La salud es más que sobreactuar con barbijos

La crisis del Hospital Italiano pone en cuestión aquella afirmación de lo bien que manejan la situación los responsables de la salud, dejando en evidencia que por detrás hay demasiados intereses.

Por Javier Boher
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salud¿Existirá algún político que no diga que le importan la salud y la educación? Está claro que son las mayores necesidades de los ciudadanos que aspiran a una vida larga y con ascenso social, por eso ni el más liberal de los liberales es capaz de ir en contra de ambas. Ni José Luis Espert, cáustico panelista en programas de la noche, se animó a atacarlas en el debate presidencial (aunque si fuese por él y sus seguidores, el Estado debería correrse de ambas obligaciones).

En estos tiempos de pandemia hemos escuchado muchísimas voces preocupadas por ambas cuestiones. Indudablemente que la salud emerge como principal eje de la discusión. Nuestros políticos ¿han estado a la altura del debate, o se han limitado a pronunciarse sobre cosas que no entienden y que les interesan más en términos electorales que como cimiento de un proyecto de vida?.

No se puede discutir realmente sobre esto, ya que es difícil corroborar si la enunciación de las prioridades tiene que ver más con que pagan bien antes que con un interés genuino en la materia.

Hablando de la salud, la sobreactuación de barbijos y saludo de codo de las fotos institucionales contrasta con la plancha que hicieron hasta que el virus se bajó de un avión en Ezeiza. No hace falta ahondar en las contradicciones del ministro Ginés González García, propias de gente que espera poder dormir en la comodidad del prestigio ganado con los años. Sí se debe, como contraposición, hablar de lo que va más allá de esas contradicciones.

Hace poco se desarmó en elogios al manejo cordobés de la crisis, para pasar en pocos días a cargar las tintas contra la provincia, el Hospital Italiano y sus empleados, como si solamente la negligencia (que es posible que exista) tuviese algo para decir en este entuerto.

Nuestro sistema de salud es altamente ineficiente, con tres sectores que compiten en el mercado: cada ciudadano paga la salud pública con sus impuestos, cada trabajador en blanco aporta a su obra social y algunos privilegiados pagan prepagas que le garantizan (al menos desde la teoría) algunos beneficios adicionales. En un mercado de tanta plata, no van a ser pocos los que quieran quedarse con su tajada.

La disputa entre los sistemas de salud, los prestadores y demás actores incluye luchas por las cápitas de PAMI (la mayor obra social del país), por los médicos más preparados y por las obras sociales que mejor honran sus compromisos. Por esa perversión del sistema, hablar de salud es también hablar de especulaciones y ganancias.

La crisis del Hospital Italiano ha sido ampliamente abordada por los medios, especialmente por algún que otro periodista de gran audiencia que pretende cobrar alguna vieja disputa desde su tribuna diaria.

Tal como afirma el dicho, el árbol algunas veces impide ver el bosque. ¿Por qué motivo decidieron trasladar el foco que estaba aislado en Saldán a la ciudad de Córdoba? ¿Qué temor tenía el intendente de esa localidad, que prefirió la clausura del geriátrico en lugar de contener a los casos dentro del mismo, derivando solamente a los internos sanos?. A pocos parece hacerles ruido una decisión tan desafortunada como esa.

¿Qué pasó que los prestadores de PAMI que debían recibir a los ancianos de su cápita prefirieron excusarse, siendo el Italiano la institución que los recibió solidariamente?¿Qué acciones deben tomar las autoridades con esos centros que decidieron incumplir con sus obligaciones por no estar preparados?. El COE (centro de operaciones de emergencia, franquicia que pretende diluir responsabilidades tras un nombre de fantasía) estimó que el Italiano estaba preparado para recibir a gente más allá de los que formalmente le correspondía. ¿Por qué no decidieron derivarlos al tan promocionado y difundido Polo Sanitario?.

Los reportes indican que hubo solamente un contagio en el ala destinada al Covid-19, y a prima facie la evidencia respalda la tesis de que el brote se desparramó por un ingreso de emergencia de un paciente asintomático. ¿Hay insumos para testear a todos los ingresos?¿Los protocolos obligan a hacerlo más allá de lo que debería ser una buena conducta desde el paciente para con los médicos que lo reciben?.

La situación empujó al cierre del centro de salud, una decisión drástica que agrava la merma de pacientes, que a través de su cobertura médica ayudan a sostener los sueldos del hospital. ¿Cada vez que haya contagiados entre el personal de un hospital se decidirá cerrarlo o acá hay algo que va más allá de eso?¿Por qué se demoró tanto la derivación de pacientes una vez que se tomó la decisión?¿Acaso nadie se anima a recibirlos porque faltan preparación o recursos?.

El desamparo de algunos de los viejos que habían sido dados de alta pero que no eran retirados por familiares ni recibidos por otros geriátricos es un drama que no retratan algunos de los que curiosamente pretenden poner el foco en la irreparable pérdida de algún familiar querido que contribuye a la polémica.

Finalmente, decisiones como la de cerrar el nosocomio demuestran que nadie quiere pagar el costo político de agarrar el toro por las astas y plantarle frente a la realidad de que el sistema de salud es mucho más frágil de lo que pensamos. La cuarentena y el encierro parecen ser la única garantía para mantener chata la curva, un poco por falta de preparación de médicos y hospitales y otro poco por la inconducta ciudadana. Es desolador darse cuenta de que no se puede confiar en la responsabilidad de los dirigentes y de la sociedad que se integra, a la que se le ha celebrado durante muchísimo tiempo su aversión por las normas.

Hoy ponemos en discusión mucho más que cómo van a hacer frente la salud y la educación a la pandemia, sino la capacidad de la clase dirigente para poner objetivos a largo plazo que sirvan para sostener los sueños de progreso de los ciudadanos que solventan los gastos de dichas áreas. Para pensar el futuro hoy se necesita de barbijos y alcohol en gel, pero esos no son más que disfraces si no se trabaja con responsabilidad, compromiso y -fundamentalmente- honestidad para reconocer errores que permitan evitar que se repitan.