Hacemos por Córdoba y el Frente de Todos deshojan la margarita

Por Bettina Marengo

Tarde o temprano el Covid 19 bajará su nivel de protagonismo público por extinción o por cronificación, y la política retomará viejas tensiones. Eso sí, en nuevos escenarios. Este miércoles se cumplirá un año del debut electoral de la coalición Hacemos por Córdoba, con el triunfo que le dio el tercer mandato (segundo consecutivo) a Juan Schiaretti. Hacemos por Córdoba nació para respetar el statu quo de la idiosincrasia cordobesa (ya sea espontánea o construida): deskirchnerizada y cordobesista. Sumó socios del llamado espacio “progre” nacional y dirigentes cercanos al entonces presidente Mauricio Macri, como el ahora jefe de la Agencia Turismo, Esteban Avilés.

A la luz de los actuales realineamientos políticos del gobierno provincial, hoy parece una construcción de un lustro o una década atrás. Pero el gobierno provincial y la imagen personal del gobernador siguen midiendo muy bien en las encuestas: en El Panal hablan del 57% positiva en ambos casos, lo que para un oficialismo con 20 años de antigüedad es un lujo. Pero en la emergencia sanitaria también le está yendo muy bien a Alberto Fernández en Córdoba, con aprobación superior al 60%, a seis meses del 30% de las elecciones de octubre.

Alberto quiere “frentetodismo”: ni albertismo, ni cristinismo, ni kirchnerismo, ni siquiera peronismo. Lo ha dicho en varias entrevistas periodísticas y lo reafirman los dirigentes que integran algunas de la patas del oficialismo nacional. El presidente no aclaró (va de suyo que no lo hará él y además es prematuro) si habla de una homogenización política de los aliados al gobierno nacional o también de la herramienta político-electoral. Si hay algo que los peronistas han identificado siempre es la diferencia entre movimiento y herramienta.

“Hoy estamos siendo uno en los hechos. El tiempo dirá”, aclaran en el schiarettismo”. Hoy, en lenguaje de dirigente, quiere decir en el medio de la pandemia y de la crisis de deuda, donde la suerte de Córdoba está atada a la negociación con los bonistas que lleva adelante el equipo del ministro Martín Guzmán.

Es cierto que las relaciones transitan una etapa brillante y la coordinación institucional y parlamentaria Provincia-Nación que no tiene antecedentes. Córdoba no podría hacer algo distinto a Horacio Rodríguez Larreta, el alcalde porteño que, siendo del PRO, comparte mesa y micrófono con el presidente, en mutuo beneficio. Pero también es cierto que la amalgama no es la sintonía política ni la misma mirada sobre el país, sino la crisis y la magia del apoyo de las encuestas y de la mirada internacional sobre la conducción de AF en la pandemia.

Para los dirigentes de Hacemos por Córdoba que hablaron con este diario, es poco probable que la coalición sea “devorada” por el Frente de Todos en 2021, en una elección distrital. “En Córdoba los votos van a seguir siendo de Schiaretti y de la oposición a Schiaretti, aunque todo va a depender de como salga de esto Alberto Fernández, en lo sanitario y en lo económico”, comentó uno. “Hacemos por Córdoba tiene mucho componente antiperonista, incluso podrían sumarse sectores macristas y radicales no mestristas para crear una expresión más amplia de cordobesismo que no podría ser Frente de Todos”, resumió otro. “Si hay una posibilidad, es que Hacemos por Córdoba incluya al Frente de Todos y o al revés”, se juega.

Sin embargo, todos acuerdan que, salvo un cambio fuerte de variables, el proceso se encamina a una lista única legislativa que refleje un acuerdo con la Casa Rosada. Por dar nombres, se habla de Alejandra Vigo y de Carlos Caserio como senadores y de una nómina mixta de diputados entre schiarettistas, albertistas y cristinistas.

En el gobierno nacional empiezan a ver (o quieren ver) a Hacemos por Córdoba como una expresión provincial del peronismo que a nivel nacional es el Frente de Todos. Con un acuerdo tácito de respeto y mutua inclusión que opere para garantizar necesidades políticas del peronismo en el Congreso y en la sucesión de Córdoba. Es decir, ni todo ni nada. Eso es parte de lo que quedó pendiente en la interna del peronismo provincial cuando el Covid 19 paralizó la actividad política-partidaria.

El juego de la sintonía pondría en una encrucijada a sectores K muy refractarios al PJ y a Hacemos por Córdoba que integran el Frente de Todos y son históricos del espacio.

Y desde el lado del oficialismo provincial, lo obligaría a dar explicaciones a su electorado antikirchnerista y habituado a la mirada desde Córdoba, sin enclave en un proyecto político nacional. Salvo que los números del presidente en Córdoba, que hoy sorprenden a schiarettistas paladar negro, se mantengan como están en los próximos meses, y Alberto Fernández pueda decir de los cordobeses, como el Néstor Kirchner de 2010 tras los actos del bicentenario en la ciudad de Buenos Aires: los quebramos.