Riutort: no soy de aquí ni soy de allá

El debate virtual del jueves del Concejo Deliberante fue un momento de deslucimiento casi perfecto para la oposición, pero la abstención de la concejal Olga Riutort se merece el recuadro. La sanjuanina se abstuvo, es decir se declaró neutral en el histórico pleito entre el gobierno municipal y el Suoem.

Quien ha sido la dirigente que más ha compulsado electoralmente por llegar al Palacio 6 de Julio, declinó tener un posicionamiento nítido en el añejo litigio entre el gremio y el poder político en la ciudad, que ha signado el rumbo sostenidamente decadente de Córdoba a lo largo de dos décadas.

“La Olga”, como la nombra el sistema político, podría corear con Facundo Cabral “no soy de aquí, ni soy de allá”. Nadie puede poner en sospecha su ciudadanía de adopción ni su pasión sobre los asuntos públicos de la ciudad, pero cómo puede articular una explicación razonable entre esta insospechada disposición y declararse neutral sobre tamaño asunto.

La tentación de buscar alguna “coherencia” nos lleva a suponer, quizás, que a Riutort le interesó siempre el poder pero no el método (camino) para encontrarlo. Apelamos, entonces, al poder tutelar que tuvo sobre el gobierno de la ciudad entre diciembre de 1999 y enero de 2002, cuando ejercía de intendente Germán Kammerath. En esos dos años fue la virtual viceintendente de la ciudad y cogarante del acuerdo entre José Manuel de la Sota, a la sazón esposa del gobernador y secretaria General de la Gobernación.

Inmediatamente después apadrinó a través de Adán Fernández Limia, el viceintendente formal, el proceso de revocatoria de mandato de Kammerath que por poco resultó fallido. Todo el proceso, claro, bajo el paraguas de la ruptura unilateral del acuerdo electoral entre el peronismo y la ya extinta Ucedé, suscripto al pie por Carlos Menem en la agonía de su década en el poder nacional.

En este desaguisado utilizó como instrumento de recolección de firmas para dar curso a la revocatoria al sindicato municipal. El Suoem con Rubén Daniele a la cabeza, llegó a juntar las casi diez mil firmas necesarias, pero luego no prosperó en el juzgado electoral de Marta Vidal y tampoco en la Corte Suprema, por aquellos años con la “mayoría automática” de Menem.

Extraño ensamble aquel, aunque menos exótico que el acuerdo electoral de 2015, para integrar en el segundo lugar de la fórmula con su archi enemigo Luis Juez. Este acuerdo “contra natura” fue propiamente un desparpajo y así les fue: obtuvieron en esos comicios el 16% de los votos entre los dos, cuando ambos medían separados en las encuestas bastante más que ese porcentaje

Desde entonces, todo ha sido declinante para Riutort. Con lo del viernes posiblemente haya descendido el último peldaño la estrella de la otrora primera dama.