Llaryora ya piensa en segunda fase del ajuste: basura

El ESOP ya logró el 15 % de la reducción de su gasto operativo con los recortes en la prolongación de jornada, horas extra y aplicación del incremento salarial no remunerativo. El Ejecutivo analiza la posibilidad de modificar de servicios en las concesionarias priva- das para buscar un ahorro mensual aproximado de $35 millones.

Por Yanina Passero
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El intendente de Córdoba, Martín Llaryora, como sus pares de todo el país, atraviesa serias dificultades económicas para cubrir gastos corrientes que crecieron sin imaginar un presente griego como el que traza la pandemia de coronavirus. El titular del Palacio 6 de Julio no tuvo más remedio que admitir que no sabe cómo pagará los sueldos de mayo a los municipales, en el marco de una caída drástica de la recaudación y la comprobada incapacidad de su promotor, Juan Schiaretti, para asistirlo.
Un peso que el peronista suelte para aliviar a su referente de Hacemos por Córdoba en la ciudad generará un efecto cascada previsible. ¿Cuánto tardarán los intendentes del interior en denunciar discriminación? La respuesta se infiere sin dificultad. Incluso, fortalecerá a los gremios vinculados al Panal que resisten cualquier tipo de recorte salarial de sus representados. La lógica que aplican es la siguiente: “si hay recursos para ayudar a los vecinos, mejor que se utilicen con los nuestros”.
Es altamente probable que Llaryora no haya querido abrir fuego contra el Suoem con los recortes de los extra salariales y la reducción de una hora de la jornada laboral que el peronismo aprobó en soledad el pasado viernes. De hecho, desde el 10 de diciembre mostró voluntad negociadora, entre otras opciones, cuando quiso cancelar contratos o impuso algunos recortes de horas extra y retrocedió.
El presente agobia y empujó al peronista a mostrar la valentía de los desesperados. Habrá que ver si se instrumenta la ordenanza, en qué términos y si el Ejecutivo está dispuesto a resistir la afrenta sindical para achicar el gasto salarial que representaba un 65 %, cifra que se potencia con la caída de los ingresos propios.
Mientras se define la suerte en ese frente, el municipio ya puso la lupa en la segunda cuenta municipal: las erogaciones en concepto de Higiene Urbana, que ronda poco más del 15 % del Presupuesto anual. En el ESOP, a cargo del barrido manual de calles y mantenimiento de espacios públicos, se logró una reducción del gasto operativo de 15 puntos, según confirmaron fuentes oficiales.
El recorte se logró con la reducción de la prolongación de jornada horas extra y aplicación del incremento salarial no remunerativo. Además, cabe recordar que aún no se negoció la paritaria 2020.
Fuentes empresariales reconocieron a Alfil que el municipio les planteó la “intención” de modificar servicios para producir un ahorro, aunque no han avanzado en esas definiciones por el momento. Cabe recordar que el poder concedente tiene la potestad de realizar una reducción del 15 % en los términos del contrato, según se desprende de los pliegos. De concretarse, Llaryora podría aliviar la carga en unos $35 millones mensuales, aproximadamente.
Una avanzada en este frente supone abrir una puerta de conflicto con el Surrbac porque una restructuración del servicio podría impactar en el ingreso de sus afiliados. El antecedente en el ESOP es auspicioso y se logró sin resistencia gremial. A diferencia del Suoem, cuya debilidad surgiría sólo de las prohibiciones que rigen por la emergencia sanitaria, el sindicato de los recolectores atraviesa un momento de raquitismo e incertidumbre desde el procesamiento penal de sus líderes, Mauricio Saillen y Pascual Catrambone, por asociación ilícita, usura, entre otros cargos.
Otro factor de oportunidad que se suma en tiempos de vacas flacas.