de Primera División. Las categorías de ascenso aún no establecieron la forma de continuidad. Pero mientras tanto en esta batalla con consecuencias pírricas, AFA suma un round a favor por más que busquen maquillarlo con una “conciliación obligatoria”. Restará la batalla con el Gobierno Nacional por el retorno al campeonato, pero esa es otra historia que recién se va gestando.