Con recortes sin promulgar, Suoem espera llamado de Llaryora

La ordenanza que reduce la jornada laboral de los empleados municipales de manera temporal aun no fue reglamentada por el Ejecutivo. El gremio espera la convocatoria prometida por el intendente Martín Llaryora para dialogar y contener el activismo sindical en tiempos de aislamiento y prohibiciones sanitarias.

Por Yanina Passero
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El estado de conflicto en la Municipalidad de Córdoba ya se respira. El Suoem respondió gremial y políticamente a la decisión del intendente Martín Llaryora de reducir el salario de los empleados públicos con la quita de una hora de su jornada laboral, entre otras disposiciones aprobadas en la sesión virtual del Concejo Deliberante, el viernes pasado.

Pese a las restricciones a los derechos sindicales que impuso la pandemia de coronavirus, en las redes sociales de los delegados del sindicato se subieron testimonios audiovisuales de una normalidad gremial desaconsejada por los sanitaristas y prohibida por el presidente de la Nación, Alberto Fernández. Por “normalidad” debe entenderse ruidosas reuniones de delegados y trabajadores alineados en los rubros esenciales, algunos destrozos del mobiliario público (como ocurrió ayer en la dependencia de los inspectores de tránsito, popularmente conocida como la “zorrera”) y la correspondiente retención de servicios. Fue tal el descalabro que el día cerró con la renuncia de su director.

El Suoem está visiblemente afectado por la avanzada del intendente Martín Llaryora en el marco de la emergencia económica y sanitaria. Sus referentes no desconocen que son tiempos totalmente excepcionales para plantear estrategias clásicas de resistencia sectorial. Primero, por la eficiencia que ha mostrado la Justicia cordobesa en detener e imputar a los activistas gremiales que incumplieron con la prohibición de participar de reuniones o movilizaciones que atenten contra el aislamiento personal obligatorio. Y, en segundo lugar, por la imposibilidad de establecer ese círculo vicioso en el que termina sucumbiendo hasta el intendente más aguerrido. Esto es, si el vecino no necesita del empleado público en su puesto ergo no se produce la presión social contra las autoridades que, atendiendo el fastidio y el impacto en su capital político, terminan borrando con el codo lo que escribieron con la mano.

Este escenario imprevisible quizás explique la necesidad del gremio encabezado por Beatriz Biolatto y Daniel Fernández, tutelados por Rubén Daniele, de buscar apoyo político en diputados del Frente de Todos. Una apuesta llamativa desde lo mediático pero que dudosamente logre torcer la decisión de un intendente que tiene el apoyo del gobernador Juan Schiaretti, el mismo que hoy ostenta inmejorables relaciones con el presidente Alberto Fernández.

Si bien el conflicto en las reparticiones ya es innegable, el Suoem y el Ejecutivo están dispuestos a apelar al diálogo. Llaryora no puede tensar al extremo la cuerda con el sindicato porque pasada la pandemia deberá mostrar gestión, aunque ya intenta hacerlo. El gremio sabe que la recaudación cae y que no podrá sostener los trompicones cuando sencillamente no hay plata para nadie. Uno y otros deberán caminar por la delgada línea de los acuerdos de crisis.

El primer gesto en este sentido lo ofrece la disposición del Ministerio de Trabajo de la Provincia a mediar entre las partes y evitar el caos total. El arbitraje supone una negociación, ambos tendrán que ceder algo. Pero la segunda señal es concreta: la cúpula sindical espera desde el martes a la tarde la convocatoria prometida por Llaryora para dialogar. Fuentes municipales aseguraron que antes de que finalice la semana se producirá.

El interés en lograr algún punto de encuentro (sin tocar el grueso de la ordenanza aprobada que significará un descuento del 10 % en los haberes de los municipales) se confirma en un hecho inapelable: el Ejecutivo aún no promulgó la ordenanza de la polémica.

El Suoem se aferra a esta realidad para logar abrir esa mesa de negociación que el jefe del Palacio 6 de Julio también desea, según dejó trascender a la conducción. Al fin y al cabo, Llaryora dilató lo que más pudo el recorte a los municipales y sólo se circunscribió a las prolongaciones de jornada y horas extra, con total razonabilidad pese a los pataleos de los referentes de los municipales.