Nos gobiernan las ciencias (ocultas)

Aunque fundamenten en la ciencia, actúan desde su negación, buscando argumentos que respalde sus creencias, en lugar de buscar datos que sirvan para retirarlas.

Por Javier Boher
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Qué semana, amigo lector. Somos unos desagradecidos: todo este tiempo viviendo mejor que suecos y alemanes y quejándonos por la cuarentena. No puedo entender cómo nos pasamos por alto este elevado estándar de vida que deja a esos países europeos como el salvajismo subdesarrollado que son. No sabemos apreciar algo bueno cuando lo tenemos adelante.

Le soy sincero: pensé que lo de menos pobres que Alemania no iba a volver nunca, pero ahora resulta que estamos mejor que los vikingos suecos, un pueblo con pasado imperial, respetuoso de la ley y las instituciones, criados entre las piedras y el frío extremo. Acá hay gente que todavía cree que el vino con sandía hace mal y que el Gauchito Gil lo va a castigar si no le toca bocina cuando pasa con el auto al lado de uno de esos puestos con tantos trapos rojos que parece un banderazo de hinchas de independiente.

No nos vamos a poner acá a desarmar como funcionan uno y otro país, pero le diría que esto es como cuando las familias de la aristocracia porteña hacían de Buenos Aires la París de Sudamérica. La inteligentsia progre del puerto tiene a los países nórdicos como modelo y copia políticas por arriba, como si la cosa fuese tan fácil como hacer un Ctrl+C / Ctrl+V de wikipedia. No tiene nada de malo intentar hacer lo mismo, pero creer que eso puede andar en un país en el que “No vamo’ a trabajar” se convirtió en un himno de los asalariados es de una ingenuidad abrumadora. Salvo que lo pidan para sus 50km desde el puerto.

Otros modelos

Es simpático, porque en esos países funcionan cosas que acá son un relato mitológico, como el mercado. Todos elogian al Estado presente de esos lugares, pero se olvidan que lo pagan las empresas (como IKEA, Saab o Lego) que operan en el mercado y pagan impuestos. Tal vez por eso prefieren orientarse con políticas económicas, sociales y sanitarias de países muy exitosos, como Cuba, que la semana pasada aprobó un tratamiento preventivo para coronabicho basado en HOMEOPATÍA.

La pucha, amigo, ¡quién pudiera defender eso de que la gente tiene menos posibilidad de enfermarse porque le dan algo con la misma composición química que un juguito minyo!.

Es impresionante, porque es imposible discutirles a los que creen en todos esos relatos. Te dicen que la medicina cubana es un éxito, pero cuando les sacás en la cara que quieren prevenir la pandemia con algo tan efectivo como el té invisible que los nenes toman con sus muñecos, ahí nomás te hablan del bloqueo, el neoliberalismo y todas esas cosas. Son más negadores que el cornudo enamorado.

Igual, los dos sabemos que no se podía esperar mucho de gente que relató el vuelo de Aerolíneas para buscar insumos en China como si fuese la heroica travesía de Amundsen para llegar al polo sur.

Al final eso fue como todo lo que hace el kirchnerismo, propaganda: se trajo la mitad de la carga posible porque venía entre los asientos, muchas cosas no hacía falta comprarlas allá y otras salieron falladas, como ya había quedado claro en lo que habían recibido otros países. Maestro, ya que nos mandaron ese bicho mortal, mínimo hubiesen tratado que los camisolines sean mejores que las bolsas de consorcio improvisadas como piloto.

Sin embargo, lo que todos sospechábamos fue confirmado por CONICET: los test rápidos que trajeron son tan efectivos como la prueba esa con el cuchillo y la tijera que les hacen a las embarazadas para saber si la criatura va a nacer varón o nena. Tanto fomentar el consumo terminaron arrebatándose para comprar, como la gorda del banco.

Gobierno de científicos

Hay que agradecer que esos mismos muchachos del CONICET hicieron un test rápido que ya está aprobado para usar. Estamos en deuda con nuestro excelentísimo líder por encabezar un gobierno de científicos que nos cuidan y llenan de orgullo. Ahora, si sos empresario de respiradores no hay que agradecerte nada, sino que hay que sacarte la producción e insultarte por especular con la salud de la gente. Después toca una de Spinetta y nos olvidamos todo.

Ya me la veo venir, amigo lector. Acá es cuando aparecen los comentarios de “Micri istibi in cintri di li ciincii” (con el meme del chinito) para decirme que hay que sentir orgullo de la ciencia argentina que le sacó la máscara a esos chantas. Vamos muchachos, que la ciencia es más que una sigla. Es, por ejemplo, no caer ni promover el telar de la abundancia, ni seguir la prédica del Papa, ni apropiarse de la práctica científica como nicho para hacer política.

Además, orgullo me da el Ceprocor, que se largó a encontrarle otro uso al ibuprofeno. A esta altura solo falta probarlo como suplemento dietario, como masilla para que no pierda el inodoro o como sustituto de la pólvora para rellenar cartuchos y salir a cazar perdices. Y Made in Córdoba. En tu cara, amigo del puerto.

Ya vamos a ir cerrando, amigo lector. Sólo le pido que recuerde lo que puse en estas páginas la semana pasada: cualquiera que apure al presi le termina sacando algo. Así, todos pasamos de fase pero el AMBA sigue en la fase tres. Todos tienen lo que querían.

Cómo será la falta de criterio, que el croata chaqueño, Coqui Capitanich, habilitó la vuelta de las misas, en el tercer distrito con más casos y una tasa de contagio más alta que la de CABA y el conurbano. Y después se golpean el pecho con la ciencia, adoradores de las ciencias ocultas.

A esta altura no me quedan dudas: están enamorados de la cuarentena y no ven la que se les va a venir más adelante. Están tan enceguecidos que los miliantes te amenazan con que si rompés la cuarentena y te contagiás no deberías tener atención médica, el mismo argumento que usan los del otro lado respecto al aborto. De eso a negarte la ayuda porque votaste a otro hay un paso muy corto. Y eso en Suecia no pasa. Tenga buena semana.