La cuarentena se flexibiliza pero no se rompe

La medida dio paso a múltiples interpretaciones. Los comercios abrieron sus puertas y el movimiento comenzó a normalizarse. A pesar de ello, se advierte en las calles el incumplimiento de las medidas de cuidado, allí donde los controles no están llegando a tiempo.

Por Gabriel Marclé

El anuncio del presidente Alberto Fernández el pasado viernes se convirtió para muchos en un cuadro de libre interpretación, como esa pintura ambigua: “El Jarrón”, de Edgar Rubin. Claro está que el experimento iniciado por el psicólogo danés marcó un quiebre en la forma de analizar las interpretaciones del ser humano, cómo ciertos impulsos pueden generar respuestas ambiguas e incluso generar nuevas perspectivas.

La reacción a las nuevas medidas de flexibilización de la cuarentena, y en medio de un escenario más que particular, fue la de la sociedad interactuando de diversas maneras frente a un mismo mensaje. El “quédate en casa” que se pregona desde el comienzo de la cuarentena hoy se va transformando en algo más dócil. A no confundir: lo flexible de esta cuarentena aplica a dar más posibilidades de moverse dentro de ella, pero sigue allí y el cumplimiento de la medida es fundamental para comprender lo que pueda pasar a partir de hoy. La cuarentena se dobla, pero no se rompe.

El comercio volvió a la actividad, cientos de locales abiertos y vecinos que salieron del encierro para comprar tras casi dos meses de parate. Se cumplieron los 28 días sin nuevos casos, condición necesaria para que esto pasara, pero es innegable que la presión propuesta por los sectores del comercio fue fundamental para que este anuncio se realizara incluso antes de la conferencia de prensa del presidente. Lo prioritario para el Gobierno fue que la actividad volviera cumpliendo con las medidas de cuidado, el distanciamiento y el uso de barbijo. Pero lo que hace este anuncio es formalizar comportamientos que ya se observaban desde hace algunos días.

Llamativo fue lo que aconteció el 1º de mayo, en el día del trabajador, cuando un conocido local de ropa convocó a sus trabajadores para que cumplieran con una jornada laboral como cualquier otra. “Cuando pasaba alguien por la calle, la dueña los invitaba a ingresar para que vieran el stock y compraran”, reveló a Alfil una fuente del sector de los empleados de comercio. Primero, trabajar en un feriado dedicado justamente a los trabajadores. Segundo, abrir el local cuando está prohibido hacerlo. ¿Los multaron? ¿Les cayó la policía? Para nada, todo sigue igual. “A algunos empleados no les pagaron el mes de abril y eso que la empresa recibe la ayuda del Anses que paga una parte del sueldo”, indicó la misma fuente.

Otros comercios del reconocido Boulevard Roca atendían a los interesados en comprar, pero mantenían las puertas cerradas para evitar ser descubiertos por los agentes de control. Una vez más: era cuarentena, pero no tan cuarentena. Podrán decir que la necesidad de vender y subsistir en medio de una crisis inusitada los obligó a incurrir en el incumplimiento, también que “ilegal es robar, nosotros estamos trabajando”, como expresó enardecido un reconocido empresario local. Pero incluso antes del permiso para abrir, los referentes del sector manifestaban por lo bajo que los protocolos de cuidado no sirven, que solo es necesario cuidarse con alcohol en gel y evitar a las personas que presenten síntomas. Para muchos, la peligrosidad del covid en Río Cuarto es nula y por eso entienden que rápidamente debe volverse a la normalidad. Lo dicen en cada oportunidad que tienen, pero no públicamente porque podría ser malinterpretado. Cabe preguntarse si el hecho de no usar barbijos en los comercios, como revelaron trabajadores de comercio consultados, se debe a un descuido o a la falta de firmeza en el cumplimiento de una norma activa. Ni el susto de las importantes multas logró que la sociedad se comprometa al máximo con la simple acción de usar un barbijo.

Es entonces que parece propicio analizar la efectividad de los controles impuestos por la Municipalidad de Río Cuarto. La fuerte presencia en los puntos limítrofes de la ciudad, rutas y zonas de ingreso al espacio urbano, se contrasta con una menor eficiencia en los operativos dentro de la ciudad. Durante la sesión del Concejo Deliberante realizada el pasado domingo, algunos ediles manifestaron la necesidad de endurecer los controles para que la sociedad acate las limitaciones que se imponen para el cuidado de los otros.

Desde el bloque oficialista expresaron que se están tomando todas las medidas de control necesarias y que el Municipio “está realizando un gran trabajo” en ese sentido. Sin embargo, la fuerza de los operativos encabezados por el Edecom ha disminuido con el tiempo. “La verdad es que no podemos estar en todos lados al mismo tiempo y depende mucho de la gente el advertir y cumplir con las normas”, respondieron desde el Municipio a los cuestionamientos.

La imagen que devuelve la realidad es confusa, porque por un lado se habla de controlar duramente y por el otro se observa que muchos siguen incumpliendo las medidas de cuidado. Lo más común es que los vecinos respondan con un “a mí no me pueden decir nada porque todo el mundo incumple y nadie los multa”, tal como comentaba una vecina en la fila del supermercado. Si acciones como la de declarar obligatorio el barbijo hubieran llegado antes, la reacción del vecino hubiera sido diferente.

Quedan muchas dudas respecto a si el comportamiento responsable ya está metido en la cotidianeidad de todos como para que no produzca un efecto adverso, como la aparición de nuevos casos. Hoy se podría hablar de la “nueva cuarentena”, una que está a la vista y se confirma recorriendo nada más que dos o tres cuadras, o pasando cerca de cualquier plaza céntrica. El paseo de perros pasó a ser paseo de niños. La salida a tomar aire tiene cada vez más recorrido, pero aún no está regulada ni permitida. El uso de barbijo fue una sugerencia más que una obligación, con supermercados en los que una gran parte de la clientela opta por no usar el tapabocas. El Gobierno Nacional sugirió a las provincias flexibilizar los paseos a 500 metros de sus casas y por una hora, pero ya circulan los planes de mateadas a través de los grupos de Whatsapp. Una vez más, libre interpretación.

Parece que los límites siempre se pueden estirar un poco más y quienes tienen el poder resultan avasallados por el comportamiento de la población. El fracaso frente a esta pandemia no ocurrirá por habilitar salidas de esparcimiento o abrir los comercios, sino por la falta de compromiso con el cuidado del otro, con medidas que causaron efectos positivos y que deberán continuar con un mejor seguimiento por parte del Estado. De lo contrario, nos espera la suerte de países que no pueden disminuir el riesgo del virus tras haber flexibilizado las actividades. Una misma imagen, con visiones tan ambiguas como coexistentes. Puede que el cumplimiento de la cuarentena sea una total mentira. Al mismo tiempo, el virus y sus consecuencias siguen siendo completamente reales.